El terror cimbra a Veracruz… otra vez

AFP PHOTO / VICTORIA RAZO
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El jueves pasado, el fiscal general del estado de Veracruz, Jorge Winkler, en conferencia de prensa, informó del hallazgo de una fosa clandestina localizada en la zona centro de la entidad, en las inmediaciones del municipio de Alvarado.

En la fosa, de poco más de 300 metros cuadrados, se localizaron, hasta este momento, 170 cráneos humanos, más de 200 prendas de vestir, 114 identificaciones, así como artículos personales.

El fiscal, afirmó que “se trata de inhumaciones clandestinas de al menos 2 años de antigüedad”. Por el número de cuerpos encontrados, la fosa de Alvarado, es la segunda más grande descubierta en Veracruz, la primera se ubica en un predio cercano al puerto veracruzano, llamado Colinas de Santa Fe, donde el Colectivo Solecito encontró 295 cuerpos hace dos años.

Es imposible, escribir estos datos, sin sentir que se escapa el aire. Veracruz duele, estruja nuestra humanidad y nos azota contra la realidad de una tragedia que recorre todo el territorio nacional ante la indolencia de nuestras autoridades, ante la mirada agónica de los padres que caminan por todo México y clavan varillas en la tierra buscando los restos de sus hijos, ante la exigencia de justicia, justicia, justicia.

¿En qué momento nuestro país se convirtió en una gran fosa que contiene los cuerpos de cientos, tal vez miles, de personas que tenían un nombre, una vida, esposa, hijos, hermanos, padres? Personas que gracias al permiso que ha otorgado la impunidad que nos gobierna, fueron asesinados y arrojados en la profundidad del México que invisibilizamos.

Según la información que proporcionó la Fiscalía de Veracruz, el descubrimiento de la fosa surgió como resultado del seguimiento de varias pistas de casos de desaparición forzada que se atribuyen a la policía estatal durante la Administración del exgobernador priista Javier Duarte, cuando Arturo Bermúdez Zurita, actualmente bajo proceso penal, estaba al frente de la Secretaría de Seguridad Pública del estado veracruzano.

Escalofriante.

¿Qué sucedió en Veracruz? ¿Nadie se dio cuenta de verdad que dos grupos de Fuerzas Especiales de la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz se dedicaban a desaparecer personas?

¿Nadie en los tres niveles de Gobierno tuvo conocimiento que policías de élite de Javier Duarte, detenían a civiles para ser interrogados y después trasladados a la Academia de Policía Estatal de Veracruz, donde eran torturados y después desaparecían?

¿Nadie?… ¡¿NADIE?!

El vacío de autoridad es más que evidente. La colusión de diversas autoridades con grupos delincuenciales también. El tiempo parece no transcurrir en Veracruz, la misma verborrea, la misma retórica, los mismos actos mediáticos de siempre para anunciar logros inexistentes, donde las promesas de acabar con la inseguridad y la violencia que azota el estado en seis meses, se convierten en palabras huecas, vacuas, en mierda. 

Mientras en el estado que tiene más fosas clandestinas que municipios, las autoridades (más los colectivos que las autoridades) siguen encontrando miles de restos humanos, el exgobernador Javier Duarte de Ochoa, promueve un recurso de revisión para que sea un tribunal colegiado el que decida si es posible o no continuar el trámite para que la Procuraduría General de la República (PGR) solicite al Gobierno de Guatemala analizar si es factible que se cumplimente la orden de aprehensión girada en junio pasado por un juez de Veracruz en su contra por el delito de desaparición forzada.

Y como ya sabemos todos, la PGR está actuando como abogado defensor de los gobernadores priistas que formaron parte de la “nueva generación del PRI” que presumía Enrique Peña Nieto, es probable que en el delito grave que se le puede imputar para que permanezca preso, la Procuraduría se desista, reclasifique, exonere, no encuentre las pruebas necesarias, y el exmandatario priista salga en libertad.

Mientras tanto, Karime Macías sigue disfrutando el ser vecina de la reina de Inglaterra, los exfuncionarios de su esposo, cómplices del desvío de miles de millones de pesos de los veracruzanos, acaban de perder el fuero al término de la LXIII Legislatura, pero al parecer, como toda la pandilla duartista-peñista, son intocables. Así de intocable también es el contador público de Veracruz, Víctor López Gachuz, presunto responsable de crear una red de casi 400 empresas fantasmas a través de las cuales se desviaron más de 3 mil 600 millones de pesos de recursos públicos en Veracruz, ya que hasta la fecha no enfrenta ningún proceso penal o investigación por parte de la PGR en su contra, según información difundida por el reportero Arturo Ángel del portal de noticias Animal Político.

Y la cereza que adorna esta vez el pacto de impunidad es el reclamo de los suegros de Javier Duarte a un juez federal, para que sus cuentas bancarias sean descongeladas bajo el argumento de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ya invalidó la norma que permitía este tipo de aseguramientos sin una orden judicial de por medio.

El horror que azota a Veracruz, no es solo de sangre, violencia y muerte, es la descarada impunidad con la que el Gobierno de Peña Nieto cubrió a un gobernador que mientras se llenaba los bolsillos y financiaba su campaña presidencial en 2012, sus policías desaparecían gente.

Veracruz duele. El terror cimbra a Veracruz.

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