Niño de mil años

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En 1953 Elena Poniatowska publicó dos entrevistas que dieron cuenta de su curiosidad periodística y su buen oído. Una al escritor Carlos Pellicer que ya era El poeta y que ese año había ingresado a la Academia de la lengua y otra a Juan Soriano, pintor al que había conocido gracias a su tía Carolina Amor de Fournier en cuya casa Juan pintó uno de los pocos  murales que  hizo en su vida. Soriano tenía  entonces treinta  y tres años  y ya  era l’ enfant terrible de la vida cultural mexicana.

A partir de entonces Elena Poniatowska lo entrevistó en varias ocasiones hasta completar ese magnífico retrato que llamó “Juan Soriano, niño de mil años” publicado originalmente en 1998 y que por fortuna hoy reedita Seix Barral.

Por fortuna, porque es la más completa y mejor documentada biografía de Soriano que vuelve a circular para que los jóvenes de nuestros días comprendan por qué sus dibujos, pinturas y esculturas siguen animando nuestra vida cultural y por qué se inaugurará próximamente un museo dedicado a este artista en el estado de Morelos.

Con esta biografía, Poniatowska refrenda que sus crónicas son una fuente de información histórica y cultural del país, como no acostumbran hacer ni siquiera demasiados historiadores: con muchos datos y con una prosa transparente.

Al contarnos la vida de Soriano, la escritora da cuenta de esa riquísima vida cultural de buena parte del siglo XX mexicano donde un jovencísimo Octavio Paz participa en Poesía en voz alta junto con Leonora Carrington y el propio Soriano.

También es un México  en el que Diego Rivera y el grupo de Contemporáneos  participan en animadas tertulias en casas, en cantinas, bares, cabarets como El Legendario Leda donde Soriano acostumbraba bailar con Lupe Marín, que se quitaba los zapatos para hacerlo y a donde coincidía con los Contemporáneos, Tamayo, María Izquierdo.

Sinceramente me resulta difícil imaginar a Cuesta y Villaurrutia contorsionándose al ritmo del chachachá o de alguna otra música, pero en cambio me imagino muy bien a Salvador Novo relamido y lleno de anillos zapateando el piso y girando la cabeza como mirando al techo.

En Juan Soriano, niño de mil años, como en su crónicas en general, asombra la recreación verbal de Poniatowska. El narrador se mimetiza, la entrevistadora cambia de voz y se convierte en la voz del otro para que podamos escuchar a un Juan Soriano cálido, sincero y sabio para hablarnos de su homosexualidad sin estridencias.

Una de las mejores críticas a Contemporáneos que conozco, la hace Juan Soriano entrevistado por Elena en este libro: los Contemporáneos, dice, fueron para él unos hipócritas y unos cobardes pues nunca tuvieron el valor para hacer frente a la opinión pública. Y su espíritu universal que tanto alardearon fue bastante ranchero. Hicieron viajes pequeñitos y volvían corriendo a México.

El más desinhibido fue Salvador Novo que se la pasaba dando portazos o encargándole anillos extravagantes a Octavio Paz u otros amigos que viajaban y escribiendo sonetos clandestinos con bilis y caca a decir del propio Paz.

Juan Soriano, niño de mil años una biografía para saber que el pasado de uno, forma parte de la vida de todos sus contemporáneos.

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