Ramón Xirau: poesía y conocimiento

En Xirau, poesía y filosofía nos acercaban al terreno de lo sagrado. Por eso en sus ensayos la voz del poeta ilumina sus reflexiones filosóficas y en sus poemas el saber está cargado de emoción.

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La poesía, me dijo Ramón Xirau hace tiempo -mientras mirábamos los brotes de una enredadera afuera de su casa-, es una forma de conocimiento, una forma de saber más intuitiva. 

En Xirau, poesía y filosofía nos acercaban al terreno de lo sagrado. Por eso en sus ensayos la voz del poeta ilumina sus reflexiones filosóficas  y en sus poemas el saber está cargado de emoción. 

Su amigo Octavio Paz, quien le había ofrecido dirigir la revista “Plural”, decía que era un hombre puente: el crítico se alimentaba de las intuiciones y visiones del poeta y el poeta se probaba a sí mismo en las reflexiones del pensar filosófico.

Pero su definición como hombre puente no se limitaba a eso: también unía dos idiomas (el catalán y el castellano) y diversas generaciones poéticas, modernismo y postmodernismo, vanguardia y poesía contemporánea.

Su transitar entre esos mundos diversos nos permitió ver un paisaje que no habíamos imaginado.

Xirau fue hijo del exilio español.

Llegó a México al término de la guerra civil española en agosto de 1939. Tenía 15 años y el recuerdo de los días terribles: “No se puede dudar, era la tarde/del 36./ (Íbamos por la Rambla de Figueras. Supimos/ de la muerte de Lorca, nuestro Lorca)”.

Publicó en 1951 “10 poemas” y en 1955 “L’espill soterrat” con prólogo de Agustí Barta y una viñeta de Ana María Icaza que se convirtió en su compañera de vida.

Xirau escribía poemas en catalán y ensayos en español. Por fortuna, El Colegio Nacional publicó en 2013  su poesía completa en dos tomos.

El exilio influyó fuertemente su poesía. Aparecen sus paisajes de infancia: aves, vegetaciones, mares. Es, si se quiere, una poesía de lamento, de nostalgia, de lo que fue: evocación de lo perdido.

Muchos años después volvió a esos lugares y fueron lugares imaginarios porque ya no están.

Memoria e imaginación son privilegios del presente. Ese parpadeo que al nombrarlo ya no está. Terreno de lo sagrado.

Cuatro son, me parece, sus libros esenciales (publicó medio centenar): “Poesía y conocimiento”, “Sueño y razón en Descartes”, su ya clásica “Introducción a la filosofía” que se ha convertido en libro de texto y su “Poesía completa”.

Todo poema, decía Xirau, es visible, no explicable. 

El poeta calla para que puedan vivir libremente los poemas, para que el lector encuentre en el poema “imágenes y conceptos que el autor a veces ignora”.

“Hoy es mucha la noche/no ya principio de la Primavera./Brillan las costas en la tarde/y el mar es puro/ Antes quizá/ todo era vida”.

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