Puertas giratorias

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Nadie puede dudar que operativos policiaco-militares como el que fallidamente intentó llevarse a cabo hace un par de semanas en Culiacán, deben hacerse contando con toda la información posible, previendo desde el mejor, hasta el peor de los escenarios y realizarse en horarios y circunstancias que pongan en el menor riesgo posible a la población civil.

Así quedó demostrado con el que -toda proporción guardada-, tuvo lugar en el barrio de Tepito de la Ciudad de México, apenas unos días después del fracaso de Culiacán.

Sin embargo este último, a pesar de que todo indica que fue planeado con base en fuentes de inteligencia confiables y atendiendo las premisas arriba señaladas, terminó volviéndose un petardo que le explotó en las manos al nuevo jefe de la policía capitalina Omar García Harfuch, ya que el juez de instrucción del caso  liberó, casi de inmediato, a la gran mayoría de los presuntos delincuentes capturados durante el operativo.

A pesar de que casi todos los detenidos -ahora libres-, cuentan con antecedentes penales y múltiples ingresos a reclusorios, fueron dejados en libertad ya fuera por falta de pruebas o inconsistencias en los informes presentados ante el juez por la policía, y la procuraduría de la Ciudad de México, según el dicho del propio juzgador.

El fantasma de la impunidad sigue rondando en la ciudad, a pesar del eficiente trabajo que ha comenzado a realizar el hijo del otrora temido jefe de la Dirección Federal de Seguridad de la Secretaría de Gobernación, Javier García Paniagua.

Lo anterior es prueba de que el talón de Aquiles de nuestro sistema legal en materia de seguridad pública, más allá de operativos mal planeados y de la indudable fuerza y organización de los delincuentes, está sin duda en la falta de adecuados protocolos de actuación por parte de la policía y en las áreas de procuración de justicia, por lo que respecta al debido proceso y a la integración de carpetas de investigación.

Si a eso se le añaden la venalidad de los jueces corruptos o las amenazas que sobre ellos o sus familias puedan pesar por parte del crimen organizado, el círculo se cierra para convertir las entradas y salidas de los reclusorios en puertas giratorias, como las que suelen instalarse en muchos hoteles. Más tardan en entrar, que en estar de vuelta afuera celebrando su liberación y compartiendo festivamente el suceso en las redes sociales.

En un reciente y alarmante artículo de investigación, la revista Proceso informó que en los últimos doce años, de más de doscientos narcotraficantes detenidos, solo fueron sentenciados trece de ellos. Ya sea por que cuentan con recursos financieros infinitos para pagar costosos abogados,  por cuestiones de corrupción o por defectos y carencia de pruebas suficientes para incriminarlos, el hecho es que la gran mayoría de quienes son detenidos por delitos leves o graves, desde el robo simple hasta el secuestro y el homicidio tienen grandes posibilidades de que sus crímenes queden impunes.

El reto para vencer la inseguridad pública y abatir los índices delincuenciales es sin duda enorme, pero un componente esencial en la complicada ecuación lo es sin duda la capacitación y depuración de los cuerpos de policía y de los agentes del Ministerio Público tanto federales como locales, solo así podrán verse resultados tangibles para que en algún momento puedan obtener el reconocimiento, el respeto y la confianza de los ciudadanos decentes.

De muy poco sirven los sacrificios y esfuerzos de nuestras fuerzas armadas y de policías preparados y comprometidos con su trabajo, como parece estarlo demostrando Omar García Harfuch, si la parte técnico-jurídica no es reforzada de forma paralela con las funciones operativas de prevención y persecución del delito.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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