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Universalmente, los políticos profesionales, como lo son Margarita Zavala y Ricardo Anaya, tienen dos características muy importantes.

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La semana pasada les comenté en este espacio que la carta de tres aspirantes a la Presidencia dirigida a los líderes de los partidos que conforman el Frente Ciudadano por México era una carta fatal, es decir determinante.

Días después de este emplazamiento, se reunieron Ricardo Anaya y Margarita Zavala para discutir el tema del método de selección del candidato a la Presidencia.

Ella insistió en que la selección del PAN fuera de acuerdo a los procedimientos establecidos en ese partido; Anaya alegó que se haría conforme a lo que se acuerde en el convenio de coalición electoral que el Frente deberá presentar a más tardar el 13 de diciembre.

Como era lógico, la ruptura fue inevitable.

Ello, porque estamos hablando de políticos profesionales que se disputan la misma candidatura, cada uno defendió la opción que le daba más posibilidades para ser el candidato presidencial del PAN y del Frente.

El desenlace fue que a escasas setenta y dos horas después de este desencuentro, tras analizarlo con su almohada, Margarita renunció al PAN y anunció que buscará una candidatura independiente a la Presidencia de la República.

Para entender a estos dos personajes hay que partir de una premisa fundamental en el comportamiento político de los seres humanos.

Universalmente, los políticos profesionales, como lo son Margarita Zavala y Ricardo Anaya, tienen dos características muy importantes. Primero, solo saben hacer política o, dicho de otra manera, nunca estarán satisfechos con otro tipo de actividad. Y, segundo, por ello dedican su vida y toman sus decisiones con el objetivo de lograr la mejor continuidad posible a su carrera política.

Ambos, se han dedicado al menos los últimos dos años a tratar de ser el candidato a la Presidencia del PAN y en su caso del Frente, con posibilidades efectivas de competir en las elecciones constitucionales.

Para bien o para mal, ambos hasta ahora lo han logrado.

El problema es que se trata de un solo puesto y el premio de consolación para el perdedor siempre es muy incierto. Por eso, tarde o temprano la legítima ambición de ambos era incompatible y, simplemente, llegaron al límite.

De inmediato ya se levantaron dos encuestas, son muy preliminares y sus resultados son tan diferentes que con la información que arrojan no es posible sacar conclusiones.

Para el Gabinete de Comunicación Estratégica, Margarita como independiente tiene hasta 22% de la intención del voto, en tanto que en el estudio de Buendía&Laredo, ella hoy solo tiene 8%.

Lo cierto es que Margarita no tiene un mal punto de partida, y que sin el apoyo de los partidos sí la tiene muy cuesta arriba.

Quizá, su apuesta todavía pudiera ser fortalecerse rápido como independiente y que, en el remoto caso de que en el convenio de coalición electoral del Frente sí hubiese un mínimo espacio para la competencia democrática por la candidatura para que ella intente competir.

Sin embargo, hasta ahora las señales han sido claras: Margarita y Felipe Calderón tienen el veto de los dirigentes del Frente; y, hasta ahora, el dueño de esa candidatura se llama Ricardo Anaya.

Nacho Marván

[email protected] 

@Marvan51

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