Talla XXL, ¿para quién?

15 de abril de 2019.-Andrés Manuel López Obrador sostuvo una reunión privada con su gabinete en Palacio Nacional
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De la misma forma en que suele promover la descalificación o el desprestigio contra quienes cuestionan el proceder de su Administración, el presidente Andrés Manuel López Obrador arremetió contra los policías federales que se inconformaron con la transición a la Guardia Nacional, calificándolos de corruptos y que no estaban a la altura de las circunstancias.

A esos señalamientos los precedieron meses de humillaciones en contra de los uniformados que fueron desde dormir hacinados mientras se trasladaban a labores de migración, hasta pisotear sus derechos laborales, pasando por un suceso que llamó particularmente la atención: les entregaron uniformes talla extra grande (XXL) para desempeñar sus labores, no les quedaron, y así tuvieron que usarlos.

Pareciera que el mensaje implícito en esa acción era que los uniformados no llenaban el saco.

Lo mismo que pasa con el nuevo Gobierno federal en general: la investidura les ha quedado grande, empezando con la cabeza, que es el propio López Obrador.

Los resultados y las advertencias son tangibles y vienen de todos lados, por dentro y por fuera. Ahí están las versiones de las calificadoras internacionales a nivel externo y las denuncias de Germán Martínez (exdirector del IMSS) y Carlos Urzúa (exsecretario de Hacienda) a nivel interno, quienes coinciden en las imposiciones y los palos de ciego que el actual Gobierno está dando, poniendo en riesgo no solo su futuro, sino el de todos los mexicanos.

Doce años en campaña no les sirvieron más que para articular sus discursos, porque de estrategias reales en pro del país, nada se sabe.

Están jugándole al vivo con la economía, creyendo que “el peso está fortachón” y “aguanta”.

Están desafiando los acuerdos comerciales entre los principales socios que tienen, al llevar a revisión contratos con empresas energéticas estadounidenses y canadienses que ya fueron ampliamente revisados y ratificados por el Gobierno mexicano en turno, y que lo sensato sería que se cumplieran, a pesar de lo adverso que puedan resultar a corto plazo, pues a largo plazo no respetarlos sería darnos un balazo en el pie, perdiendo la confianza de los inversionistas extranjeros, cuyos recursos le hacen falta a una economía que no parece crecer más del 1%, al menos durante el primer año de Gobierno del tabasqueño que proyectó alcanzar el 4%.

Funcionarios arrogantes que tienen que cantar sus resultados laborales para que los volteen a ver; encargados de los medios públicos de comunicación difundiendo mentiras o utilizando los espacios a su cargo para atacar a sus críticos; despilfarro de recursos en la cancelación de obras como el aeropuerto de Texcoco, que bien podrían servir para sillas-cama en el IMSS; programas sociales dirigidos a las bases populares para ganarse los votos en la próxima elección… y así podríamos seguir, la lista es larga y hay muchos elementos para ello, pero la intención es ejemplificar que eso tampoco es estar a la altura de la transformación que se busca.

Deberían recapacitar. El tiempo apremia. A lo mejor con el magro crecimiento los recursos no alcanzarán para garantizar la continuidad del “Gobierno del cambio”.

Dense prisa.

Todavía hay chance de llenar la investidura, y no quedarse como los federales que, según lo dicho por el propio presidente, no llenarán jamás su “Extra Extra Large”.

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