Un voto por AMLO

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Al igual que más de treinta millones de mexicanos, yo voté por López Obrador y no me arrepiento de haberlo hecho.

Sin embargo, estoy plenamente convencido, que haber votado por Andrés Manuel no implica que seamos, ni que nos hagamos los ciegos, nuestra responsabilidad va más allá de haberle dado nuestro voto y con él, nuestra confianza.

Cada uno de los votos que recibió López Obrador tenía, al menos, tres elementos como común denominador: el hartazgo, la necesidad de transformación del país y que él la encabezara.

En lo personal, mi mayor deseo es que le vaya bien a su Administración, no por miedo a haberme equivocado, no porque vaya a ser señalado, tampoco porque vaya a ser etiquetado o me lo reclamen mi esposa, mis hijos o mis nietos; simplemente porque me interesa que le vaya bien a México y se puedan poner los cimientos para que este país se convierta en una sociedad cada vez más justa; que la brecha entre los que más tienen y los más jodidos, sea cada vez más estrecha; que se erradique la pobreza extrema, y que alcancemos en algún momento la paz y la seguridad que hemos perdido, siempre dentro un marco democrático y de plenas libertades.

También estoy plenamente convencido que la única manera que tiene para que su Presidencia sea un éxito y trascienda en la historia, es que la sociedad en su conjunto, y aún más los que votamos por él, señalemos sus yerros, eso permite que sean susceptibles a la corrección o al perfeccionamiento; manifestemos nuestras discrepancias y hagamos propuestas, para enriquecer su ejercicio del poder.

Por su parte, López Obrador no solo debe permitir la libertad de expresión, derecho humano por nacimiento; también debe ser abierto a la crítica y al escrutinio público, pues es parte del paquete de quien gobierna; de la misma forma que debe escuchar, para procesar la información recibida y sacarle el mayor provecho en beneficio de la mayoría. 

Considero que es parte fundamental de nuestra responsabilidad, exigir que se cumplan las promesas de campaña, levantar la voz cada vez que se actúe de manera incongruente y señalar con fuerza los errores; en lo personal, actuaré en consecuencia de manera permanente y en congruencia con ello.

Les aseguro que no hay mayor daño que le podamos hacer a este Gobierno, que quedarnos callados; cada una de las críticas y señalamientos son sin desperdicio y deben ser bienvenidos.

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