El TLC y los acuerdos por debajo de la mesa

- Publicidad -

Desde la campaña electoral de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos y su posterior llegada al poder han habido dos temas constantes en su discurso con relación a México. Uno como sabemos, el del famoso muro fronterizo que se empeña en construir y que cada vez que puede, insiste en que verá como le hace para que de alguna manera seamos los mexicanos quienes paguemos por el costo de su edificación.

El segundo tema recurrente en su palabrería ha sido el de su insatisfacción con el Tratado de Libre Comercio (TLC) o NAFTA por sus siglas en inglés, cuyas rondas de renegociación iniciaron hace un par de meses y de las cuales sólo hemos sabido lo que los escuetos comunicados de prensa nos han informado y que reflejan claramente que la decisión del gobierno estadounidense no es precisamente la de negociar, en igualdad de condiciones, acuerdos que modernicen y actualicen el convenio comercial tripartita, sino la de imponer medidas unilaterales bajo la amenaza constante de salirse de plano del tratado.

De poco han servido las explicaciones que expertos, empresarios e incluso sindicatos de los tres países han dado sobre los evidentes beneficios que el TLC ha representado tanto para Canadá y México como para los mismos Estados Unidos desde su implementación y hasta la fecha.

El equipo de Trump no ha querido entender que el tema de los déficits y superavits comerciales  no representa necesariamente un desbalance injusto en las relaciones comerciales, mientras que la creación de millones de empleos en las tres naciones, el crecimiento sostenido de sus economías (aún en años de crisis y con márgenes reducidos) y el constante flujo de inversiones, se han desarrollado exponencialmente y han beneficiado a todas las partes.

Las negociaciones por lo poco que sabemos, están en una especie de punto muerto y aunque deberán continuar en las próximas semanas, la posibilidad de que los norteamericanos se levanten de la mesa, y dejen a los nuestros hablando solos se ve cada vez más realista y posible. Por lo pronto, el tipo de cambio del peso frente al dólar es el que se ha visto más afectado por esta incertidumbre y si la amenaza se cumple el daño será seguramente mucho mayor.

De lo que no se ha hablado para nada, es sobre temas que seguramente también se han puesto sobre la mesa de las negociaciones y que van más allá del porcentaje de los componentes automotrices, de la importancia de los paneles de resolución de controversias y de la desproporción de los salarios que en México son ridículamente bajos en comparación a los de nuestros principales socios comerciales.

Desde hace muchos años, ha existido una enorme presión por parte de los Estados Unidos y principalmente del Banco Mundial por influir en nuestro sistema jurídico legal. La mayor prueba de ello es la imposición y el cambio al sistema de justicia para mudarnos a un mecanismo de oralidad, en contraposición al sistema escrito que durante siglos nos caracterizó y que corresponde a la tradición jurídica del derecho latino de influencia romano-germánica, que es sin duda más afín a nuestra historia, cultura y tradiciones.

Nos han vendido y nos han pretendido convencer que el sistema oral es mejor y más eficaz, sin darse cuenta que lo que necesitamos no es cambiar las leyes en ese sentido, sino un cambio de mentalidad y la superación de la corrupción y de la impunidad, mediante sistemas de vigilancia, supervisión y procuración de justicia realmente transparentes y bajo la supervisión de órganos integrados por individuos intachables.

Pero las presiones van más allá.

A través de una publicación anual denominada “Doing Business”, el Banco Mundial da a conocer anualmente estudios comparativos sobre la forma, el tiempo y los medios que en cada país del mundo se necesitan para que los emprendedores puedan abrir una empresa o negocio.

Si bien la calificación de México en ese ranking tan subjetivo ha venido subiendo en los últimos años, a quienes lo elaboran les sigue haciendo ruido el que en los países que funcionan con base en el sistema jurídico de corte latino, sigan existiendo instituciones como el notariado, a quienes ellos ven como un obstáculo para el emprendimiento, sin entender y valorar la seguridad que el mismo representa para la ciudadanos y las operaciones legales que ellos realizan día con día. El sistema jurídico anglosajón se basa principalmente como sabemos, en la resolución de controversias y en la tradición de precedentes jurisprudenciales. Es un sistema reactivo.

El nuestro, sin duda perfectible, es un sistema basado en la prevención de tales controversias y que busca que sea el menor número de casos los que tengan que resolverse en los tribunales, para ello, la función notarial es fundamental y básica. Sobre todo cuando quienes acceden a dicha función delegada por el Estado en particulares profesionales del Derecho, son personas que acreditan plenamente sus conocimientos, solvencia moral y experiencia a través de exámenes públicos de oposición, como es el caso de los notarios de la Ciudad de México, aunque sin duda también los hay y muchos en el interior de la República.

Hoy el notariado es nuevamente el chivo expiatorio de estos ataques y lo peor, es que tales críticas y señalamientos sin sustento provienen de nuestras propias instituciones. Es el caso de la Comisión Federal de Competencia Económica, (COFECE), que ha emprendido una campaña mediática para denostar al notariado en general, desinformando a la población. Su crítica se basa en varias mentiras y en verdades a medias y en la misma, asoma la sospecha que la mano que mece la cuna no es otra que la de los intereses norteamericanos que pretenden nuevamente llevar agua a su molino para seguir imponiéndonos un sistema jurídico legal que nada tiene que ver con nuestra historia y valores.

No es de dudar que bajo tales críticas destructivas, la COFECE se esté ciñendo a los intereses de algunos vendepatrias que quieren asemejarnos cada vez más a los Estados Unidos, pero no en lo bueno que sin duda tienen, sino en la pretensión de asimilarnos a su sistema legal con el que no tenemos más nexos que la vecindad geográfica.

Que no nos sorprenda enterarnos de repente, que uno de los puntos no reconocidos abiertamente, pero que se están también planteando en las pláticas de renegociación del TLC sea la cuestión del notariado y que para ello, la mano negra de la COFECE y la de su titular Alejandro Faya estén operando desde ahora en beneficio de esos oscuros intereses.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

       

Comentarios