¿Qué significa la democracia?

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El presente texto no pretende ser una opinión tal como lo acostumbramos hacer semanalmente, en esta ocasión, el objetivo fundamental es ilustrativo y a manera de recordatorio, la coyuntura nacional ha generado tal expectativa que la sociedad está ávida y necesitada de encontrar conceptos básicos que les den un marco coherente de interlocución y diálogo, más allá de la frontera del concepto o definición sobre quién es “fifí” y quién no lo es.

En este texto encontrarán definiciones que tal vez han leído en decenas de textos, pero que probablemente el tiempo y el sinfín de asuntos de la vida cotidiana, han erosionado de nuestra memoria.

El concepto conocido en español como democracia tiene sus bases en el antiguo griego y se forma al combinar los vocablos demos (que se traduce como “pueblo”) y kratós (que puede entenderse como “poder” y/o “gobierno”), estamos hablando de la antigua Grecia, en el siglo quinto antes de nuestra era.

En la actualidad, se entiende por democracia al sistema que permite organizar a un conjunto de individuos, en el cual el poder no radica en una sola persona, como solía ser en las monarquías, sino que se distribuye entre todos los ciudadanos. Por lo tanto, las decisiones se toman de acuerdo a la opinión de la mayoría.

Un concepto adicional define la democracia como un conjunto de reglas que determinan la conducta para una convivencia ordenada política y socialmente; en el que se procura el respeto a la dignidad humana, a la libertad y a los derechos de todos y cada uno de los miembros de la sociedad.

Aunque en la práctica, la democracia es una modalidad de gobierno y de organización de un Estado, donde por medio de mecanismos de participación directa o indirecta, el pueblo selecciona a sus representantes, existen varios tipos de democracias:

Cuando las decisiones son adoptadas en forma directa por el pueblo, se habla de una democracia directa o pura; cuando se hace referencia al sistema donde las decisiones son tomadas por aquellas personas a las que el pueblo reconoce como sus representantes legítimos y que fueron elegidos a través del voto de los ciudadanos, estamos hablando de una democracia indirecta o representativa; en el caso en el que el modelo político permite que los ciudadanos se organicen para ejercer influencia directa sobre las decisiones públicas, se trata de una democracia participativa.

Hoy en día, gran parte del mundo ejerce la democracia bajo sistemas representativos, bajo tres modalidades distintas:

  • Presidencialistas: con un poder ejecutivo definido perfectamente bajo la figura del presidente.
  • Parlamentarios: un grupo de personas forman el parlamento en torno al cual giran las acciones de gobierno; existe un presidente pero tiene poderes restringidos.
  • Sistemas colegiados: una combinación entre sistemas parlamentarios y presidencialistas, donde al poder ejecutivo lo integran varias personas escogidas por el parlamento, las cuales van turnándose el cargo de presidentes.

Existen conceptos que hoy en día cobran mayor importancia al hablar de la democracia:

  • Referéndum: derecho del pueblo a rechazar o aprobar las disposiciones de los legislativos.
  • Plebiscito: votación en la que el pueblo responde a una propuesta hecha por el Gobierno sobre temas del estado de interés fundamental.
  • Iniciativa popular: el pueblo presenta al gobierno una propuesta sobre proyectos de leyes o temas de incumbencia política o ciudadana.
  • Revocación: el pueblo puede anular decisiones del Gobierno a través del voto popular y tiene derecho a apartar a determinados funcionarios si no desempeñaran bien su función.

Para que exista una democracia real, de cualquiera de los tipos antes mencionados, es necesario que se cumplan tres aspectos fundamentales: soberanía popular, igualdad y libertad.

La soberanía popular asegura que todos los ciudadanos como seres humanos inteligentes y libres, con derechos y la capacidad de responder obedientemente ante las instituciones establecidas de común acuerdo con los demás.

La igualdad dentro de un sistema democrático, asegura que todos los ciudadanos, por derecho natural, tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones ante la ley.

La libertad en un Estado democrático se refiere al derecho del ser humano para obrar por sí mismo y a decidir sobre sus actos, siempre y cuando su deseo no transgreda las leyes previamente aceptadas, aunque de manera individual se refiere a la esencia de libertad que todo individuo posee desde el preciso instante de su nacimiento.

En pleno siglo XXI, la democracia sigue siendo perfectible y en muchas partes del orbe un anhelo de la sociedad. No es fácil encontrar democracias que funcionen correctamente y muchas veces esto sucede por la falta de participación e interés de la ciudadanía que, en estricto sentido, debería de ser el pilar fundamental del Estado. Este desapego ciudadano ha sido aprovechado por los grupos políticos en el poder, para imponer sus propios intereses, particulares y de grupo, por encima del interés general.

Nos hemos acostumbrado a las “decisiones del Ejecutivo”, nos hemos amoldado a tantas leyes obsoletas y absurdas, dejamos de luchar por décadas, hasta que el hartazgo levantó la voz y recordó que en teoría vivíamos en una república democrática, presidencialista, pero democrática al fin, y la realidad no correspondía al supuesto teórico, en ese momento el anhelo se convirtió en voto y la victoria en fervor.

A propósito de las reacciones después de la consulta sobre el NAIM, sus resultados y consecuencias, dice López Obrador que “la democracia a veces produce inquietudes; sobre todo cuando no hay costumbre, cuando no hay hábito democrático”, esa es una apreciación correcta, también lo es pretender marcar un antes y un después en la relación entre el poder político y el económico, delimitando claramente la frontera entre ambos.

Sin embargo, un altísimo porcentaje, seguramente la gran mayoría, de los treinta millones de votos que tuvo Andrés Manuel, fue por el diagnóstico que tenía del país, de las grandes problemáticas y de las posibles soluciones, pero también por la confianza de sus propias decisiones, sí, hablo de las ejecutivas.

Es tiempo de acostumbrarse a los cuatro conceptos (referéndum, plebiscito, iniciativa popular y revocación), se utilizarán durante el sexenio y tenemos que aprender a vivir con ellos y a ser partícipes, no solo es nuestro derecho, es la forma de inclinar la balanza y de ejercer un poder sin desperdicio, dentro de nuestra democracia.

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