Once mujeres, once años después: Las sobrevivientes de Atenco

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Para la mayoría de los mexicanos el 3 y 4 de mayo del 2006 no son fechas significativas, para los pobladores de San Salvador Atenco son sinónimo de miedo, sangre, violencia y dolor.

Pero para Mariana Selvas Gómez, Georgina Edith Rosales Gutiérrez, María Patricia Romero Hernández, Norma Aidé Jiménez Osorio, Claudia Hernández Martínez, Bárbara Italia Méndez Moreno, Ana María Velasco Rodríguez, Yolanda Muñoz Diosdada, Cristina Sánchez Hernández, Patricia Torres Linares y Suhelen Gabriela Cuevas Jaramillo, el 4 de mayo del 2006 es una herida profunda, descomunalmente dolorosa, que no cierra y probablemente para muchas de ellas, jamás cicatrizará.

Ellas son las once mujeres sobrevivientes de Atenco, las once mujeres que han recorrido un largo y tortuoso camino en busca de la reparación, la justicia, la verdad y de la no repetición de los hechos brutales que cambiaron su vida al ser objeto de agresiones sexuales, por parte de las fuerzas de seguridad durante el operativo que se implementó en Atenco, con el objetivo de reprimir una protesta social, derivada de la inconformidad de los pobladores por la expropiación de tierras de campesinos para la construcción del nuevo aeropuerto.

El entonces gobernador del Estado de México y actual presidente, Enrique Peña Nieto, quien fuera su Secretario de Gobierno, Humberto Benítez Treviño, el entonces comisionado de la Agencia Estatal de Seguridad del Edomex, Wilfrido Robledo Madrid y el entonces Secretario de Seguridad Pública Federal, Eduardo Medina Mora, hoy ministro de la Suprema Corte de la Nación, se reunieron y decidieron usar la fuerza pública para reprimir a los manifestantes, desalojar una carretera tomada por los mismos y liberar a funcionarios públicos retenidos por los inconformes, entonces….  las puertas de uno de los círculos de Dante se abrieron y San Salvador Atenco vivió el horror.

Once mujeres que, durante once años se han enfrentado al estigma de un gobierno y sociedad indolente, se presentaron el 16 y 17 de noviembre ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos rompiendo el silencio, y exponiendo por primera vez sus desgarradores testimonios. Durante once años la rabia contenida, el grito ahogado de dolor en un pecho que fue mordido y pellizcado por elementos de las fuerzas policiales, brotó, y ahí, en una pequeña sala frente a abogados, peritos, compañeras de lucha y jueces, once guerreras contaron a detalle la atrocidad que vivieron por parte de quienes deberían protegerlas, los cuerpos policiacos de su país. De nuestro país.

Es la primera vez que comparecen juntas las 11 mujeres peticionarias del caso, desde el 2006 que fueron ilegal y arbitrariamente detenidas durante la manifestación en Atenco, y desde entonces su lucha es una: que se conozca la verdad de lo ocurrido y se haga justicia.

Antes de que llegara el caso de las once mujeres a la Corte Interamericana de Derechos Humanos tuvieron que lidiar por años con procesos penales arbitrarios, la autoridad las acusó de ultraje a la autoridad, portación de arma, ataques a las vías de comunicación y secuestro equiparado. Las acusaciones se sostenían únicamente a partir de las declaraciones de las policías estatales que habrían participado en actos de violencia contra las once mujeres detenidas, las cuales presentaban contradicciones. Terrible, la víctima acusada y acosada por su victimario.

En abril del 2008, las once mujeres sobrevivientes de Atenco por medio de la representación del Centro ProDH y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil) interpusieron la petición de admisibilidad ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En noviembre de 2011 la CIDH declaró admisible el caso.

En octubre del 2015 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos resolvió a favor de las 11 mujeres declarando que habían sido víctimas de detención arbitraria e ilegal, tortura física, psicológica y sexual, falta de acceso a la justicia y otras violaciones a derechos humanos. En ese entonces recomendó al Estado mexicano investigar de forma integral los hechos e identificar y sancionar los distintos grados de responsabilidad. Además de implementar las medidas necesarias para evitar la sucesión de hechos similares.

Sin embargo, a pesar de haber recibido cuatro prórrogas para el cumplimiento de las recomendaciones de la CIDH, el Estado mexicano no avanzó en el cumplimiento de éstas, tampoco inició proceso alguno para deslindar responsabilidades a nivel federal ni estatal, ni abrió líneas de investigación para esclarecer las responsabilidades señaladas, como aquellas derivadas de la cadena de mando, las distintas formas de participación de diversos cuerpos de seguridad estatales y federales, y los posibles actos de encubrimiento u omisión. En pocas palabras, el Estado mexicano hizo caso omiso a la recomendación de la CIDH.

El caso de las 11 mujeres sobrevivientes de Atenco ya llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el Estado mexicano reconoció parcialmente su responsabilidad y justificó, de nuevo, el uso de la fuerza pública en el operativo en Atenco, no solo eso, el Estado alegó que todas las medidas de reparación del informe han sido cumplidas en su totalidad. Qué falacia. Qué desfachatez de exhibirse como un Estado que garantiza el respeto por los derechos humanos de sus gobernados, de implementar los mecanismos necesarios para la pronta impartición de la justicia y la no repetición de hechos violatorios a la dignidad humana.

Será hasta el primer semestre del 2018 que conoceremos el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre las 11 mujeres de Atenco. Las sentencias de la Corte son definitivas y vinculatorias, por lo que el Estado mexicano deberá acatar la resolución, sea cual fuere ésta.

Once mujeres enfrentando la omisión, la inacción, la indolencia, la represión, el autoritarismo, el abuso del Estado mexicano, merecen no solo el aplauso o el reconocimiento de una sociedad que cada vez más prefiere voltear la cabeza ante la barbarie, merecen ser identificadas y señaladas por las autoridades, por su familia, por la sociedad como lo que son, 11 sobrevivientes, 11 mujeres valientes que a lo largo de 11 años no han cesado en su búsqueda de la verdad y la justicia, merecen vivir sus vidas libres del acoso y de la culpa, sabiendo que su lucha no fue infructuosa.

Su clamor por justicia, su lucha por que se esclarezca la verdad, su valentía al romper el silencio y denunciar y evidenciar una vez más la maraña de impunidad del sistema de impartición de justicia en nuestro país, no debe, no puede ser en vano.

11 mujeres, 11 años después, no volvamos a dejarlas solas. Acompañemos su lucha, escuchemos su clamor. Abracemos sus causas que al final de cuentas, son las nuestras, las de todo mexicano que desea vivir en un país donde el estado de derecho no sea solo palabras huecas, sin valor.

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