El PRI y Meade pretenden insultar nuestra inteligencia

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El fin de semana pasado, el precandidato presidencial del PRI, José Antonio Meade, planteó a sus adversarios políticos impulsar en el Congreso una reforma para aplicar la pena máxima de cárcel a los políticos corruptos.

El aspirante escogió precisamente la tierra del exgobernador priista de Quintana Roo, Roberto Borge, encarcelado por innumerables actos de corrupción, para dar su discurso en el cual consideró que existen pendientes en materia de corrupción que los precandidatos o coaliciones pueden promover desde ahora.

La iniciativa que propone hace planteamientos muy concretos:

Cárcel con pena máxima ampliada para los corruptos y confiscar dinero, propiedades y bienes de funcionarios que hayan incurrido en actos de corrupción, no solamente los que estén a su nombre sino también aquellos en donde se ostenten como propietarios, aunque los tengan registrados por terceros; crear una instancia que certifique las declaraciones patrimoniales y de impuestos de funcionarios, a fin de que exista consistencia y una “evolución lógica” entre los cargos desempeñados, los ingresos obtenidos, así como los bienes y recursos con los que se cuente; en el mismo tenor, plantea que los funcionarios que no puedan acreditar su patrimonio, este les sea confiscado de manera inmediata.

Con un discurso por demás populista y demagógico, del mismo estilo de los que tanto critican, trillado y lo que es peor, con un penetrable tufo a falso, afirmó:

“El combate a la corrupción no puede esperar, por lo que hago un llamado también a los otros precandidatos, a las otras coaliciones y a los otros partidos políticos, a que también se sumen e impulsen esta iniciativa”.

Entre líneas o de manera evidente, como usted guste verlo, ofreció al electorado que todo lo que hemos visto, protagonizado en su mayoría por el grupo de poder que lo ha postulado, ya no volvería a pasar, en caso de ganar la elección.

Porque si la gramática no me engaña, no se refiere al presente, mucho menos al pasado porque ninguna ley en México es retroactiva en perjuicio del acusado y porque hoy, a pesar de ser solo precandidato ya está “empeñada” su palabra.

Ante los hechos, honestamente ¿usted le cree?

Tres días después, el PRI y Meade sorprendieron a la opinión pública y maravillaron a sus comunicadores habituales con un nuevo spot que plantea una nueva estrategia y que incluye una astuta provocación a sus contrincantes.

Luego de varios meses de críticas de la dirigencia nacional del PRI en contra de la oposición sin ningún resultado favorecedor, dan un giro de 180 grados en su estrategia y se comprometen a mantener un tono conciliador durante la contienda electoral de este 2018.

El coordinador de campaña Aurelio Nuño, aseguró en un tour de medios que, con esa nueva estrategia, pretenden marcar una diferencia con respecto al resto de los contendientes.

Sin embargo, el exsecretario, ni tardo ni perezoso, insistió en acusar al panista Ricardo Anaya y al líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, de generar encono y división: “Aquí es donde se empieza a ver uno de los mayores contrastes de la campaña y de la visión de país: tener a Anaya y a López en una visión de dividir al país, de buscar ganar generando encono y odio”, afirmó.

Nuño intentó explicar la razón del nuevo spot de Meade, en donde asegura que los ciudadanos están hartos de los ataques entre precandidatos, algo así como el planteamiento de la “República Amorosa” del 2011.

En discursos y entrevistas, todo el equipo de campaña, empezando por el propio precandidato Meade, el coordinador Aurelio Nuño, el vocero Javier Lozano, así como el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa, han descalificado a los contendientes de la oposición, a quienes han acusado de traidores, de proponer locuras, de actos de corrupción y hasta de recibir financiamiento “putinesco”, además de orquestar vía algunos medios, el inicio de campañas negras y de miedo, tan burdas que terminan jugando en su contra.

Definitivamente tanto Peña Nieto, el PRI y el propio Meade tienen derecho de hacer todos los esfuerzos que crean pertinentes con tal de darle un rumbo a su campaña electoral, que hasta el momento solo va dando tumbos y pena ajena, sin embargo, es una verdad absoluta la que señala que el valor de una afirmación, cualquiera que esta sea, radica en la credibilidad del emisor del mensaje, por lo tanto en este caso se reduce a un solo cuestionamiento:

¿El PRI aún tiene credibilidad?

Le toca a cada quien analizar, evaluar y emitir su propio juicio, en mi caso solo me resta recordarles el título de una fábula de Esopo, sin desperdicio…

“El lobo con piel de oveja”, ojalá tenga el mismo final.

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