Sin mujeres no hay democracia

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Después de que el Congreso de Chiapas le hizo el favor a Manuel Velasco Coello de modificar la Constitución para poder asumir el cargo de senador (el que obtuvo, gracias a una desaseada, por decir lo menos, sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que validó la candidatura como senador plurinominal de Miguel Ángel Mancera) y poder volver como gobernador cuando se le diera su gana.

Después de la ominosa votación a favor por parte de la mayoría de senadores de Morena y del PRI en la Cámara Alta, para concederle licencia al senador-gobernador chiapaneco para que abandonara su escaño como legislador y volviera como “gobernador sustituto” de sí mismo –surrealista, lo sé- Manuel Velasco, tardó más en descender del avión y ocupar de nuevo el cargo como mandatario de Chiapas, que en ser señalado como el artífice del escandaloso caso de las más de 40 mujeres que renunciaron bajo presión de líderes del PVEM, del PRI y otros partidos locales, a sus nominaciones como regidoras y legisladoras, para cederles su lugar a varones.

Ante el flagrante atropello a la ley, a la violación de los derechos de las mujeres que gracias a la paridad de género se garantiza su participación en la vida política de nuestro país con los mismos derechos que los hombres, la condena unánime por la violencia política hacia mujeres chiapanecas se hizo presente y escaló a tal punto, algo digno de observarse, que las legisladoras de todos los grupos parlamentarios unieron voces para exigir castigar la violencia política que se ejerce en esa entidad y en el resto del país.

No puedo dejar de mencionar y aplaudir, la actuación de Blanca Estela Parra Chávez y Laura León Carballo, consejeras del Instituto de Elecciones de Participación Ciudadana (IEPC) de Chiapas, por alzar la voz y visibilizar prácticas totalmente inaceptables que demeritan la lucha por la equidad de género, que empañan el avance histórico obtenido en las urnas en las pasadas elecciones del 01 de julio, que sitúan a México entre los primeros cinco países del mundo en términos de representación de mujeres en el Congreso.

Si el senador-gobernador de Chiapas creyó que también “le saldría barato” (parafraseando a Arturo Escobar, líder de la bancada del PVEM en San Lázaro, en respuesta al “costo político” que le significó ceder cinco diputados del Verde a Morena), se ha topado con pared y al parecer esta vez, no saldrá tan bien librado en su afición de torcer, violar, modificar, pisotear, burlarse de las leyes a su paso por el servicio público. 

El Instituto Nacional Electoral (INE) durante su sesión del Consejo General del pasado 13 de septiembre, votó para atraer el caso de las “Manuelitas” en Chiapas y garantizar que las mujeres electas no cedan sus lugares a varones. Emitiendo una serie de criterios para que se garanticen los principios de paridad sin simulación alguna en Chiapas y en cada una de las entidades del país.

Mientras el senador-gobernador Manuel Velasco ordena que se investigue y se castigue a los responsables de dichos actos -se me viene a la mente la imagen de una serpiente devorándose a sí misma- el consejero presidente del IEPC de Chiapas, Oswaldo Chacón Rojas informó que: “No existe posibilidad de que las regidurías o diputaciones en el estado que corresponden a mujeres sean ocupadas por hombres” y aseguró que la ley se respetará.

Esperemos que este sea uno de los últimos capítulos que nos toque presenciar de gobernadores, de funcionarios y de líderes de partidos políticos que vulneran el principio de paridad establecido en la Constitución, que tantas batallas les ha costado a las mujeres mexicanas para lograr espacios, para ocuparse también ellas de los asuntos más importantes de nuestro país.

Basta de “Juanitas” y “Manuelitas”, basta de simulaciones y de agravios, basta de solapar a gobiernos que se colocan por encima de los derechos de todas nosotras. Sin mujeres no hay democracia.

Modificó la ley estatal a su antojo, se sirvió del Senado que le validó su triquiñuela de irse como senador y volver como gobernador como Juan por su casa, alguien debería ponerle un alto, antes de que les salga la alianza por la culata. 

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