Servidumbre

José de Jesús Orozco. (Imagen de archivo)
- Publicidad -

El pasado martes 10 de marzo el jurista José de Jesús Orozco Henríquez anunció que dejaba el cargo honorífico como miembro del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

En su carta de renuncia dirigida a la senadora Mónica Fernández Balboa, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores, Orozco Henríquez denunció que la gestión de la Ombudsperson Rosario Piedra Ibarra se ha caracterizado por (cito textual):

1) obstrucción a las atribuciones del Consejo Consultivo;

2) desapego e inobservancia del marco legal aplicable, y

3) lo más grave, omisiones que se han traducido en que la CNDH no cumpla cabalmente con la misión constitucional de protección de los derechos humanos de las víctimas, en temas tan delicados como el rezago que enfrenta la institución, la prevención y erradicación de la tortura, la atención a migrantes, periodistas y personas defensoras de derechos humanos, así como el acceso a la salud y abasto de medicinas, por citar algunos”.

La renuncia del jurista se suma a la de Alberto Manuel Athié Gallo, Marieclaire Acosta Urquidi, Angélica Cuellar, María Ampudia González y María Olga Noriega Sáenz, quienes renunciaron como miembros del Consejo Consultivo de dicha Comisión en noviembre de 2019 tras denunciar que el proceso de elección de la nueva titular de la CNDH estuvo plagado de irregularidades y falta de apego a la legalidad”.

Vale la pena recordar las importantes observaciones que estas últimas cuatro exintegrantes del Consejo Consultivo detallaron en su carta de renuncia dirigida a la presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República el 14 de noviembre de 2019:

“Una Ombudsperson carente de legitimidad, será incapaz de establecer una interlocución válida con los distintos actores involucrados en la observación, protección y promoción de los derechos humanos, tampoco podrá generar confianza ni certeza jurídica necesarias para su misión. Una elección como la que la llevó al cargo, sin apego a los indicadores que fueron asumidos voluntariamente por las Comisiones Unidas Responsables del Proceso, y consumada en el Pleno (de la Cámara de Senadores) de manera arbitraria, presagia el sometimiento abierto de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos a quienes actualmente detentan el poder político. En consecuencia, no será posible mantener el Principio de Autonomía de Gestión de la Institución, que le es indispensable para el desempeño de su función”.

La carta de renuncia lo dice todo: la designación de Rosario Piedra Ibarra como presidenta de la CNDH presagia el sometimiento abierto de la institución a quienes actualmente detentan el poder político. Es imposible negar la desastrosa labor de la activista como presidenta de la Comisión en estos cuatro meses que lleva en el cargo, su silencio e inacción ante las constantes violaciones a los derechos humanos de migrantes en la frontera sur y norte de nuestro país, ante la negligencia que ha provocado la muerte de siete pacientes, hasta el día de hoy, a las que les fueron administradas medicamento contaminado en el Hospital Regional de Pemex en Villahermosa, Tabasco, entre otros, ha sido más que evidente. Y es escandaloso.

Abdicar a su obligación de la observancia, protección y promoción de los derechos humanos solo puede entenderse como la subordinación a quien la eligió como la titular de la CNDH. La parálisis de la Comisión ante la crisis de derechos humanos que vivimos es inadmisible. Es una canallada para las víctimas de un país que esperan como respuesta justicia y verdad en medio de la impunidad y violencia que nos azota a diario.

El silencio que guardan los legisladores de Morena ante la oprobiosa gestión de Piedra Ibarra, ante las graves denuncias que hace Orozco en su carta de renuncia como miembro del Consejo Consultivo, esos mismos que hicieron fraude en la votación para imponerla al frente de la CNDH, lo dice todo.

No hay forma de que oculten su servilismo hacia quien desde Palacio Nacional dice casi a diario que respeta la autonomía de las instituciones (disculpen las risas), es más que evidente que son parte de la servidumbre del Presidente.

En noviembre pasado, tras las críticas por la desaseada elección de Rosario Piedra Ibarra como presidenta de la CNDH, el Presidente Andrés Manuel López Obrador desestimó los señalamientos en su contra y afirmó que su nombramiento significaba que el organismo dejaría de ser alcahuete del régimen”, parece que la realidad alcanzó al Presidente y sus palabras se las tendrá que comer una por una. La realidad es un boomerang que no deja espacio para la duda.

Comentarios