El PAN se desmorona

Lo que en apariencia fue el primer triunfo del ya iniciado proceso electoral que viviremos en plenitud como sociedad durante todo el 2018, no es sino una victoria pírrica.

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El veterano partido político que naciera en 1939 como contrapeso al entonces PNR oficial, aquel que fuera paradigma de una oposición seria, propositiva y en el que la clase media mexicana vio durante décadas una opción viable y responsable ante los sucesivos gobiernos priistas, parece ahora un barco sin rumbo claro.

El partido fundado por Manuel Gómez Morín, el de intelectuales de la talla de Carlos Castillo Peraza y luchadores sociales como Luis H. Alvarez y “Maquío” Clouthier hace agua frente a los intereses y protagonismos de sus principales líderes y de varios de sus representantes actuales.

Lo que en apariencia fue el primer triunfo del ya iniciado proceso electoral que viviremos en plenitud como sociedad durante todo el 2018, no es sino una victoria pírrica. Los daños colaterales pueden ser mayores de los que Ricardo Anaya, presidente del partido, y sus seguidores pueden suponer.

Si bien el reclamo para no permitir el famoso “pase automático” del actual Procurador General de la República al nuevo puesto de Fiscal General constituyó el reflejo de una demanda ciudadana legítima, el tema fue adoptado por la dirigencia panista como moneda de cambio que por varios días impidió la instalación de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, lo cual tuvo al país al borde de una crisis constitucional. Dicha circunstancia se aleja indudablemente de los principios básicos de ese partido que, por lo menos oficialmente, siempre le había apostado al respeto a las instituciones nacionales y que tanto ha criticado a quienes las han pretendido desconocer e incluso las han mandado al diablo en algún momento.

Avalado por sus ahora aliados, el PRD y Movimiento Ciudadano, Anaya logró doblegar al PRI y echar abajo la disposición que preveía ese brinco de un puesto a otro para Raúl Cervantes, quien, más allá de sus credenciales como jurista, se veía como portador de un salvoconducto de impunidad para los representantes del gobierno actual, sobre todo ante los escándalos de corrupción que han venido estallando casi desde los inicios del presente sexenio.

Sin embargo, el haberlo logrado puede tener como hemos dicho, un alto costo para el PAN. Varios senadores blanquiazules han pedido la cabeza de su jefe nacional y lo han llamado públicamente soberbio y autoritario. Él a su vez los ha tildado de traidores. ¿Alguien puede creer que algo bueno puede salir de todo esto para la única institución política que durante dos sexenios sucesivos logró mantener al PRI fuera de  Los Pinos?

Por lo pronto Anaya, Alejandra Barrales y Dante Delgado, lograron constituir y registrar ante el INE lo que han llamado Frente Ciudadano por México. Un bloque conformado por el PAN, lo poco que queda del PRD y por Movimiento Ciudadano, partido rémora que no puede arriesgarse a perder su registro.

Lo que ninguno de los tres dirigentes partidistas ha dicho con claridad, y el tiempo se les viene encima, es qué criterio seguirán para definir a quien haya de ser su candidato a la presidencia de la república en los comicios del próximo año, ni como pretenderán repartirse el pastel en el resto de las candidaturas que estarán en juego.

El propio PAN a su interior, no la tiene nada fácil.  Es claro que el mismo Ricardo Anaya busca la ansiada candidatura al tiempo que tanto Margarita Zavala de Calderón, Rafael Moreno Valle y varios más se han movido desde hace mucho tiempo y han gastado grandes cantidades en giras y promoción personal para lograrlo.

Margarita ha llegado a decir que ella será candidata con o sin el PAN, por lo que no sería de extrañarse que de no ser la ungida, su candidatura independiente pudiera ser impulsada por panistas disidentes de la talla de Ernesto Cordero y Javier Lozano entre otros. Estos últimos por su parte, también podrían separarse de la bancada panista en el Senado e impulsar por debajo del agua, o incluso abiertamente ¿por qué no?, la candidatura de José Antonio Meade, si es que éste fuera finalmente designado por el PRI para encabezar sus intenciones de mantenerse al frente del gobierno federal.

Por el lado del PRD no puede descartarse a Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno de la CDMX, quien ha dicho que en octubre se separaría del cargo para buscar la candidatura presidencial, aunque también podría irse por la libre, si la decisión del llamado Frente Ciudadano no le convence, pues él no es miembro de ningún partido.

El panorama es confuso e incierto. Es una pena, pues todavía existen muchos miembros y simpatizantes del PAN que han obrado y trabajado de buena fe, y hoy sufren por la crisis de un partido que otrora fuera un bastión de honestidad y hoy navega en aguas fangosas en medio de alianzas de conveniencia, que en otros tiempos hubieran sido impensables bajo los principios que lo vieron surgir hace casi ochenta años.

El único que seguramente se relame virtualmente los bigotes ante esta situación, es sin duda Andrés Manuel López Obrador, líder del único partido que cuenta desde su fundación con un candidato presidencial indiscutible y al que cada vez se van sumando más simpatizantes y allegados, aunque muchos procedan de la peor escoria política. Morena se ha vuelto como un relleno sanitario en el que todo cabe y los deshechos no se separan.

Mientras tanto el PAN se desmorona. Es una lástima por años creí que eran una opción respetable para la alternancia.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

  

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