Ni sospechas, ni coincidencias, solo hechos

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Morena impulsa en el Senado de la República la creación de una tercera sala en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), especializada en el combate a la corrupción, lo que conllevaría un incremento de ministros en el máximo tribunal.

Si lo vemos a simple vista, es una iniciativa loable, con un origen de suma importancia y trascendencia; desgraciadamente, pareciera ser incongruente al actuar de estos primeros cuatro meses de esta Administración, pues la impunidad de los hechos ocurridos en el sexenio anterior, goza de cabal salud.

La iniciativa pretende nombrar cinco nuevos ministros adicionales a los 11 actuales, con los que totalizarían 16; esta nueva sala permanecería en vínculo permanente con el Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción, que dicho sea de paso, no termina de arrancar.

Analizando más a fondo la iniciativa, tenemos que resaltar que estos nuevos ministros serían designados a partir de ternas propuestas por el presidente de la República, con un procedimiento similar al polémico nombramiento de los integrantes de la Comisión Reguladora de Energía que ocurrió esta semana, cuyos integrantes no alcanzaron la mayoría calificada en el Senado por segunda ocasión y por mandato de ley fueron elegidos por López Obrador, lo que ha sido interpretado como una simulación, con “respaldo legal”.

Además, establece que la duración en el cargo de los nuevos ministros sea escalonada en la primera integración de la sala, en tanto que los subsiguientes nombramientos atiendan un plazo de 15 largos años.

Asimismo, el planteamiento para la nueva sala consiste en revisar asuntos en materia de anticorrupción de funcionarios y particulares, de responsabilidad patrimonial del Estado y sobre resoluciones del Consejo de la Judicatura Federal en la designación, adscripción, ratificación y remoción de magistrados y jueces.

Sin duda alguna, el lascerante fenómeno de la corrupción requiere nuevas alternativas y la especialización en el máximo tribunal puede ser una de ellas, pues es indispensable que la impartición de justicia en la materia tenga el conocimiento y la eficiencia para luchar en contra de esta pandemia, que sigue acabando con las arcas y la moral de la nación.

Desgraciadamente, esta iniciativa se da a conocer un día después de que Ricardo Monreal desayunara, en privado, en Palacio Nacional con el presidente López Obrador y el mismo día que el ministro presidente de la SCJN, Arturo Zaldívar, también sostuviera un encuentro con el mandatario para abordar precisamente el tema del combate a la corrupción en el Poder Judicial.

El ministro Zaldívar, quien destacó el haber puesto en marcha una nueva estrategia de combate a la corrupción y de cero tolerancia, fue “excesivamente puntual” al señalar que el Ejecutivo federal se comprometió a mantener el respeto a la independencia y a la autonomía de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Poder Judicial Federal.

Estos hechos no aislados, no pueden dejar de generar suspicacias, en política no existen coincidencias, señala un precepto; otro más, de la vida cotidiana, refiere que pienses mal y acertarás; más allá de las sospechas, están los hechos, los cuales vistos en perspectiva desde una toma aérea, nos muestran un escenario muy halagador en la tarea -si realmente se lleva a cabo-, pero muy desalentador en asuntos de control y de concentración de poder.

Finalmente, vale la pena comentar que el número de ministros de la SCJN, ha solido ser un número non, con el afán de evitar una controversia en el caso de un empate en alguna votación, en esta ocasión, están planteando que sean 16 ministros los integrantes, lo que nos hace suponer que en caso de un empate, el ministro presidente, en este caso Arturo Zaldívar, tendría voto de calidad para inclinar la balanza.

Algunos análisis indican que con estos nuevos ministros, la oficina de la Presidencia alcanzaría ocho alfiles, lo que pondría a Zaldívar, en un escenario histórico sin desperdicio ¿o no?

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