Nos vemos en las urnas

14 de marzo de 2021.- Florencia Serranía, directora del Metro y Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno en los talleres del Metro en la estación Zaragoza
- Publicidad -

El desplome del tramo de la L12 del Metro vino a confirmar que las administraciones morenistas son más de lo mismo: negligencia, corrupción y una cadena de complicidades que continuará perpetuando la impunidad. 

Con esa tragedia, se vinieron abajo las esperanzas de los mexicanos que le apostaban a un verdadero cambio de régimen con una visión de bienestar más homogénea y humanitaria. 

Todo ha sido una farsa. 

Todo sigue igual y, en algunos aspectos, ¡hasta peor! 

No hay alternancia” honesta que nos saque del hoyo en el que estamos. 

Lavarse las manos y eximir en tanto no se resuelvan las investigaciones” a las autoridades encargadas del buen funcionamiento y mantenimiento de esa gran obra”, no hace más que desenmascarar a quienes en realidad no buscaban el desarrollo o bienestar de los sectores más desfavorecidos; sino más bien sólo buscaban saciar su hambre de poder y venganza. 

En el fondo, no querían combatir las malas prácticas y a los malos funcionarios que se enriquecían a costa del trabajo duro de los ciudadanos y el pago puntual de sus contribuciones; querían ser ellos a quienes les tocara el beneficio. 

La atmósfera ahora está cargada de pena y pesar. Al menos para quienes todavía tenemos algo de esperanza en la humanidad. 

Pero se advierte que todo seguirá igual. 

¡¿Cómo van a sancionar o destituir a Florencia Serranía como directora del Metro por algunas decenas muertos en el sistema de transporte durante su gestión, si no han despedido a López-Gatell con los cientos de miles de fallecidos por la pandemia que carga a cuestas?! 

Aunado a ello, el desprecio por las víctimas, el solapamiento de violadores, la intervención descarada en las elecciones, el atentado contra la competencia y los organismos autónomos, la vista gorda ante los delitos electorales (graves, por cierto) del hermano, incurrir en conflicto de interés otorgando contratos a la prima, la liberación de narcotraficantes y un tremendo y largo etcétera.

Pero, a pesar de su indiferencia, no todo está perdido. 

Los ciudadanos, unidos, con todo lo visto y lo vivido, podemos darle vuelta a la página y (otra vez) tratar de revertir lo que nos está pasando. 

¿Para qué esperarnos 70 años? 

El próximo 06 de junio tendremos enfrente las boletas electorales en lo que será una histórica votación, considerada por algunos la más importante de nuestra era contemporánea. 

Honremos a las víctimas, no solo a las del siniestro en el Metro, sino a los miles de muertos por la inseguridad, por la pandemia, por la falta de tratamientos y medicamentos, por la negligencia criminal con la que ya nos demostraron que actúan; honremos a los desaparecidos; a los que se quedaron sin empleo por no revertir las políticas para enfrentar los efectos colaterales de la propagación del COVID. 

Hagámosle un homenaje a todos ellos en las urnas. 

Votemos con la cabeza, no con el corazón. 

Convencidos de que mil o 2 mil pesos mensuales no representan el bienestar de las familias más desfavorecidas del país, ni una mejora sustancial en su calidad de vida. 

¿De qué sirve un aumento al salario mínimo cuando ya no alcanza ni para la canasta básica? 

A los favorecidos a gran escala, los empresarios que por instantes dejaron de ser neoliberales para el patrón por simpatizar con él, convénzanse de que al final, lo que hablará por ellos no serán sus millones, sino la calidad de sus obras y, sobre todo, su calidad humana. 

Créanme, el honor no tiene precio. 

Volvamos a intentarlo, sé que valdrá la pena. 

Comentarios