Silencio cómplice

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Días previos a que Rosario Piedra Ibarra, presentara su Primer Informe de Actividades 2019 como titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, asesinaron a la artista Isabel Cabanillas, joven activista, defensora de los derechos de las mujeres, en Ciudad Juárez, Chihuahua; masacraron a diez indígenas nahuas de la comunidad de Alcozacán, municipio de Chilapa, Guerrero, los emboscaron, torturaron, asesinaron, sus cuerpos fueron encontrados quemados al interior de una camioneta, a raíz de este brutal acontecimiento; niños de entre 6 y 15 años de edad, se armaron y fueron presentados como autodefensas en repudio al asesinato de sus padres, de sus familiares; alrededor de 900 pobladores de San Rafael en Zirándaro, Guerrero, salieron huyendo de su comunidad ante los enfrentamientos de grupos delincuenciales en la zona, abandonando sus hogares, su patrimonio; padres de familia bloquearon avenidas denunciando la falta de medicamentos para las quimioterapias de sus hijos enfermos de cáncer y cientos de migrantes fueron reprimidos en la frontera sur de México por elementos de la Guardia Nacional a punta de toletes y gas pimienta.

Al parecer, ninguno de estos trágicos hechos tienen cabida en la agenda de la presidenta de la CNDH. En su comparecencia ante la Permanente evadió responder a cuestionamientos sobre su omisión ante las violaciones a derechos de los migrantes, cobijada por el aplauso y la complacencia de los legisladores de Morena, quienes incluso le negaron el uso de la palabra al diputado Porfirio Muñoz Ledo, para evitar que presentara un video que documentaba los excesos de la Guardia Nacional hacia los migrantes.

Si todavía nos quedaba alguna duda respecto al porqué Rosario Piedra Ibarra fue colocada al frente de la CNDH, con su penosa comparecencia, ha quedado totalmente disipada.

Rosario Piedra rindió un informe en el que deja en claro que está ahí para apoyar al Gobierno en turno en lugar de denunciar los abusos cometidos por éste. Su prioridad es apoyar el proyecto de nación del hombre que la colocó en el cargo: “yo siento que el pueblo de México es el agradecido, que se queda con ese nuevo sol que hoy alumbra y del cual esta Comisión quiere seguir siendo parte para impulsar ese cambio en nuestro país”, expresó la Ombudsperson ante los legisladores.

Pues al parecer los rayitos de esperanza del “nuevo sol que alumbra” a México, que tiene tan emocionada a la titular de la CNDH, la dejaron bien deslumbrada ya que no logra ver la tragedia nacional que estamos viviendo en materia de seguridad, salud y migración.

Rosario Piedra olvida que la CNDH es un organismo autónomo que debe dar resultados a los ciudadanos, no al Presidente. Cree que su trabajo es bajar sueldos del personal de la Comisión para que nadie gane más que López Obrador, o vender camionetas para ir acorde con la “austeridad republicana” mientras las víctimas siguen exigiendo, suplicando, su atención.

“Tengan la seguridad de que soy independiente de cualquier gobierno”, afirmó la presidenta de la CNDH al concluir su informe, para minutos después guardar un sepulcral silencio ante los cuestionamientos de reporteros sobre las violaciones a derechos de los migrantes por parte de la Guardia Nacional, sobre los niños que tienen que armarse para defender sus comunidades ante la incapacidad del Estado por protegerlos, sobre el asesinato de la activista Isabel Cabanillas. Silencio. Silencio cómplice.

Aceptar un puesto para el que no se está capacitado, es corrupción. Aceptar el encargo de vigilar y promover el respeto de los derechos humanos y guardar silencio cuando estos son pisoteados, es inmoral. Es una infamia.

No nos confundamos, que la actual titular de la CNDH sea hija de la respetada activista Rosario Ibarra de Piedra no es garantía de que se conduzca con responsabilidad y ética en la defensa de los derechos humanos. La dignidad no se hereda, ni se transfiere por decreto.

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