Triunfo de Catar en Copa de Asia amenaza con nuevas tensiones en el Golfo

La selección de Catar levanta el trofeo de la Copa Asiática. Foto: Roslan RAHMAN / AFP
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La victoria de Catar en la Copa de Asia de futbol es un triunfo deportivo, pero corre el riesgo de costar caro a la pequeña nación del Golfo, sometida al embargo de sus vecinos, en opinión de los analistas.

Al superar a Japón 3-1 en la final, los cataríes conquistaron un torneo que se disputó en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos una victoria que provocó escenas de alegría desatada en la capital Doha.

Pero este triunfo podría enquistar las relaciones de Catar con Arabia Saudita, Baréin, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, que le imponen un embargo bajo la acusación de apoyar a grupos extremistas, algo que Doha niega.

“Si Abu Dabi siente amargura sobre la forma en que se desarrolló el torneo que ellos albergaron, eso podría transformarse en una escalada de la retórica contra Catar”, previene Kristian Coates Ulrichsen, investigador de la Universidad Rice en Estados Unidos.

“Y, en todos los casos, la reacción a la victoria de Catar agravó las divisiones en el Golfo”, añade. “Los omaníes y los kuwaitíes se alegraron por la victoria de Catar y lo hicieron de forma muy visible, para subrayar así que rechazan los intentos de los países que quieren aislar a Catar en la región”.

Félix Sánchez, entrenador de la selección de Catar es lanzado al aire como festejo por el triunfo en la final de la Copa de Asiática 2019

Para Catar, esta primera victoria en la Copa de Asia supone algo histórico; una parábola deportiva inmersa en un contexto de geopolitización.

El triunfo permite acallar las voces que denuncian la elección de Catar como país anfitrión del Mundial 2022, arguyendo la pobre experiencia del país en el futbol.

En siete partidos, Catar anotó 19 goles, con solo recibió uno en contra.

Para el país del Golfo, que invirtió una fortuna en formar talentos cataríes en la Academia Aspire de Doha, creada en 2004, esta gesta es el fruto de su política deportiva:

13 de los 23 integrantes de la selección proceden de esa escuela, entre ellos el máximo goleador del torneo Ali Almoez.

Pero esta victoria supera las simples ambiciones ligadas al futbol: para Doha, es una manera de tomar venganza contra los cuatro países que le impusieron un embargo económico, comercial, aéreo y diplomático.

Desde entonces, el pequeño pero riquísimo país se mantiene en el ostracismo por sus potentes vecinos, Arabia Saudita y  Emiratos Árabes Unidos, que le acusan de apoyar a grupos islamistas radicales y de su aliado Irán.

Sobre el césped, Catar superó a Arabia Saudita (2-0), y después, en semifinales, a Emiratos Árabes Unidos, por 4-0 a pesar del lanzamiento de zapatos y de objetos.

Para algunos cataríes, esta última victoria dejó aún un mejor sabor de boca que la cosechada ante Japón en la final.

Mucha gente lo celebró en Doha levantando cuatro dedos, símbolo de los cuatro países que imponen el embargo a Catar.

Imagen del 29 de enero de 2019, en el triunfo de Catar a la selección anfitriona de Emiratos Árabes Unidos, el público iracundo lanzó zapatos y varios objetos a la cancha

El equipo vencedor, que tuvo que disputar todos sus partidos prácticamente sin seguidores, a los que se prohibió la entrada en Emiratos, fue recibido en su regreso al país por el emir Sheikh Tamim bin Hamad Al-Thani en persona.

“Esta victoria muestra la capacidad de Catar para avanzar por sí mismo, sin importar los obstáculos”, estima James Dorsey, analista en la Rajaratnam School of International Studies de Singapur.

Para Simon Chadwick, profesor especializado en la geopolítica del deporte en la Universidad de Salford del Reino Unido, “la imagen y la reputación de Catar han salido reforzadas contrariamente a la de sus rivales, sobre todo gracias a la aparente tranquilidad de la selección de Catar cuando se enfrentaba a unos adversarios a veces llenos de rencor”.

El defensa de Catar, Pedro Miguel Correia recibe los reclamos del mediocampista japonés Ritsu Doan durante la final de la Copa

Pero Catar debe seguir vigilante: tras este ‘desaire’, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos aumentarán aún más su oposición a la disputa del Mundial 2022 en el pequeño emirato, asegura Dorsey.

En marzo, la FIFA debe decidir sobre si amplía el torneo de 2022 a 48 equipos, en lugar de los 32 inicialmente previstos, lo que significaría que algunos partidos deberían disputarse fuera de Catar, posiblemente en territorio de alguno de sus rivales.

Es “muy inocente” creer que las tensiones regionales se rebajarán por la celebración de un Mundial 2022 ampliado y en el que participen varios países de la zona como defiende el presidente de la FIFA Gianni Infantino, insiste Dorsey.

La Copa de Asia, de hecho, no ha suavizado los desencuentros entre Catar y los cuatro países que le han impuesto un embargo.

“El deporte y la política están intrínsecamente relacionados”, resume Dorsey.

(AFP)

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