Penosa, pequeña, patética, la oposición que tenemos

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A siete meses de las elecciones presidenciales del 1 de julio del año pasado, a siete meses de la debacle electoral de los tres principales partidos, tradicionalmente mayoritarios, PRI, PAN y PRD, al parecer la tunda que les propinó la ciudadanía en las urnas, les ocasionó secuelas graves y permanentes.

Y es que, a dos meses de la nueva Administración morenista, la oposición en nuestro país, todo indica, se encuentra aún, en terapia intensiva.

Los partidos opositores al nuevo Gobierno, han quedado tan disminuidos en su poder y en credibilidad, que no logran articular acciones efectivas para posicionarse como el contrapeso necesario que nuestra endeble y lastimada democracia necesita.

Su falta de sintonía con la gran mayoría de los ciudadanos es evidente; recientes encuestas colocan la aceptación de la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador por las nubes.

Según una encuesta publicada el 7 de febrero pasado por el diario El Financiero, López Obrador goza del 86% de popularidad entre los mexicanos tras su plan contra el robo de combustibles, medida que obtuvo, pese a las molestias generadas por el desabasto de gasolina, un 80% de opiniones favorables.

Mientras los partidos de oposición, atolondrados, no logran lanzar un hit. Toda la “experiencia” que acumularon durante décadas de ser gobierno, ha quedado totalmente menguada. Les está costando, y mucho, reaccionar y accionar como una oposición comprometida con los intereses del ciudadano y por el bien de México, siguen empecinados en sus luchas partidistas internas, peleando y repartiéndose los restos de sus partidos.

Se han vuelto obtusos, lejos de entender el mensaje que la ciudadanía les mandó en las urnas el 1 de julio de 2018, siguen por la misma ruta que los llevó a unos a perderlo todo.

Mientras unos le apuestan todos los días al fracaso del nuevo Gobierno, otros, pareciera, que han renunciado a ser un contrapeso real, han tirado la toalla en medio del ring del quehacer político.

La nula capacidad de la oposición para capitalizar los yerros del nuevo Gobierno, causa pena. No pasan de ser gritos histéricos lanzados desde sus cuentas en redes sociales, en columnas, en artículos de opinión que se vuelven intrascendentes en el día a día de una ciudadanía que los sacó a patadas del poder por corruptos, por miserables, por incapaces, por ladrones.

Me viene a la mente una frase de Juan Carlos Lemus, periodista guatemalteco: El abuso de poder entra gracias a la docilidad de los dominados. La oposición no manifiesta es nula”.

Qué preocupante que los partidos opositores en nuestro país muestren tantos signos de cobardía, de falta de voluntad política, de responsabilidad ante una parte del electorado que no votó por Morena y que esperan verse representados por ellos.

Qué penosa, pequeña y patética la oposición que hoy tenemos.

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