Número tres del Vaticano fue hallado culpable por pederasta

Cardenal George Pell. Foto: CON CHRONIS / AFP
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El cardenal australiano George Pell, número tres del Vaticano, fue declarado culpable de agresión sexual a menores, anunció este martes una corte de Melbourne, convirtiéndose así en el más alto responsable de la Iglesia católica condenado en un caso de pederastia.

La corte de Melbourne (sur de Australia) declaró al cardenal, de 77 años, culpable de un cargo de agresión sexual y de otros cuatro cargos de atentado al pudor contra dos monaguillos que entonces tenían 12 y 13 años, por unos hechos ocurridos en la sacristía de la Catedral de San Patricio de Melbourne en los años 1990.

Su condena representa un nuevo golpe para la Iglesia, apenas dos días después del cierre de una histórica cumbre sobre pederastia en su seno.

“Vamos a tomar todas las medidas posibles para que tales crímenes no se repitan”, dijo Francisco en sus declaraciones finales en el encuentro.

Pero los críticos consideran que la institución aborda con demasiada lentitud un problema global y que se remonta, como mínimo, décadas atrás.

Días después de la condena de Pell en secreto, la Iglesia anunció que había sido retirado del grupo de cardenales que componen el gabinete del papa y sus consejeros más cercanos.

Pero sobre el papel sigue apareciendo a la cabeza de la Secretaría de Economía de la Santa Sede, es decir, número tres del Vaticano, un cargo del que se tomó una licencia para defenderse en el juicio.

De sacerdote en una parroquia rural a gran tesorero del Vaticano: la trayectoria ascendente de George Pell, el más alto representante de la Iglesia Católica en Australia, quedó hecha trizas después de su condena por pederastia.

Para quienes lo admiraban, el cardenal Pell, de 77 años, encarnaba, con su imponente figura y su elocuencia, la ortodoxia del catolicismo en Australia.

Pero en diciembre fue declarado culpable de agresión sexual a dos monaguillos en la Catedral de San Patricio de Melbourne en la década de 1990. La decisión se conoció este martes, cuando se retiró una obligación de silencio informativo respecto a su proceso judicial.

Pell, nacido en 1941, creció en la ciudad de Ballarat, donde fue un entusiasta miembro del equipo de debate de su universidad. Tenía los papeles principales en las obras de teatro escolares y destacaba en fútbol australiano.

Su madre, una ferviente católica, estaba entusiasmada con que su hijo tomara el camino de la iglesia, según la prensa australiana. Su padre, un anglicano, no comprendía que hubiera rechazado un suculento contrato con uno de los equipos de fútbol más pujantes del país.

Siguió parte de sus estudios en Roma antes de ser ordenado cura de la diócesis de Ballarat, en 1966.

Vivió un rápido ascenso hasta ser nombrado arzobispo de Melbourne, posteriormente de Sídney y, en 2003, fue incluido en el poderoso Colegio de Cardenales, lo que le dio la posibilidad de votar en los cónclaves en los que se eligió a los papas Benedicto XVI y Francisco.

En 2014, el papa argentino lo eligió para lograr una mayor transparencia en las finanzas del Vaticano, convirtiéndose en número tres de la Santa Sede.

“El cardenal Pell es uno de los hombres eclesiásticos más grandes que Australia haya tenido”, dijo de él el ex primer ministro conservador Tony Abott.

Ante sus fieles y la opinión pública, el cardenal Pell defiende los valores tradicionales del catolicismo.

Pero su reputación se vio perjudicada en los últimos años por las acusaciones de graves delitos. Él negó firmemente que hubiera encubierto abusos cometidos por curas en el estado de Victoria, en el que trabajaba.

Una investigación nacional sobre la respuesta institucional que se dio a los abusos sexuales contra menores en Australia entre 1950 y 2010 concluyó que un 7% de los curas habían sido acusados de actos de pederastia, pero esas acusaciones no dieron lugar a ninguna pesquisa.

La comisión de investigación real que llevó a cabo durante cuatro años esas investigaciones halló que a la Iglesia australiana se le señalaron 4 mil 444 presuntos casos de pederastia. En algunas diócesis, más del 15% de los sacerdotes eran sospechosos de abusos, añadió.

El cardenal Pell declaró varias veces ante esta comisión de investigación sobre el caso de los curas pederastas de la diócesis de Ballarat en los años 1970 y 1980. Pell pidió disculpas en nombre de la Iglesia, pero insistió en que no tenía recuerdo de acusaciones de abusos.

No obstante, admitió haber “metido la pata” al lidiar con los curas pederastas en el estado de Victoria en la década de 1970. Pero afirmó que fue engañado por la jerarquía católica sobre lo que realmente ocurría en una época de “crímenes y de disimulación”.

Después, las acusaciones de agresión recayeron directamente sobre él.

Fue acusado y declarado culpable, en diciembre de 2018, de una serie de cargos relacionados con las agresiones sexuales a dos menores en Melbourne.

Entre tanto, fue quedando apartado poco a poco de la vida del Vaticano. La Iglesia aprovechó una orden de silencio mediático sobre su juicio para apartarlo de altos órganos sin dar muchas explicaciones.

Fue puesto en licencia y retirado del grupo de cardenales que componen el gabinete del papa y sus consejeros más cercanos.

Pell se enfrenta a una larga pena de prisión y su futuro en la Iglesia no está claro. De momento, técnicamente sigue a cargo de las finanzas vaticanas, siendo el número tres de la Santa Sede.

(AFP)

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