Silencio ensordecedor, silencio cómplice

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El 07 de mayo pasado, la oficina en México del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), presentó su Informe Anual 2018: Avances y desafíos para la niñez y la adolescencia en México, en el que alerta sobre el aumento de homicidios de menores en nuestro país y sobre la normalización del castigo corporal sobre estos como herramienta educativa. Según datos de Unicef, en México, son asesinados cuatro menores de edad a diario, cifra que va en aumento.

La información dada a conocer en dicho reporte, debería tenernos a todos los mexicanos con los pelos de punta, pero vivimos en el país donde los que deberían ser los grandes temas nacionales, los que deberían ser hablados, analizados, masticados una y otra vez, hasta que sean resueltos, se convierten en una especie de archivo muerto para la gran mayoría de la ciudadanía, de los periodistas y del gobierno.

Sepultados ante “la urgencia” de otros temas como: los chistoretes del presidente en sus conferencias mañaneras; a qué personaje de la política, comunicador, del medio artístico o periodista le tocó el linchamiento de la semana en “las benditas redes sociales” por atreverse a expresar sus opiniones en contra o a favor de la nueva administración; o la actividad tuitera de los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, en su nueva vocación de “activistas por México”, donde salen todos los días a defender la patria que saquearon durante sus gobiernos, al país que dejaron bañado en sangre y en medio de una crisis de derechos humanos e impunidad.

Y es que las cifras dadas a conocer en el Informe son aterradoras: el 20% de los desaparecidos en México son menores de edad, el 51% de la población infantil y adolescente vive en pobreza, el 63% ha sufrido alguna agresión física o psicológica, el 33% de los menores entre 5 y 11 años de edad padecen obesidad y sobrepeso, el 18% de los niños de menos de 5 años no tienen un adecuado nivel de desarrollo, 4 millones no estudian, 1.5 millones de estos menores presentan desnutrición crónica y 6 de cada 10 carecen de acceso a la seguridad social.

Un total y espeluznante abandono por parte del Estado el que viven los niños y adolescentes en nuestro país. La espiral de violencia y sangre en la que vivimos desde hace años ha engullido a nuestros niños, a nuestros jóvenes, ante nuestra permisividad, ante gobiernos que lejos de implementar políticas públicas enfocadas en la defensa y protección de sus derechos, se robaron los recursos destinados para la creación de espacios públicos para fomentar los valores, la cultura, el deporte, entre la niñez.

Pero para el presidente Andrés Manuel López Obrador, la información de que son asesinados cuatros menores diariamente en nuestro país, es “una exageración”. Ante los datos difundidos por la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), el pasado 26 de abril en conferencia de prensa, durante la cual, Juan Martín Pérez García, director ejecutivo de dicho organismo, señaló que de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública (SESNSP), en el primer trimestre de 2019 al menos 285 menores fueron asesinados en México, el mandatario respondió: “Ahora hay mucha desinformación o se distorsionan las cosas, tenemos que ser pacientes para escuchar a todos, pero sí se está apostando en algunos casos a la exageración, al amarillismo”.

De nuevo, él tiene “otros datos”. No importa que las cifras que la REDIM dio a conocer sea información oficial, para López Obrador es “amarillismo, una exageración”. Su palabra es la que vale, es la que importa, faltaba más, es el presidente y se callan. Al parecer la información que órganos, dependencias o Secretarías de su Gobierno den a conocer, si no cuadran con sus datos, no valen. Y háganle como quieran.

Mientras le salen las cuentas al presidente, un grupo de niños indígenas del poblado Rincón de Chautla, en Chilapa, Guerrero, se arman con palos y se declaran autodefensas. Hartos de la violencia y de la inseguridad que viven en su comunidad, niños sobrevivientes de masacres, niños víctimas del crimen organizado que domina su estado, niños víctimas de autoridades ausentes, entre el rezago educativo, la pobreza y el hambre, son adiestrados para enfrentar a los criminales que roban, asesinan, violan, masacran a sus padres, a sus tíos, a sus hermanos.

El silencio de la gran mayoría de morenistas ante la difusión del video donde aparecen menores desafiando al narco con palos en sus manos, en el cual advierten que es “su palabra contra la de los sicarios, nos matan a un policía comunitario y vamos por diez sicarios”, es ensordecedor. Vergonzoso.

¿Dónde están aquéllos que ayer apoyaban a los desposeídos? ¿Dónde están aquellos que eran los primeros en brincar ante las causas sociales? ¿Dónde están esos que ayer demandaban a Fox, Calderón y Peña, un alto a la violencia? ¿Dónde quedaron esos hombres, esas mujeres, que exigían a grito pelado, acciones, respuestas, a los gobiernos canallas? ¿En dónde?

Van haciendo historia dejando trozos de dignidad en el camino. El vasallaje que ayer tanto criticaban, lo han hecho suyo. Enterraron su espíritu y pensamiento crítico, para convertirse en una gran familia de pinnípedos que le aplaude absolutamente todo al presidente.

Mientras tanto, informes de la Unicef, de la REDIM y de otras tantas organizaciones civiles y organismos internacionales dan cuenta del horror que viven los menores en México ante una inexistente estrategia de seguridad que proteja la infancia, la Fiscalía General de la República (FGR), recomienda a los padres a través de sus cuentas en redes sociales, tomar muestras de ADN de sus hijos, “en caso de cualquier percance”.

Niños autodefensas, niños que fueron engullidos por la espiral de violencia y sangre que vivimos desde hace años en México, olvidados por el Estado, por la sociedad, por una gran mayoría de ciudadanos que estamos empantanados defendiendo nuestras ideologías, por aquellos que ayer clamaban por justicia, por los que hoy guardan silencio.

Qué cara nos está saliendo nuestra falta de empatía. El desprecio, el cerrar de ojos al dolor del otro. Ocupar los zapatos de las víctimas, debería ser la urgencia nacional.

Como dijo un comunicador con peluca verde y nariz roja: “Al poder se le revisa, no se le aplaude. Al poder se le exigen cuentas, no se le habla al oído”.

Nos urge a todos hacerlo.

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