El Reino o el quinto evangelio

AFP PHOTO / JOEL SAGET
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No se revela un misterio al decir que en la novela caben todos los géneros. Lo que no es común, es encontrarse en su lectura la ficción y la no ficción, la autobiografía y el ensayo profundo, las memorias y el humor entretejidos para tensar la narrativa.

Emmanuel Carrère se ha valido del recurso de la no ficción para dar mayor impulso a la ficción que encierran sus páginas desde “El adversario”. Pero es en “El Reino” donde logra su mejor resultado.

Si para los judíos El Antiguo Testamento es “La Palabra”, para los cristianos es El Nuevo Testamento su libro fundamental.

En “El Reino”, Carrère entreteje su conversión al cristianismo y la de Saulo de Tarso transformado en Pablo. Y otra hebra de la que se vale el escritor recientemente galardonado con el premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara es el Evangelio de Lucas. Construye así un quinto evangelio, el del propio novelista que nos cuenta y no su vida.

Lucas es el reportero que como Carrère busca en el cristianismo primitivo el entendimiento de su fe.

Y en su búsqueda, descubre que el reino prometido es el reino que viven los hombres todos los días. Un reino que no tiene valores morales. Es injusto como el padre que premia al hijo pródigo que dilapidó su fortuna y que nunca dio un banquete al hijo que permaneció con él y le obedeció fielmente.

“Las leyes del reino –escribe Carrère– no son, no lo son nunca, leyes morales. Son leyes de la vida, leyes karmicas. Jesús dice: las cosas son así. Dice que los niños saben mucho más que los sabios y que los granujas salen mejor librados que los virtuosos. Dice que la riqueza estorba y que hay que considerar riquezas, es decir impedimentos, la virtud, la sabiduría, el mérito, el orgullo, del trabajo bien hecho”.

Dice el novelista que escribió su libro de buena fe. Que ignora si al escribirlo traicionó al joven converso que acudió a lo divino para salvarse o si a su manera le ha sido fiel.

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