Una brújula para la oposición

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La oposición siempre ha sido crucial para la formación de la cultura política de nuestra época; los partidos políticos, como la forma más elaborada y efectiva de oposición en los estados democráticos, juegan -o deberían jugar- un rol de suma importancia, el de ser contrapeso, para cualquier democracia es indispensable y México, no es la excepción.

Es esta fundamental razón por la cual vale la pena hacer un balance de lo que ha hecho la oposición desde que López Obrador asumió el poder.

Al inicio del sexenio, los distintos partidos políticos de “oposición” se dedicaron a fijar ciertos posicionamientos, todos coincidentes como si se tratara del mismo guion: ser una oposición responsable que señalará fallas, errores e incongruencias de la administración entrante. Entre sus planes estaba convertirse en una alternativa contra el “hiperpresidencialismo” y las tendencias autoritarias, como la intolerancia a la crítica, el culto a la personalidad y el retorno a la “verdad oficial”, por lo que, desde su óptica, se convertirían en férreos defensores de la libertad de expresión, que creen que está en peligro.

Todos coincidían en la necesidad de reivindicar la pluralidad democrática y de establecer auténticos equilibrios institucionales, contrapesos legislativos y políticos, así como mecanismos de rendición de cuentas.

Sin embargo, dos meses después, la oposición sigue desdibujada y desarticulada; no tienen una hoja de ruta a seguir, solo le están apostando a los yerros de López Obrador y de su gabinete, para construir su discurso diario, que no les ha abonado absolutamente nada y por el contrario, sigue alimentando los niveles de aprobación del presidente.

Las fracturas al interior de cada uno de los partidos políticos abatidos, son evidentes, aunque traten de disimularlo, siguen en pugna, siguen pensando en cuidar el negocio político aunque se les haya convertido en changarro, su altura de miras no va más allá de las elecciones intermedias del 2021, están administrando los centavos pensando que el electorado les dará más posiciones sin hacer nada. Hasta la visión del negocio a corto plazo han perdido, la clientela que se les fue, difícilmente la recuperarán.

No han aprendido la lección que la ciudadanía les dio el 1 de julio, no han asimilado la derrota y pareciera que ni siquiera entienden el porqué de ella, así no podrán construir absolutamente nada.

Pareciera que pretenden ser una “oposición” y contrapeso de una mayoría aplastante, solamente en las redes sociales, sin ni siquiera darse cuenta, que esa batalla la perdieron aún antes de las elecciones presidenciales.

De ninguna manera pretendo descalificar la importancia de las “benditas redes”, tampoco opino que tendrían que quedarse callados, en lo que definitivamente sí quiero hacer hincapié es en que las redes sociales ya tienen un alto nivel de toxicidad y barbarie que ha cambiado los argumentos por la palabrería, convirtiéndose en gran medida en un falso debate, los diálogos brillan por su ausencia, y los exabruptos iracundos para desahogar la frustración, el odio y la pequeñez, abundan; todo en ambos lados del campo de batalla.

En la oposición, debería imperar la creatividad más allá de la formación de “colectivos digitales fachada”, que lo único que hacen es perjudicar la imagen de los colectivos que luchan todos los días por causas justas y necesarias.

El panorama no es para nada halagador, el registro a prueba de los nuevos partidos políticos va a pulverizar aún más a los actuales y en las elecciones de 2021, podríamos ver una mayoría, aún más aplastante.

A sesenta y seis días de iniciado el sexenio, una brújula sería un regalo sin desperdicio para la “oposición”.

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