Sin rendición de cuentas no hay democracia

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Durante años, Andrés Manuel López Obrador, su movimiento y sus cercanos, los que hoy forman parte de su gabinete y los que llevan la batuta en el Congreso, se envolvieron en la bandera de la lucha contra la opacidad de gobiernos que ocultaban información, y acusaban falta de transparencia ante eventos que deberían ser del dominio público. Denunciaron un día sí y otro también la nula rendición de cuentas del uso de los recursos públicos de, por lo menos, las tres últimas administraciones.

Pero como suele suceder con la gran mayoría de los políticos que llegan a ocupar cargos públicos, una cosa es el discurso ideológico con el que ganan adeptos, la narrativa con la que reciben el aplauso de ciudadanos hartos de la corrupción en una plaza llena, las promesas de campaña con las que obtienen votos en las urnas, y otra, muy diferente, la naturaleza real de quien detenta el poder.

Le bastó un año de gobierno a López Obrador para dejar en claro que su administración, al igual que las que criticaba, reserva la información que puede ser incómoda a su proyecto de nación, que puede provocar descontento entre sus simpatizantes o lo que es peor, un hartazgo mayor de una ciudadanía que votó por algo distinto.

Al igual que sus antecesores, López Obrador prefiere absorber el costo político por su falta de transparencia que informar a los ciudadanos del quehacer real de su gobierno.

El Mandatario cree que sus conferencias matutinas diarias, llenas de datos imprecisos, chascarrillos, mentiras, reporteros y periodistas” paleros en primera fila, acusaciones sin pruebas, linchamientos de medios y periodistas críticos de su gobierno, suplen su obligación de rendir cuentas a sus gobernados.

En el discurso, el Presidente afirma que la transparencia es una regla de oro de la democracia”; en los hechos, su gobierno no solo oculta información, también entorpece el acceso a la misma, mediante argumentos absurdos y mecanismos legales” que violan el derecho de los ciudadanos de buscar y de recibir información de la administración pública.

El Movimiento de Regeneración Nacional” no contempla el derecho de acceso a la información como un ejercicio que abone a la fortaleza y el desarrollo pleno de nuestra democracia, prefieren salir a la arena pública y decir que las administraciones pasadas eran peores (su tablita de salvación ante la opacidad e ineptitud con la que gobiernan), se escabullen cínicamente ante su responsabilidad de transparentar el uso de nuestros impuestos, como en los programas sociales por ejemplo, plagados de irregularidades, sin control, sin reglas de operación, donde reparten miles de millones de pesos sin ton ni son, bajo el argumento de que los gobiernos neoliberales” tenían a los jóvenes, a los niños, a los indígenas y a los adultos mayores en el olvido. Creen que su intención de otorgar bienestar a una ciudadanía hambrienta de paz y justicia les da el derecho de pasarse normas, mecanismos y leyes por el arco del triunfo.

Presumen ser un gobierno transparente”, cacarean su honestidad valiente” por todo lo alto todos los días, pero reservan la información sobre la construcción del nuevo aeropuerto en Santa Lucía, sobre el estudio de impacto ambiental en Dos Bocas, sobre la matanza en Tepochica, sobre la renta de Bellas Artes para celebrar el cumpleaños del líder de la Iglesia de la Luz del Mundo, hoy preso en Estados Unidos y acusado de delitos graves, entre ellos violación de menores y pornografía infantil. Ocultan la información del fallido operativo en Culiacán que culminó con la liberación de Ovidio Guzmán, el hijo de El Chapo”; del accidente en Puebla donde murieron la gobernadora Martha Erika Alonso y su esposo el senador Rafael Moreno Valle, entre otros.

La administración morenista también hace uso discrecional del presupuesto para programas clientelares disfrazados de apoyos a los grupos más vulnerables de nuestra sociedad.

La administración morenista también es opaca, así como las anteriores, también repudia su obligación de rendir cuentas.

Le quedan cinco años a este gobierno que prometió ser transparente, honesto y distinto. En su primer año, falló. Quien diga lo contrario, miente.

El Presidente que se jacta de informarle al pueblo todo cuanto hace su gobierno, debería de aterrizar ya ante la realidad, antes de que ésta lo devore a él y a su Cuarta Transformación, como a los gobernantes de administraciones pasadas que por más que se esforzaron por reservar información que dejaría en evidencia la corrupción, la ineptitud, la simulación, la indolencia con la que gobiernan, terminaron caminando desnudos, repudiados, exhibidos en su arrogancia de sentirse salvadores de México.

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