Tezozómoc. El tirano olvidado, Sofía Guadarrama Collado

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Sofía Guadarrama Collado presenta ahora con Editorial Océano la novela Tezozómoc, el tirano olvidado, la cual forma parte de la serie Grandes tlatoanis del que también forma parte el título Nezahualcóyotl, el despertar del coyote.

En entrevista nos comenta la razón de su interés por Tezozómoc “Cuando empiezo a leer la historia de la cultura chichimeca, me impresionó su vida y sentí tristeza que estuviera olvidado, porque no estaba en todos los libros de historia, o se mencionaba en dos renglones”.

Comenta que al principio de su carrera como escritora no sabía que se dedicaría a escribir novela histórica, “comencé escribiendo cuento, novelas contemporáneas y después me empece ha involucrar en la novela histórica”.

Considera que comenzó con los grandes tlatoanis del imperio, con la intención de recuperarlos, pues estaban olvidados en la historia de México “porque seguimos encerrados en este microscópico circulo de la Conquista, donde Hernán Cortés es malo y Moctezuma tonto y los indígenas son santos inocentes”.

Asegura que esto no es así, ya que “cuando Cortés llega en 1504 a Santo Domingo, y Cuba, y vive ahí 17 años, entonces él no llega como recién salido del barco a México-Tenochtitlán, él era más de aquí que de Europa, donde desconocía ya muchas cosas del Viejo Continente porque tenía mucho tiempo viviendo aquí”.

“Cuando él llega a Tabasco, y Veracruz le dicen, ‘hay un tirano que nos cobra muchos impuestos, que nos maltrata, que nos manda matar’, entonces Cortés ofrece ayudar porque venía en nombre del rey”, debido a que hay muchos pueblos vecinos que están hartos del abuso de los mexicas.

Guadarrama considera que tenemos muy posicionada a la cultura prehispánica como el Edén perdido, con la creencia de que todo era perfecto, y es algo que intenta desmitificar.

“El promedio de vida de la mujer era de 30 a 40 años máximo y pasaba más de la mitad de su vida embarazada, porque en cuanto comenzaban a menstruar era violada, porque no podía decir ‘me voy a casar con ese señor que es 20 años mayor que yo’”.

Afirma que la mujer era moneda de cambio, era botín de guerra, era un objeto sexual, era cocinera, y cuidaba a los niños.

“Los padres tenían una hija y se la podían regalar a alguien con más riquezas o con más ganancias, y a cambio se le daban costales de semillas, de granos a cambio de ella, una niña de 12 años podía comenzar a tener hijos a esa edad, entonces del México antiguo no todo era tan maravilloso como nos lo han pintado”.

Recuerda que hay un personaje que se llamó Tlacaélel, que fue un tirano de México-Tenochtitlán que ha sido olvidado igual que Tezozómoc.

“Tlacaélel es quien construye la religión sangrienta, los sacrificios masivos para el dios Huitzilopochtli, es quien construye el personaje del cihuacóatl, que es como autonombrarse papa y al mismo tiempo la conciencia del tlatoani; el cihuacóatl se convierte en el poder detrás del poder, el jefe máximo, él construye este imperio sangriento en el que se va aprovechando de todos lo pueblos vecinos, donde a la menor provocación hay invasiones, destruyen sus pueblos, sus templos, matan a la nobleza, violan a sus mujeres, las raptan y la mayoría de los pueblos viven en miseria, y nos han construido la historia de que Tlacaélel era el héroe que nos salva del malvado Maxtla”.

Trae a la mente una de sus novelas anteriores llamada “Moctezuma Xocoyotzin, entre la espada y la cruz”, y la cual desmitifica que este fuera un tlatoani “tonto o cobarde” pues en realidad era un gran estratega.

Dice también que ” A Cuauhtémoc nos lo han pintado como un héroe, pero en realidad es un jovencito de entre 20 y 25 años, necio, que lleva a los mexicas a un suicidio colectivo, todos estas historias que están malinterpretadas”.

“En México tenemos que empezar, no solo a aceptar, sino a querer nuestro mestizaje. Más que pedirle perdón a España y al rey de España, tenemos que aprender a vivir con nuestra historia, y a dejar de sufrir por el pasado, tenemos que aceptar que somos descendientes de Cortés y de Moctezuma, y que somos Martínez, Pérez, González, López; todo eso es español, si eres católico o guadalupano eso es español, o si te vas de vacaciones de Semana Santa, eso es español”.

La escritora jalisciense enfatiza que lo que trató en esta novela es reflejar más allá de la historia oficial de las culturas prehispánicas.

“Cuando los mexicas reciben de Tezozómoc el permiso para habitar el islote, que de entrada es un islote abandonado, en el cual no hay animales para cazar, lo único que hay son serpientes e insectos y el agua del lago que no es potable, es agua salada, sus dimensiones son del tamaño del Zócalo y dos o tres cuadras a la redonda, y llega un punto en que tienen que crecer, y es muy interesante cómo se fueron creando las chinampas, pero lo que la mayoría ignora es que fue un capricho de Tezozómoc, pues el quería que construyeran unas islas flotantes, pues según las crónicas las pidió por puro capricho”.

Adelanta que con Editorial Océano tiene planeado publicar dos novelas inéditas, “una se va a llamar Somos mexicas, que es el surgimiento del imperio mexica, con Tlacaélel como su líder, y luego otra novela que se va a llamar Esplendor y terror, que es sobre Ahuízotl y Tízoc.

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