Pemex esconde el impacto ambiental de Dos Bocas

A inicios de semana se conoció una versión pública de la MIA, que ya dejaba ver los grandes daños que provocará a la zona, pero los datos más duros son ocultados por la petrolera

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Argumentando que es información reservada, Petróleos Mexicanos (Pemex) ocultó el alcance que tendrán los impactos ambientales que deriven de la construcción de la refinería de Dos Bocas en Paraíso, Tabasco.

A pesar de que la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) de la refinería, que promueve Pemex ante la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) reconoce que las obras tendrán afectaciones en agua, aire, fauna, suelo, vegetación geomorfología del sitio, su dimensión fue clasificada como información reservada.

Pemex asegura que dicha información puede incrementar el costo de las operaciones financieras e incluyen opiniones que forman parte del proceso deliberativo.

Además, señala que es información que se refiere a aspectos que le permiten a la Secretaría de Energía (Sener) planear la realización de actividades estratégicas prioritarias a cargo del Estado.

Entre la información reservada están las tablas que describen las especies de fauna que serán desplazadas, el análisis de la cobertura vegetal del sitio que será impactada.

Así como los volúmenes de agua que se requerirán para las obras y operación de la refinería, así como aquellas que describen el número de hectáreas en las que se requiere obtener un permiso de cambio de uso de suelo.

Entre los impactos ambientales que se guardan con más recelo es la estimación del volumen total de emisiones atmosféricas y de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que se generarán en las diferentes etapas del proyecto.

Pemex reconoce que se generarán emisiones de GEI por dióxido de carbono, metano y óxidos de nitrógeno y que tendrán un impacto en la población local.

En su defensa, dice que para mitigar tal impacto las emisiones serán monitoreadas con base en la normatividad aplicable para fuentes fijas y se contará con el Registro de Emisiones y Transferencia de Contaminantes (RETC) que se reporta a la autoridad.

Y promete que una vez que la refinería esté operando, uno de sus objetivos será reducir la cantidad de contaminantes atmosféricos al generar combustibles de bajo contenido de azufre y utilizar sistemas de control de emisiones.

Por supuesto que busca ocultar el volumen total de residuos que se generarán en la etapa de preparación del sitio y en la construcción de la refinería, pues de entrada reconoció que en esas dos etapas se generará una “gran cantidad” debido a las demoliciones que se realizarán de la infraestructura existente.

Aunque, para aligerar el impacto, dijo que buscarán proveedores de servicios que puedan proporcionar un manejo adecuado y se integrará un Plan Integral de Manejo de Residuos.

Ni hablar de que revelara las tablas que proyectan el análisis de riesgo, las cuales se emplean para advertir los impactos ambientales que deriven de las principales causas de accidentes en las plantas químicas, tanques de almacenamiento, compresores, entre otros.

La MIA fue elaborada por el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y corresponderá a la ASEA determinar si otorga o no la autorización de impacto ambiental.

Cabe recordar que el 18 de junio, ASEA dio a conocer una versión pública de la MIA, donde se reconoce que las obras alterarán la calidad del agua de consumo humano, la calidad del agua que se infiltra al subsuelo, la calidad del agua de lluvia, generará emisiones atmosféricas, y provocará el desplazamiento de fauna.

Sin contar que en el predio donde se proyecta la construcción de la refinería, ya fueron desmontadas ilegalmente 300 hectáreas de selva y manglar.

(Con información de Reforma)

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