Sin venganza, con justicia y sin impunidad

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El sábado por la mañana, un día antes de la elección, hice una recapitulación anticipada que decía así:

“Si alguien promovió el voto por Andrés Manuel López Obrador durante este sexenio fue Peña Nieto, el Gobierno federal, el PRI, la corrupción y la impunidad de esta administración. Cada desaparecido, cada muerto, cada peso robado y cada negocio fraudulento, fraguaron el triunfo”.

La anticipación correspondía tan solo al olfato y al roce, a la lectura, a las redes sociales, al hartazgo –propio y ajeno– y a la necesidad que tiene México de una bocanada de aire.

Cabe aclarar que la aseveración vertida de inicio no implica ningún tipo de regateo a la perseverancia del tabasqueño, que supo capitalizar de manera muy singular cada uno de los errores de esta administración y que fue acumulando en su narrativa muy atinadamente.

Si algo se le tiene que reconocer a López Obrador y, de hecho, incluso sus oponentes en campaña lo hicieron, es que tiene el diagnóstico exacto de la problemática de México, del país en su conjunto y de las regiones en particular.

No hay un político que haya recorrido tantas veces el territorio nacional, conoce cada uno de los rincones, cada una de las demandas populares que en su camino fue aprendiendo a asimilar y entender para construir una narrativa infalible que pudiera llegarle a todos, que ofreciera esperanza, transformación y un futuro distinto, no solo a los grupos más vulnerables o a los de la tercera edad, también a los jóvenes, ese grupo de primeros votantes de 18 años y otros mayores hasta 36 años, que muchos creían, incluyendo los otros candidatos y analistas, que no votarían por “el viejo”, el mayor de los candidatos.

Sin embargo, este grupo de votantes que seguramente fue el que hizo tan copiosa la votación y tan aplastante la victoria de López Obrador, será el juez más crítico de su desempeño y el de menor paciencia por ver resultados.

Las promesas de campaña en combinación con tan avasallador triunfo y con el control de ambas cámaras del Congreso, generan grandes expectativas que deberán traducirse pronto en hechos, la ciudadanía respaldó de manera total al llamado de confianza que hizo el líder de Morena, la responsabilidad de entregar buenas cuentas al cheque en blanco recibido, es brutal; más de la mitad del país está esperando fervientemente la “Cuarta transformación” de la vida pública de México.

López Obrador tendrá que ser muy cauteloso con su agenda de prioridades y los tiempos que maneje; haber comparado su gestión con la Independencia, la Reforma y la Revolución fue cautivador pero pudo ser imprudente.

En su primer discurso anunció que su proyecto de nación engendra “cambios que serán profundos” y todo México ya está a la expectativa.

Ese primer discurso, al igual que el segundo en pleno Zócalo capitalino, son de vital importancia porque son los primeros trazos y mensajes como virtual presidente, el primero dirigido al país pero con tintes para los medios, los mercados y el exterior; el segundo para la plaza pública, su terreno natural.

Rescato para el propósito central algunos conceptos mencionados de manera precisa en el primer mensaje:

En su llamado a la reconciliación, pidió a todos los mexicanos a no poner por encima los intereses personales por legítimos que sean, pues hay que poner por encima el interés superior.

Su nuevo proyecto de nación buscará establecer una auténtica democracia, sin apostar por construir una dictadura, ni abierta ni encubierta.

Los cambios serán profundos pero siempre con apego al orden legal establecido.

Habrá libertad empresarial, de expresión, de asociación y de creencias; en general se garantizarán todas las libertades individuales y sociales.

El último concepto prefiero citarlo:

“La transformación que llevaremos a cabo consistirá básicamente en desterrar la corrupción de nuestro país… En consecuencia erradicar la corrupción y la impunidad será la misión principal del nuevo gobierno. Bajo ninguna circunstancia el próximo presidente de la República permitirá la corrupción ni la impunidad”.

Andrés Manuel López Obrador, virtual presidente de México, durante su campaña, usted planteó ciertos conceptos sobre el perdón o amnistía que podrían recibir quienes habían delinquido, de hecho, de manera distorsionada o no, esto generó una campaña negra en su contra en dos vertientes distintas, por un lado acusándolo de querer perdonar a delincuentes, asesinos y narcos, lo que a todas luces correspondía a la misma narrativa de la campaña de miedo; sin embargo, la segunda vertiente correspondía a los criminales de cuello blanco, a los políticos corruptos de este sexenio, quienes resulten responsables del saqueo del país. Esto nunca fue aclarado de manera contundente por usted y le costó miles de votos y desilusiones, aunado a esto la campaña de que usted ya había pactado con el presidente Peña Nieto impunidad para él y su círculo cercano, hasta con el mote de “PRIMOR” lo bautizaron.

La campaña ha terminado y usted ha salido victorioso. Hoy, el pueblo de México merece una respuesta a esta y muchas otras cosas que no tuvo oportunidad de clarificar como parte de su estrategia para no caer en provocaciones durante el proceso electoral.

Estoy seguro que usted sabe que los informes de la Auditoría Superior de la Federación están desfasados al menos un año, por lo que ya estando usted en funciones recibirá informes de los ejercicios de 2017 y 2018 que seguramente involucrará a muchos personajes en múltiples desviaciones, ¿acaso quedarán impunes?

Solo me resta cerrar con una cita sin desperdicio, de usted:

“Bajo ninguna circunstancia el próximo presidente de la República permitirá la corrupción ni la impunidad”.

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