Parra, el sobreviviente que nos sobrevivirá

AFP PHOTO / Víctor ROJAS
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Debemos al periodista Andrés Gómez Bravo, del diario La Tercera, el rescate de una  anécdota que retrata como pocos a Nicanor Parra: 

Invitado por la Biblioteca del Congreso en Estados Unidos, el autor de los famosísimos antipoemas viajó a Washington y realizó una visita a la Casa Blanca. Fue recibido por la Primera Dama, Pat Nixon. 

La foto del encuentro, escribe Gómez Bravo, “recorrió el continente y el gobierno cubano le retiró a Nicanor Parra una invitación como jurado del Premio Casa de Las Américas de La Habana”.

Aunque Parra dijo que la visita era de carácter cultural y lanzó un “¡viva la lucha antiimperialista de los pueblos oprimidos, viva la revolución cubana!”, el Gobierno de la isla mantuvo el veto y el secretario de la Sociedad de Escritores de Chile, Luis Merino Reyes, lo descalificó con un “es un ególatra y sexagenario hippie”.

A Parra no le importó el linchamiento que le hizo la izquierda. La derecha lo había hecho ya por satirizar a la Iglesia, y la Academia le había aplicado el ninguneo.

Para Parra, los verdaderos enemigos de todo eran los “tontos solemnes” de izquierda y de derecha, y tenía razón.

Roberto Bolaño sintetizó muy bien  esa vida intensa de Nicanor que lo mismo magnetizaba a muchos y a otros provocaba repulsa:

“Parra ha conseguido sobrevivir. No es gran cosa, pero algo es. No han podido con él ni la izquierda chilena de convicciones profundamente derechistas ni la derecha chilena neonazi y ahora desmemoriada. No han podido con él la izquierda latinoamericana neostalinista ni la derecha latinoamericana ahora globalizada y hasta hace poco cómplice silenciosa de la represión y el genocidio. No han podido con él ni los mediocres profesores latinoamericanos que pululan por los campus de las universidades norteamericanas ni los zombis que pasean por la aldea de Santiago. Ni siquiera los seguidores de Parra han podido con Parra”.

Debo decir que aunque no soy muy devoto de las críticas del académico Harold Bloom sobre literatura por su visión parcial y su tono de obispo, me gustó saber que admiraba a Nicanor Parra, aunque confesaba no estar muy convencido de entenderlo del todo.

Pese a ello, el estadounidense creía firmemente que el escritor recientemente fallecido se había convertido en un poeta esencial junto a Walt Whitman.

Parra, lo sabemos, más que poeta se consideraba un antipoeta porque “los poetas lloran y los antipoetas ríen”.

Las risas que han arrancado sus poemas y sus presentaciones son más que eso: hacen pensar, hacen sentir al mundo de otra manera.

Si Neruda, como dice Jorge Edwards, da cobijo en sus versos, por ejemplo, a las palomas y las mariposas, Parra lo hace con la chinche y con la pulga, con esa otra parte del mundo que también forma parte de él.

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