Vuelos de Frida

1939 es un año singular en la vida de la pintora: expone en Nueva York y en París donde la aclaman Kandinsky, Miró, Duchamp, Tanguy y el Louvre adquiere uno de sus autorretratos.

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Ahora que Pablo Picasso y Diego Rivera dialogan en una espléndida exposición del Palacio de Bellas Artes, rescato de una carta del pintor malagueño una línea que no dedicó a otro artista y que no tiene desperdicio: “ninguno de nosotros –le escribe a Diego–, es capaz de pintar una cara como lo hace Frida Kahlo”. Elogio superlativo si sabemos como cualquiera que Frida pintó sobre todo rostros,  el suyo.

Traigo esa línea a cuento porque a 110 años de su nacimiento el Museo Dolores Olmedo prepara una exposición con sus autorretratos.

Pero Picasso no fue el único entusiasta con la pintura de Frida. André Breton escribe en el catálogo de la exposición neoyorquina de Frida de 1939 en la Galería Levy, que no encontraba pintura más exclusivamente femenina que la de ella, aunque pareciera oscilar entre la pureza absoluta y la brutalidad: “es como un listón alrededor de una bomba”. Naturalmente el propio Diego vio, como Picasso y Breton, la genialidad de la artista: “Frida empezó a trabajar en una serie de obras maestras sin precedente en la historia del arte: pinturas que enaltecían las características femeninas de resistencia, honradez, autenticidad, crueldad y sufrimiento. Nunca antes había una mujer plasmado en el lienzo semejante angustiosa poesía como lo hizo Frida”.

1939 es un año singular en la vida de la pintora: expone en Nueva York y en París donde la aclaman Kandinsky, Miró, Duchamp, Tanguy y el Louvre adquiere uno de sus autorretratos. Sus iguales la reconocen pero la vida intelectual neoyorquina la electriza, le da “asco” porque los personajes del mundo cultural “envenenan el aire con teorías y más teorías que nunca se vuelven realidad”.

Por si fuera poco Breton le comenta que a decir de un socio de la galería en la que montarán su exposición solo se exhibirán dos de sus cuadros porque los otros podrían resultar demasiado escandalosos.

A Frida por lo demás le dan náusea los surrealistas. Solo acepta a Marcel Duchamp. Por eso apenas terminada la exposición literalmente huye de París, desea abandonar cuanto antes esa “ciudad corrompida”.

Los surrealistas pretenden ubicarla como parte de su movimiento pero Frida se niega. Ella no pinta sus sueños sino su dolorosa realidad. No imagina: ve para que el juego de la mirada y los símbolos que siempre inserta en sus cuadros conjuren momentáneamente su dolor.

Frida Kahlo tituló “Viva la vida” a uno de sus últimos cuadros… a 110 años de su nacimiento la venadita flechada, la flor de acero, sigue viva, continúa volando.

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