Venezuela, ¿cómo ayudarlos?

El gobierno de México se ha sumado a las críticas contra el gobierno de Maduro y los funcionarios venezolanos no han dejado de repetir que nuestras autoridades no son mas que títeres del imperio.

- Publicidad -

El día de ayer, domingo 30 de julio del 2017, será sin duda recordado en los anales de la historia de la democracia en América Latina. La fecha en que se haya concretado un golpe mortal a la vida política institucional de una nación hermana, a cuyos habitantes les ha tocado sufrir mucho en las pasadas décadas, o acaso la jornada en que un pueblo resuelto haya logrado detener lo que de facto supone un intento de golpe de estado y el paso abierto hacia una dictadura, procurados por quienes hoy ostentan el control absoluto del poder público.

Nicolás Maduro ha resultado ser más astuto y maquiavélico que el mismo Hugo Chávez, su mentor y artífice del actual régimen y quien lo precediera en el cargo de Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, país al que Chávez le cambió hasta el nombre oficial y cuyo cargo seguiría seguramente ocupando hasta esta fecha si una enfermedad mortal no lo hubiera sorprendido y acabado con su vida.

A la exigencia opositora de un referéndum revocatorio y de la celebración de elecciones libres y transparentes, Maduro respondió con golpes cada vez más bajos.

No sólo encarceló injustamente a los principales líderes opositores, sino que también desconoció la legitimidad de la Asamblea Nacional Legislativa, por haber quedado integrada en la última elección por personajes de partidos y visiones políticas distintas de la suya.

Pero sin duda, el mayor acto de cinismo ha sido el de pretender reinventar al país a través de una elección evidentemente manipulada de un poder nacional constituyente que a su vez redacte una nueva Constitución acorde a los caprichos e intereses de Maduro y de su camarilla.

Desde el anuncio del intento por cambiar el régimen político de Venezuela por medio de una Constitución a modo, las manifestaciones de protesta no han cesado en todo el país, y los muertos por la opresión policiaca y militar de los órganos dependientes del gobierno se suman por decenas y su número crece día con día.

La comunidad internacional no ha dejado de condenar en forma mayoritaria el intento de Maduro de pretender perpetuarse en el poder mediante esta nueva maniobra y tanto la OEA como la Unión Europea han señalado que el ejercicio constituye un intento por socavar definitivamente las raíces democráticas del sistema político venezolano, ya de por si maltrecho.

Estados Unidos por su parte ha anunciado sanciones económicas sin precedente contra Venezuela y en los últimos días, funcionarios del régimen de Trump han dicho que no se descarta un embargo petrolero contra el que históricamente ha sido el principal productor y exportador de hidrocarburos del continente.

El gobierno de México se ha sumado a las críticas contra el gobierno de Maduro y los funcionarios venezolanos no han dejado de repetir que nuestras autoridades no son mas que títeres del imperio.

Para nuestra pena, la torpeza con que nuestra cancillería se ha conducido en días recientes, pareciera darle la razón a Maduro, pues los anuncios del gobierno mexicano en torno a sanciones emanadas del gobierno de Washington y secundadas por el nuestro sin mayor explicación, violan flagrantemente los principios históricos de respeto a la libre autodeterminación de los pueblos y a la no intervención en asuntos internos que solamente compete a cada nación resolver por sí misma.

La no injerencia en los asuntos de otros países, ha sido la principal carta de presentación de la política exterior mexicana durante casi un siglo y le ha valido el respeto de la comunidad internacional.

Si bien es válido y totalmente legítimo que como sociedad y en lo particular podamos expresar libremente nuestra preocupación por el respeto a los derechos humanos y políticos de ciudadanos de otras naciones, manifestarlo oficialmente como una política de estado, nos pone en clara desventaja frente a quienes nos acusan con razón de “señalar la paja el en ojo ajeno y no reconocer la viga en el propio”.

Es verdad que la situación en Venezuela es angustiosa. De diversas fuente dignas de fe, llegan cada vez más mensajes de desesperación. El país, si bien rico en recursos naturales, tiene graves problemas económicos, una de las inflaciones más elevadas del mundo, falta de abasto de medicamentos y de insumos básicos para la población en general, inseguridad y violencia desatadas, altos índices de corrupción e impunidad, así como debilidad institucional cuando no ausencia total de autoridades confiables que apliquen el derecho e impartan justicia.

El gobierno venezolano no reconoce los derechos de las facciones políticas que se le oponen y a éstos los tacha de terroristas y de compinches del imperialismo capitalista.

Desde fuera es realmente poco lo que podemos hacer por ayudar a nuestros hermanos venezolanos más allá de manifestar nuestra indignación en contra de los intentos golpistas y dictatoriales de Maduro ya sea en las redes sociales o a través de la ONGs que puedan procurarles ayuda humanitaria, pero como Estado, más nos valdría mantenernos al margen cuando no podemos darles el mejor ejemplo en materia democrática.

Nadie medianamente sensato quisiera estar en los zapatos de los venezolanos, ni hoy, ni en el futuro; aunque siempre hay excepciones y no faltan personajes como Héctor Díaz Polanco, presidente de la Comisión de Honestidad y Justicia de Morena, quien abiertamente ha dicho que México debiera integrarse a la corriente política de la revolución bolivariana de Venezuela, que es un “ejemplo” para el mundo.

Ni modo, nunca falta un loco ni tampoco un aprendiz de canciller que causen pena ajena al respetable público tanto dentro como fuera del país y pongan en evidencia la inocencia parvularia de nuestros políticos.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

[email protected]

@eugeniocasta

Comentarios