Una novata desafía al todopoderoso Lukashenko en presidencial de Bielorrusia

31 de julio de 2020.-Svetlana Tijanóvskaya (centro), candidata a la presidencia en Bielorrusia. Foto: Sergei GAPON / AFP
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Las elecciones presidenciales en Bielorrusia, cuyos resultados se conocen normalmente de antemano, serán un desafío el domingo para el autoritario Alexandre Lukashenko que ha visto emerger por primera vez en años a una oponente inesperada, novata en política y que moviliza a multitudes.

Al frente desde 1994 de esta exrepública soviética enclavada entre la Unión Europea (UE) y Rusia, el presidente bielorruso redobló esfuerzos en las últimas semanas para frenar el ascenso de su oponente, denunciando un complot con la complicidad del Kremlin para precipitar su caída.

A unos días de los comicios, intentó presentar el país bajo su presidencia como un islote de estabilidad, y prometió el jueves combatir el “incendio en el corazón de Minsk” que, según él, sus rivales esperan avivar.

Después de haber eliminado a sus principales contrincantes en primavera y a principios de verano -dos de ellos están encarcelados y un tercero se exilió-, el exdirector de sovjós (granjas soviéticas) de 65 años se enfrenta a Svetlana Tijanóvskaya, una profesora de inglés de 37 años.

La campaña de esta novata en política movilizó a multitudes de simpatizantes nunca vistas en todo el país, que piden el “cambio” y exigen derribar los muros de las prisiones bielorrusas.

Ella misma se presenta como una “mujer corriente, una madre y una esposa”, que remplazó en poco tiempo a su marido, Serguéi Tijanovski, un bloguero que no pudo presentarse a las presidenciales al ser encarcelado en mayo, cuando ganaba popularidad.

Calificada de “pobre chica” por el líder bielorruso, llamó a sus conciudadanos a dejar de tener miedo de la represión, en un país que nunca ha visto surgir una oposición unida y estructurada.

Por ello, Svetlana Tijanóvskaya ha unido fuerzas con otras mujeres: Veronika Tsepkalo, la pareja de un opositor exiliado, y Maria Kolesnikova, la directora de campaña de Viktor Babaryko, un exbanquero que fue puesto entre rejas cuando mostró su intención de presentarse.

En caso de victoria, la candidata prometió permanecer en el poder el tiempo suficiente para liberar a “los prisioneros políticos”, organizar una reforma constitucional y nuevas elecciones.

Pero no se ha librado de las presiones. El jueves, su directora de campaña fue detenida brevemente, y sus últimos mítines aún no están garantizados, debido a los obstáculos jurídicos y logísticos levantados por las autoridades.

 – Temores de fraudes –

La votación del domingo se desarrollará igualmente en un ambiente de desconfianza sin precedentes hacia Moscú, de quien Alexandre Lukashenko es a la vez el aliado más cercano y más imprevisible.

Si bien las relaciones entre los dos “países hermanos” siempre tuvieron altibajos, en 26 años las tensiones nunca han sido tan concretas: para Lukashenko, los “marionetistas” del Kremlin tenían la intención de orquestar una “masacre” de común acuerdo con sus detractores, con la esperanza de reemplazarlo por un presidente más dócil y convertir Bielorrusia en un vasallo.

A finales de julio, las autoridades bielorrusas detuvieron a 33 rusos, presuntos mercenarios del opaco grupo militar privado Wagner, conocido por ser cercano al poder ruso.

Moscú rechazó estas acusaciones, y denunció un “espectáculo” electoral, del que pagaron el precio los 33 rusos, “culpables de nada” y “en tránsito” hacia otros países.

El martes, Alexandre Lukashenko insistió en un discurso que “no abandonará el país” en manos de Moscú. Después, el ejército le declaró su “total apoyo” y se organizaron maniobras militares en la frontera.

La oposición, que dice temer fraudes, previó organizar su recuento de votos, y pidió a los electores que les envíe fotos de sus papeletas. También instó a sus partidarios a llevar una pulsera blanca en los colegios electorales en señal de apoyo.

La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que observa las elecciones en sus Estados miembros, no estará presente, una novedad desde 2001, por no haber sido invitada a tiempo.

Las autoridades bielorrusas justificaron además un número reducido de observadores electorales nacionales debido a la epidemia de coronavirus.

Alexander Lukashenko, presidente de Bielorrusia

Alexander Lukashenko tiene un parlamento sin oposición. Se le acusa de haber ordenado matar o encarcelar a muchos detractores.

Pero desde la primavera algo ha cambiado en este país de 9,5 millones de habitantes: el presidente parece inspirar menos terror.

En las redes sociales y en mítines de cientos o incluso miles de personas, muchos se burlan de él, lo apodan “cucaracha bigotuda” por su bigote o “Sacha 3%”, diminutivo de su nombre asociado con la supuesta popularidad de la que goza según sus detractores.

Él está visiblemente molesto. En un discurso el martes, Lukashenko, sudando la gota gorda, arremetió contra quienes lo critican, a los que considera niños desagradecidos.

“¡Yo los he alimentado a todos con mi seno!”, proclamó, presentándose como el padre de la nación.

Durante mucho tiempo recibió el apodo de Batka (“padre” en bielorruso) y gozó de popularidad, sobre todo en las zonas rurales y entre las generaciones nostálgicas de la Unión Soviética.

– Inspiración soviética –

En los años 1980 dirigió granjas colectivas y fue elegido presidente en 1994, después de la independencia, con un mensaje populista y anticorrupción.

Rechazó el giro capitalista, prefiriendo un sistema político y económico dominado por el Estado en el que mantuvo la simbología soviética. La oposición sufre acoso, la libertad de expresión está bajo vigilancia y la agencia de seguridad del Estado se llama KGB, un acrónimo que da escalofríos en muchos países.

Hoy en día Lukashenko sigue reivindicando este sistema y asegura que sin él el país quedaría “a merced de criminales”.

Pero en los últimos meses, hartos de la situación económica y de las acusaciones de corrupción, cientos de miles de bielorrusos se han movilizado para apoyar a opositores, a pesar de las olas de detenciones.

Lukashenko tiene tres hijos y cultiva una imagen de machista. Curiosamente en las urnas le plantará cara un trío inesperado de mujeres, liderado por la candidata Svetlana Tijanóvskaya.

 – Menos miedo –

La Nobel de Literatura bielorrusa Svetlana Alexievich estima que Lukashenko se equivocó creyendo que podía seguir “infundiendo miedo” en la sociedad.

“Una nueva generación se ha convertido en adulta y los mayores se han despertado. No es el mismo pueblo que hace 26 años”, afirmó en una entrevista reciente con la radio estadounidense RFE/RL.

Lukashenko es intransigente. En 2010 hizo dispersar sin contemplaciones unas protestas.

También resistió a años de sanciones europeas, que finalmente consiguió levantar haciendo maniobras gracias a su posición entre la UE y Rusia.

Pero este año sus relaciones con el presidente ruso Vladimir Putin se deterioraron considerablemente y Europa no acudió en su ayuda.

Su reputación también se vio afectada por las declaraciones que niegan la gravedad de la epidemia del nuevo coronavirus, a la que calificó de “psicosis”.

Frente al virus recomienda trabajo agrícola, sauna y un poco de vodka. En julio presumió de haber contraído la enfermedad y de haberse curado.

(AFP)

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