Un día histórico

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La discusión y votación, programada para el día de hoy en el Senado, con relación a la Reforma Constitucional para la creación de la Guardia Nacional, es un parteaguas para la historia de México.

El dictamen que fue avalado por Morena en comisiones, ante la ausencia de los senadores de la oposición, que decidieron abandonar la discusión ante la cerrazón para negociar los términos de la minuta, se presentará ante el pleno para su discusión y aprobación o rechazo; a diferencia de la votación del lunes, la del día de hoy, tiene que ser avalada por dos terceras partes, es decir que necesitan ochenta y cinco votos para su aprobación por ser cambios a la Constitución.

La oposición en el Senado -PAN, PRI, MC y PRD- a diferencia de la Cámara de Diputados, ha mantenido su postura en bloque, acompañando la creación de la Guardia Nacional, como instrumento para contener y revertir la violencia que desde doce años ha lacerado a nuestro país, bajo dos condiciones irreductibles:

– Que el mando de la Guardia Nacional sea civil, sin ningún tipo de simulaciones.

– Se delimite la temporalidad para que las Fuerzas Armadas estén a cargo de las tareas de seguridad pública.

Hasta el momento, se tiene conocimiento que continúa el cabildeo para conseguir los ochenta y cinco votos tal como está la minuta; así como otras reuniones de trabajo que intentan destrabar las negociaciones sobre los puntos mencionados; al momento, nada está escrito.

El nivel de conciencia de todos y cada uno de los senadores, incluyendo los de Morena y sus aliados, tienen la última palabra.

Lo que suceda en la votación de hoy, sea aprobada o no bajo los términos de este momento, dejará una profunda huella en la vida democrática del país, me explico:

La Guardia Nacional, además de ser contradictoria con lo dicho por López Obrador durante la campaña de que las Fuerzas Armadas irían regresando paulatinamente a sus cuarteles, se convierte casi en una anécdota, pues la propuesta actual es institucionalizarla bajo un marco jurídico ex profeso, para mantenerla en las calles de manera indefinida y lo más grave aún, con un militar al frente.

Hay quienes aún rebaten con el argumento falaz de que López Obrador es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, definitivamente está en la Constitución, sin embargo, la historia mundial nos ha demostrado lo que significan realmente las fuerzas armadas cuando buscan el poder, cuando se les ha dado poder y cuando están en el poder.

México es un país democrático, que a diferencia de muchos países de Latinoamérica, nunca ha tenido una dictadura militar y los cambios constitucionales que pretenden en esta iniciativa, generan las bases jurídicas y las estructuras operativas, para que esto pueda suceder en el futuro, sin siquiera quebrantar la ley, este riesgo no lo podemos correr, y aclaro, no me refiero a López Obrador, sin embargo:

¿Quién nos garantiza que en el año 2024 arribe un personaje oscuro a la Presidencia de la República?

¡Nadie!, por lo tanto, no se puede dejar la mesa puesta aprobando la reforma tal como viene la minuta, además de ser un retroceso y de no resolver el problema de fondo, estaríamos trastocando el futuro de la democracia.

Si de última hora llegan a un consenso y se acepta que el mando de la Guardia Nacional sea civil (sin simulaciones) y se defina un periodo razonable para que las Fuerzas Armadas estén a cargo de las tareas de seguridad pública, o bien la oposición se mantiene firme y cohesionada, ante la eventual votación de un dictamen sin modificación, también significa un parteaguas para la historia y una oportunidad para la vida democrática.

Para que una democracia funcione, requiere contrapesos, el Poder Legislativo debe de ser uno de ellos y actuar con responsabilidad en consecuencia, es una gran oportunidad para demostrar el compromiso que tienen todos, vistan la casaca que sea, incluyendo la guinda.

El primer beneficiario de este escenario es México y por increíble que parezca, el segundo beneficiario es esta Administración; tener un contrapeso te obliga a ser mejor, a actuar con más inteligencia, a pensar más tus movimientos, a generar más consensos y diálogos, a convencer sin necesidad de imponer, a cometer menos errores; lo que se traduce sin desperdicio en un mejor ejercicio del poder.

El voto de hoy no es en contra o a favor de Andrés Manuel, es un voto que determinará el futuro de México, por eso, es un día histórico.

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