Oposición de reposet

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Después de analizar detenidamente las distintas imágenes, de las cuales hubo muchas versiones, de la marcha del domingo pasado en la Ciudad de México en contra de la gestión de López Obrador y previa a la verbena popular convocada por el mandatario para el lunes con el objetivo de festejar el aniversario de su triunfo del 01 de julio de 2018, llegué a la conclusión de que gran parte de la oposición, o lo que queda de ella, se manifiesta cómodamente vía Twitter, eso de salir a marchar, de plano les da mucha flojera.

Este texto no tiene la menor intención de comparar las movilizaciones llevadas a cabo entre el domingo y el lunes, ni de minimizar el intento de alzar la voz de quienes no están de acuerdo con Andrés Manuel; por el contrario, es un ejercicio constructivo con el afán de crear conciencia de las causas del fracaso.

Soy un ferviente creyente de que la oposición siempre ha sido, y lo seguirá siendo, crucial para la formación de la cultura política y del fortalecimiento de cualquier democracia y sus instituciones; de la misma forma, la oposición es la única forma real que tiene un gobierno que ganó las elecciones de manera tan aplastante, aunque haya sido de manera democrática, de enmendar los errores y corregir el rumbo.

Los partidos políticos, considerados la forma más elaborada y efectiva de oposición en los Estados democráticos, tienen en sus manos un rol de suma importancia, el de ser contrapeso, tanto de las decisiones del Estado como en el poder legislativo; desgraciadamente, hoy no sabemos dónde están, pareciera que han claudicado después de tanto tiempo de fomentar el hartazgo de la sociedad en sus institutos políticos.

La oposición de hoy, sigue viviendo en el error, se les ha olvidado que la única manera de articular un verdadero frente opositor (y no me refiero al aglutinamiento) se construye en las calles, aquellas calles que visitaban para pedir el voto y que después abandonaban por tres años hasta la siguiente elección.

En lugar de hacer un trabajo de campo y crear conciencia, han decidido crear un frente común, creyendo que a través de Twitter podrán dar la batalla, nada más lejano a la realidad y más aún cuando lo hacen de manera artificial con el uso de las herramientas tecnológicas que también tiene su adversario.

La oposición como la habíamos concebido está completamente desdibujada, navegando por mares imaginarios y haciendo cuentas de sus deudas, de la disminución de sus prerrogativas, de la disminución de su militancia y de la pérdida de simpatizantes.

Mientras sigan tratando de construir su narrativa única y exclusivamente del error ajeno, no podrán levantarse jamás.

A un año del triunfo de López Obrador, la oposición no ha asimilado la derrota y no terminan de entender, que ellos, con su desempeño político mientras fueron poder (aunque fuera estatal) fueron los principales promotores del voto de quien los venció.

Imagínense que el futuro de la oposición en nuestro país, puede ser un partido como México Libre (si es que Felipe Calderón y Margarita Zavala logran lo que parece imposible); o a los Chuchos reciclando impresentables en Futuro 21 con el afán de que el PRD no pierda su registro y el negocio; o al nuevo (nuevo) PRI que gane quien gane la dirigencia, la cúpula seguirá en las mismas manos o en las de sus hijos o herederos; o un PAN gravemente fracturado, que creyó que ganó perdiendo y en donde a Marko Cortés no lo respetan ni los gobernadores emanados de su partido; o a Movimiento Ciudadano, cuyo titiritero negocia por debajo de la mesa en el Senado y manda línea a los diputados en sentido inverso de la oposición.

A México le urge una nueva oposición, de rostros nuevos, críticos pero propositivos, que den la batalla de manera creativa, que sean contrapeso y jueguen un papel fundamental para la democracia y el desarrollo de nuestro país; porque la oposición de reposet y a punta de tuitazos, está en peligro de extinción.

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