¿Quién, en su sano juicio, se atreve a defender a Rosario Robles?

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Desde hace años he seguido de cerca la trama de Rosario Robles, me refiero al papel que desempeñó durante el trágico sexenio de Peña Nieto, que se resumió en tres palabras: corrupción, impunidad y violencia.

Me queda muy claro que la administración de Peña Nieto no solo incurrió, también fomentó prácticas de enriquecimiento inexplicable, creó el modus operandi de las empresas fantasmas, corrompió a instituciones como las universidades públicas y toleró la corrupción en muchos espacios que no habían sido trastocados, tanto así, que convirtió a nuestra nación en la más corrupta de América Latina, para finales de su sexenio.

No podemos olvidar que la corrupción es el atajo de las aspiraciones de muchos, es una de las fórmulas predilectas para amasar fortunas, influencias y poder -y la gavilla de la pasada administración nos lo dejó más que claro- no tiene color de preferencia y se cultiva en el jardín de todos los círculos de poder y en los tres niveles de Gobierno.

Sin embargo, Rosario Robles, por voluntad propia, se convirtió en un artífice y en uno de los personajes más oscuros y cínicos de la pasada administración; no es un “chivo expiatorio”, ni las acusaciones en su entorno son un circo, la exsecretaria de la Sedesol y la Sedatu tampoco es solo un peón en el tablero político de quienes están por encima de ella, aunque definitivamente estén dispuestos a sacrificarla.

Yo no tengo la menor duda de que en el esquema de corrupción del sexenio pasado hay cerebros maestros, reyes y reinas, que esperemos puedan dar con ellos y vincularlos a proceso, muchos personajes que puedan estar por encima de Rosario Robles, pero de eso a que ella sea un peón, hay una enorme distancia, ella ha gozado del poder, del abuso y la opulencia de la pasada administración.

Tal vez el hecho de abrir un proceso en contra de Robles Berlanga y que esté en prisión, aunque sea de manera preventiva, no implique investigar más a fondo y más arriba (espero que no sea el caso), sin embargo, en su contra hay suficientes elementos contenidos en las investigaciones y denuncias ya presentadas por la Auditoría Superior de la Federación con relación a las dos Secretarías de las cuales fue titular, así como toda la investigación de la llamada “La Estafa Maestra”, para condenarla; definitivamente no se trata de un “chivo expiatorio”.

Son estas las razones por las cuales me tiene sorprendido que, después de que el juez Felipe de Jesús Delgadillo la vinculara a proceso y ordenara prisión preventiva justificada, por estimar que existe el riesgo de que se sustraiga de la justicia, haya quien la vea con empatía, con pudor y que hayan sido conmovidos por sus lágrimas; parecieran olvidar que los miles de millones de pesos “extraviados” estaban destinados a mejorar las condiciones infrahumanas de los más jodidos de este país, los que no tienen techo donde refugiarse y siguen muriendo de hambre; esos actos no merecen ningún tipo de misericordia.

Ella, junto con su defensa, plantearon una estrategia jurídica que simplemente no fructificó; la víctima y abnegada de “faldas bien puestas” que siempre daba la cara porque según sus propios dichos en múltiples entrevistas no había pruebas que la involucraran y creía no haber firmado ningún convenio, que “no tiene capacidad económica” para darse a la fuga, aunque es de todos sabido que no estaba en el país, no convencieron al juez.

En lo personal, hago votos para que en los próximos meses la Fiscalía General de la República tenga la capacidad de recabar todas las evidencias necesarias y presente los suficientes testigos dispuestos a testificar en su contra, con el objeto de que Rosario Robles sea condenada por los delitos cometidos, que en mi juicio, no tengo ninguna duda razonable en sentido contrario.

Adicionalmente, es de vital importancia lo que de la audiencia se desprendió: Rosario Robles sí informó al expresidente Peña Nieto sobre las presuntas irregularidades detectadas por la Auditoría Superior de la Federación y que se cometieron con el esquema de  “La Estafa Maestra”. La comunicación entre ella y el expresidente ocurrió por tres vías: en reuniones de gabinete, giras de trabajo en las que coincidieron y vía telefónica a través del llamado “teléfono rojo”, afirmó la defensa de la exsecretaria en la audiencia, con lo que ya queda implicado Peña Nieto.

De la misma forma, los abogados de Robles Berlanga también afirmaron que José Antonio Meade fue advertido de las irregularidades detectadas por la ASF en el acta de entrega recepción de la Secretaría de Desarrollo Social, el 27 de agosto de 2015, cuando el excandidato presidencial asumió la titularidad de la dependencia y ella fue nombrada titular de Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano:

“En el contenido del acta se estableció e informó el estado en el que se encontraban los señalamientos de la Auditoría y los procesos abiertos de fiscalización, y que deberían ser tomados en cuenta por el nuevo titular”, dijo Óscar Ramírez, uno de los abogados defensores de la hoy vinculada a proceso. 

De manera categórica el juez pidió a la defensa entregar copia certificada del acta de entrega recepción de la titularidad de la Sedesol, entre Rosario Robles y José Antonio Meade realizada en esa fecha, a más tardar el próximo 16 de agosto.

Y la cereza del pastel: Juan Manuel Portal, quien era el titular de la Auditoría Superior de la Federación, relató que tuvo hasta cinco reuniones con Robles Berlanga, entre 2014 y 2017, para señalarle las irregularidades de  “La Estafa Maestra”, y que también el expresidente Enrique Peña Nieto había sido alertado, además de la Secretaría de la Función Pública.

Las puertas de Santa Martha Acatitla se abrieron, esperemos que la “Caja de Pandora”, también.

Por eso pregunto: ¿Quién, en su sano juicio, se atreve a defender a Rosario Robles?

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