Rius, sus inmensas minorías

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Si 1968 es el año oscuro del México moderno y el parteaguas de nuestra democracia, sus ondas expansivas se extendieron varios años.

Después de las Olimpiadas “de La Paz” se persiguió no sólo a líderes estudiantiles sino a sus familiares,  abogados que defendían a los presos políticos y a simpatizantes de la causa estudiantil como la cantante Judith Reyes.

En 1969 el hostigamiento no cesó.

Ese año Rius hacía la revista “Los Agachados”, participaba en “La garrapata” y publicaba cartones en la revista “Siempre!”. El 20 de enero, cuando iba a entregar los originales de su historieta a su editor Eduardo Mendizabal Lizalde, un automóvil con judiciales lo obligó a detener su coche en plena avenida Patriotismo a las doce del día. Intentaron secuestrarlo. Nueve días después lograron su propósito en calzada de Tlalpan.

Eran agentes de la temible Dirección Federal de Seguridad.

Luego de hacerle un tour por varias delegaciones y el famoso Campo Militar número 1,  finalmente lo llevaron a la Zona Militar del Estado de México, donde lo entregaron a  un grupo de Inteligencia Militar.

Lo subieron al Nevado de Toluca y metralla en mano lo llevaron frente a una fosa. Le informaron que lo ejecutarían por haber ofendido al Presidente Díaz Ordaz y a las fuerzas armadas. Pero no lo hicieron.

Una llamada del ex Presidente Lázaro Cárdenas (tío abuelo de Rius) a Díaz Ordaz detuvo la operación. Le dieron “otra oportunidad”. Al notar su desaparición Mendizabal había hablado a su familia y la familia buscó al general.

Los soldados lo regresaron a los judiciales y éstos, en un rapto de sinceridad hilarante, se declararon lectores de la revista. Le pidieron que les firmara unos ejemplares y Zorrilla, su jefe y el presunto ejecutor de Manuel Buendía, le dijo que tenía en su escritorio una novela que quería publicar, que ojalá se la recomendara a un editor.

No me sorprende la persecución contra Rius. Fue, desde Posada, el ilustrador, monero, caricaturista, que más ha influido en la sociedad mexicana.

Ignoro si ha sido el mejor en cuanto a técnica de dibujo. Pero sí el más influyente en una rica tradición de moneros que no es cualquier cosa. Destacar junto al Chango García Cabral, Naranjo, Quezada, Freyre, Audiffred, Helio Flores, no es cualquier cosa.

Tres son, me parece, sus principales aportaciones esenciales y la razón de haberse convertido en un “influencer”  que se adelantó a las redes sociales: 1) haber inventado el ensayo ilustrado o libro-cómic (no la recopilación de historietas); 2) haber sido un maestro generoso con muchos jóvenes moneros, and last but not least , 3) haber hecho de la crítica un principio ético .

Sabía como pocos que la crítica empieza con la autocrítica y que ésta se aplica en todos los planos de la vida.  Por eso sacó de circulación su primer y exitoso libro ilustrado, “Cuba para principiantes” y publicó otro “Lástima de Cuba. El grandioso fracaso de los hermanos Castro”, porque el primero ya no correspondía a lo que estaba pasando en la isla. No le importó la condena de varios sectores de la izquierda.

También intentó hacer otro libro “Qué Chávez tú de Venezuela”, que dejó en proyecto por mera coherencia intelectual. Se lo había comentado a su editor y a un diputado que tenía tratos oficiales con el régimen chavista y cuando estuvo a punto de viajar, se enteró que ya lo esperaba una delegación oficial para llevarlo a todas partes, Random House había organizado varias “pomposas ruedas de prensa” para hablar de su proyecto y así las cosas decidió que no podría hacer un libro “imparcial y creíble” y lo dejó en el tintero.

Si su célebre “Los supermachos” son una maqueta caricaturizada de la sociedad mexicana, con sus mochos y caciques, destripados e ingenuos, la biografía de Rius es la crónica de un país que a trompicones se ha ido instalando en la democracia, no por designios de los gobernantes sino por una sociedad civil dispuesta a exigir y ejercer sus derechos a cualquier precio, como lo hizo el propio Rius.

Rius fue, como decía, un hijo de las minorías: fue caricaturista, comunista, vegetariano, filatelista, lector, ciudadano sin teléfono celular por convicción, consumidor de homeopatía y hierbas medicinales, ateo, defensor del medio ambiente, melómano de Jazz, Bach y Vivaldi, defensor de los indios, peatón, “miembro del Club de los Salmones” que nadan contra corriente, uno de los famosos nacidos para perder, pero no el tiempo. Y eso, estaba seguro, es ganancia.

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