Entre el populismo y la ocurrencia

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                                    “De todos es errar; sólo del necio perseverar en el error”. Cicerón.

Todo indica que al Gobierno de López Obrador se le hizo bolas el engrudo -por decir lo menos- en su afán de hacer historia y transformar al país. Y es que, una cosa es que el Presidente de México muestre astucia para marcar la agenda y tener a una gran mayoría de medios, periodistas, analistas y ciudadanos hablando de nimiedades todos los días, y otra, es gobernar con inteligencia, capacidad y responsabilidad a la nación.

Mientras unos celebran todos los días el diálogo circular” del Presidente con los periodistas y reporteros que cubren sus mañaneras, otros, atónitos presenciamos el decadente espectáculo que monta Presidencia para mantener informado al pueblo sabio”.

Para los primeros, las conferencias matutinas del tabasqueño son la quintaesencia de la comunicación social entre el Primer Mandatario del país y los medios de comunicación; para los segundos, no pasa de ser un circo mediático en el cual el Mandatario, desde la comodidad que le permite el servilismo de varios de los medios ahí presentes, cree que el atril presidencial es igual a la tarima desde la cual lanzaba arengas en campaña. Y así llevamos un año.

Este diario y grotesco espectáculo propagandístico hace de lado la tragedia nacional que vivimos en materia de seguridad.

El Presidente posiciona temas intrascendentes desde Palacio, mientras su Gobierno improvisa y su gabinete le aplaude. Mientras su Administración deja sin medicamentos a enfermos de VIH y a niños con cáncer. Mientras sus incondicionales van ocupando los cargos más importantes del país. Mientras van destruyendo la autonomía de instituciones a la par que agudizan la crisis en salud por su falta de planeación y estrategia.

Nos gobiernan a punta de ocurrencias y desde el resentimiento. ¿Por qué tanto desprecio por la técnica y el conocimiento? Pidieron el voto para transformar al país, pero llegaron a demolerlo todo sin importarles que los más afectados serían los grupos más vulnerables de la sociedad: niños, pobres, indígenas, mujeres, adultos mayores. Esos mismos grupos que defienden tanto en el discurso pero que ignoran cuando reclaman sus derechos. Piensan que al construir” sobre las ruinas que están dejando, el país será a partir de ellos. El país ya existe. El Estado no es López Obrador o Morena. México es, no nace a partir de su llegada al poder. Su proyecto de nación está erosionando libertades, está socavando la autonomía de las instituciones que costaron años de lucha, sudor y sangre a los mexicanos. Está agudizando la crisis de derechos humanos que ya vivíamos desde hace años.

En conferencia de prensa, en junio del año pasado, Andrés Manuel afirmó: No crean que tiene mucha ciencia el gobernar, eso de que la política es el arte y la ciencia de gobernar, no es tan apegado a la realidad”. ¿Con qué razón se le ocurrió que para deshacerse del avión presidencial, es buena opción vender seis millones de cachitos de la Lotería Nacional para rifarlo”? ¿Con qué razón desaparecieron el Seguro Popular sin tener antes un sistema superior para suplantarlo? ¿Con qué razón designa como Secretario de Seguridad, de Salud, o de Gobernación, a ineptos?

Tenemos un Presidente que si bien ha recorrido gran parte del territorio nacional como ningún otro, y conoce” de primera mano las necesidades del pueblo, cree que para gobernar basta y sobra con el aplauso de sus gobernados.

Entre el populismo y la ocurrencia se fue el primer año de gobierno de López Obrador. Si no hay un golpe de timón en la forma errática e improvisada en la que nos gobiernan, la Cuarta Transformación será como esas buenas intenciones de las que está empedrado el camino al infierno.

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