SUICIDO POLÍTICO. La destitución de Santiago Nieto

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Después de la Casa Blanca y Ayotzinapa, el error político más grave cometido durante el sexenio es la destitución del titular de la FEPADE, Santiago Nieto.

Su salida  provocó exactamente lo contrario a lo que se buscaba: hacer estallar el caso Odebrecht justo en el epicentro del proceso electoral 2018.

Si el sismo del pasado 19 de septiembre alteró el tablero político, el despido del Fiscal puede colocar al país en un escenario electoral totalmente distinto donde el PRI sería el gran ausente, por perder el registro como partido.

Dice, muy ufano, el encargado de despacho de la PGR, Alberto Elías Beltrán, que la decisión para despedir a Santiago Nieto, acusado de violar el código de conducta de la dependencia, fue estrictamente técnica y no política.

Pues ese es exactamente el error.

La miopía de la tecnocracia –¿o la soberbia?- impidió ver que la destitución del Fiscal iba a tener como única e inevitable lectura impedir que se conozca la verdad sobre los presuntos depósitos que hizo la petrolera brasileña a la pasada campaña presidencial.

Lo que hizo el técnico de la PGR, Alberto Elías Beltrán, fue simple y sencillamente, quitar el seguro al percutor de una granada de mano para que le estallara en la cara al Gobierno.

La destitución del Fiscal fue técnica, pero el suicidio fue político.

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