Un taller textil sirve de refugio en Vietnam para víctimas de traficantes

Foto: Nhac NGUYEN / AFP
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En el norte de Vietnam, una fábrica textil emplea a mujeres marginadas, algunas de las cuales lograron escapar de matrimonios forzados y de la esclavitud sexual en burdeles en la vecina China.

Miles de jóvenes vietnamitas son casadas a la fuerza u obligadas a prostituirse en China donde, tras décadas de política de hijo único, existe un fuerte déficit de mujeres, lo que lleva a algunos a hacer cualquier cosa por conseguir una esposa.

Las vietnamitas que logran escapar a los matrimonios forzados o a la esclavitud sexual en prostíbulos en China quedan estigmatizadas cuando vuelven a sus aldeas.

Y fue eso lo que le inspiró a Vang Thi Mai para montar esta cooperativa, Lung Tam Linen, en 2001.

“Aquí, estamos dispuestas a abrirles nuestras puertas, darles un trabajo, una profesión, unos ingresos para su familia y para ellas. La sociedad quizá no las ame, pero aquí, están seguras”, afirma Vang Thi Mai, vestida con el tradicional traje hmong, una etnia de esta región.

Más de 130 mujeres trabajan en la actualidad en la cooperativa. En el pasado fueron víctimas de traficantes de seres humanos, y también madres solteras.

Aquí, cosiendo bolsos, vestidos o juguetes de cáñamo, las mujeres hmong ganan hasta 150 euros al mes, mucho más de lo que podrían esperar como granjeras en esta región pobre, donde las posibilidades de empleo son muy escasas más allá de la agricultura, pese al auge del turismo.

“Si las mujeres, sobre todo las víctimas de traficantes de seres humanos, trabajan juntas en grupo, se van volviendo más fuertes y ganan un poder de negociación y la sensación de tener un lugar en la sociedad”, afirma, satisfecho, Nguyen Tien Phong, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Thao Thi Van solo tenía dos años cuando su madre se fue un día para no volver, al parecer, víctima de los traficantes.

“Me gustaría saber quién vendió a mi madre…”, comenta, llorando, Thao Thi Van, de 13 años en la actualidad. “Casi no tengo amigos en el colegio, los niños se ríen de mí porque no tengo madre. Envidio a quienes tienen una mamá”, agrega.

“Pero aquí, el trabajo es divertido, puedo ganar dinero y nadie se burla de mí”, explica la joven bordadora, que trabaja a tiempo parcial después de la escuela.

Además de la dimensión social de la fábrica, su fundadora pretende proteger la riqueza de la cultura hmong, que incluye el delicado arte de la confección de trajes tradicionales.

Cada vez hay menos jóvenes hmong que sepan bordar o coser estos coloridos vestidos.

Muchas de ellas compran ropa barata fabricada a partir de tejidos fabricados en China con estampados hmong, mientras que para confeccionar una simple chaqueta tradicional a mano se necesitan semanas.

“La esencia de la cultura hmong se marchita en Vietnam. Se trata de restaurarla y que las mujeres mayores transmitan su sabiduría a las más jóvenes”, explica la fundadora.

En los mercados de la región, predomina la ropa de poliéster con esos estampados fabricada en China. Su precio es imbatible.

Así que la fábrica cuenta con que los turistas que pasan por aquí se decidan por sus creaciones, y contribuyan así a que se mantenga la artesanía y la identidad hmong.

(AFP)

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