El recuento de los daños: el sexenio más corrupto

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A pesar de que en seis años suceden tantas cosas, si quisiéramos resumir en tres palabras el sexenio de Peña Nieto sería sencillo: corrupción, impunidad y violencia.

Desgraciadamente no estamos hablando de modalidades simples, en este sexenio, que afortunadamente está a un par de días de concluir, se han cometido los actos de corrupción más cuantiosos (decenas o tal vez centenas de miles de millones), cínicos y solapados de toda la historia moderna del país y casi todos han quedado impunes.

En el mismo sentido, cuando la apuesta suponía que nunca se superarían los niveles de violencia que se vivieron en el sexenio de Felipe Calderón, sucedió lo contrario, se rompieron todos los récords de homicidios dolosos en los últimos dos años.

La Administración de Peña Nieto no solo incurrió, también fomentó prácticas de enriquecimiento inexplicable, creó el modus operandi de las empresas fantasmas que distribuyó cuasi formato y toleró la corrupción en muchos espacios que no habían sido trastocados, tanto así, que convirtió a nuestra nación en la más corrupta de América Latina, de acuerdo a cifras de Latinobarómetro.

La corrupción ha llegado a un nivel tan apabullante, que invade la economía familiar de todos los estratos sociales, forzando a que el 33 por ciento del ingreso se diluya en actos de corrupción, de manera directa o indirecta, incluso sin que nos percatemos de ello.

La corrupción es el atajo de las aspiraciones de muchos, es una de las fórmulas predilectas para amasar fortunas, influencias y poder, -esta gavilla nos lo ha dejado más que claro- no tiene color de preferencia y se cultiva en el jardín de todos los círculos de poder y en los tres niveles de gobierno, de la misma forma que ocurre en la iniciativa privada.

Ciertamente, la corrupción no la inventaron en esta Administración, existe desde hace siglos, sin embargo, ha sido en este periodo cuando más ha permeado en la sociedad en su conjunto, tanto, que muchos de los personajes acostumbrados a vivir de la corrupción gubernamental se sintieron desplazados, “llegaron por todo y no nos dejaron nada” dicen algunos, en una cínica versión privada.

Al enumerar los casos de corrupción de este sexenio, que ocuparía gran parte de este espacio, nos podemos dar cuenta que le dieron rienda suelta a su voracidad y a su pequeñez al mismo tiempo, demostraron que su único interés para obtener el poder, era tener el gran botín, y lo lograron. No les preocupó perderlo de nuevo, solo les importaba encontrar la forma de salir impunes y hasta ahora siguen intactos.

Finalmente, ya se van, pero con las carteras y carretas llenas, dejando más de cincuenta millones de pobres hambrientos y un estado de putrefacción en la mayoría de las estructuras públicas; nos han heredado no solo una gran deuda monetaria, también un país fragmentado, con esperanza, pero cayéndose a pedazos.

Sin desperdicio y sin temor a equivocarme, puedo afirmar que este sexenio, el de Peña Nieto, ha sido el sexenio más corrupto, ¿les vamos a permitir huir impunes?

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