Mujeres al Grito de Guerra

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El 8 de marzo de cada año se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha significativa no por ser una “celebración”, ya que no hay nada más alejado de ello. Al tratarse de una “conmemoración”, el objetivo de esta no es hacer una fiesta sino tomar conciencia de la desigualdad estructural que la mujer vive alrededor del mundo.

El patriarcado, al que combate el feminismo, es aquel sistema que favorece estructuralmente al hombre en razón del género, normalizando la desigualdad de condiciones que vive la mujer mediante la atribución de roles como el de la maternidad obligatoria o el cuidado de la casa, generalmente impuestos por la sociedad (dominada por la cosmogonía tradicional del macho proveedor) y, limitando en consecuencia, la autonomía y libertades de la mujer.

Es tan grande el problema que, a nivel mundial, solo existe un país donde la igualdad salarial entre hombres y mujeres está garantizada por ley, y este es Islandia, quien no lleva ni siquiera un año de haber promulgado tan necesaria legislación. Ni siquiera aquellas naciones consideradas como “primer mundo” o potencias mundiales han logrado garantizar efectivamente la igualdad de oportunidades para las mujeres.

Basta con recordar los premios Oscar, memorables por cierto al constituirse este año como una verdadera gala por la inclusión, en donde el discurso de la ganadora a mejor actriz, Frances McDormand, marcó la noche al rendir tributo a las mujeres de la industria cinematográfica cerrando su intervención con una exigencia contractual, “inclusion rider”, clausula usada en los contratos celebrados en Estados Unidos que busca garantizar la contratación equitativa de hombres y mujeres en un determinado proyecto.

El pasado 8 de marzo, diversos países sintieron el músculo del feminismo. En España, ciudades enteras como Madrid y Barcelona, se colapsaron ante las casi 5.9 millones de féminas que marcharon en las calles exigiendo respeto a sus derechos y demandando mejores condiciones laborales. Industrias enteras se vieron en aprietos ante el histórico paro convocado por las mujeres en todo el mundo. Una muestra ejemplar de resistencia que se agradece ante la escasez de liderazgos sociales en el mundo.

En ciudades como Islamabad, en Pakistán, donde la existencia de grupos extremistas religiosos pareciera ser el mayor obstáculo para que este tipo de manifestaciones puedan ver la luz, casi 300 mujeres se congregaron en plazas públicas manifestándose por la igualdad. Mientras que, en Teherán, capital de Irán, también se rompieron las cadenas patriarcales que oprimen a las mujeres en el mundo árabe, al registrarse manifestaciones en el metro de esa ciudad en donde mujeres públicamente se quitaron el velo de los rostros en son de protesta.

En América Latina, también las demostraciones de sororidad tuvieron eco. Y es que Guatemala no permaneció indiferente ante la indignación por las 41 víctimas de hace exactamente un año, todas ellas mujeres menores de edad, del incendio del “Hogar Seguro Virgen de la Asunción”, provocado por las propias menores que ahí residían, como protesta por el castigo impuesto tras haber intentado escapar del centro tras haber denunciado abusos sexuales por parte de sus trabajadores. O qué decir de Honduras, donde el asesinato de la activista ambiental Berta Cáceres, fue nuevamente reclamado en las calles por parte de los colectivos feministas de ese país.

En México, el paro mundial por las mujeres tampoco pasó inadvertido. Periodistas del medio “El País” se sumaron a las protestas nacionales mientras que, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, trabajadoras de esa dependencia realizaron una huelga inédita en la historia del máximo tribunal, a la cual cuatro de los ministros se sumaron (entre ellas la Ministra Luna Ramos, mientras que la Ministra Norma Piña brilló por ausencia a pesar de ser mujer), incluido el Ministro Presidente, demandando igualdad salarial. Cabe destacar que el Ministro Luis María Aguilar realizó un anuncio histórico, el concurso de plazas exclusivas para mujeres dentro del Poder Judicial, algo por demás sorpresivo y nunca antes visto en la historia de la Corte.

No cabe duda de que es el feminismo quien está poniendo el ejemplo. Otros movimientos sociales, como el de personas con discapacidad, que lejos de obtener victorias sigue cosechando derrotas por su divisionismo intestino, o el de minorías religiosas, que cada vez tiene menos presencia, no han logrado el nivel de unidad que las mujeres están demostrando.

Una cosa es clara, la igualdad entre hombre-mujer no debe regatearse, debe exigirse hasta sus máximas consecuencias, y si estas son la de paralizar al mundo entero, que así sea entonces. Los hombres debemos acompañar esta lucha construyendo nuevas masculinidades que se alejen del machismo dictatorial, siempre apoyando esta causa en los términos y condiciones que las mujeres dispongan, ya que esta lucha es su lucha, un espacio ganado por ellas y nada más que para ellas.

Quiero concluir con un testimonio de gratitud. Y es que entender la causa feminista desde la visión masculina no es fácil, considerando que muchos hombres hemos crecido bajo la sombra de la educación patriarcal por lo que, en lo personal, quiero agradecer a cuatro mujeres por mostrarme la fragilidad de la masculinidad.

Gracias a Rosy Laura Castellanos Mariano, amiga entrañable y una autentica maestra, que con su incansable lucha por las mujeres me abrió los ojos; a Pilar Muriedas, a quien a pesar de no conocer mucho, me han bastado solo un par de conversaciones para entender cuánto me hace falta por recorrer en este camino por la igualdad; a Rana Younes, mujer egipcia y defensora de los derechos humanos, con quien compartí casi dos años de estudios y a quien agradezco me haya presentado la belleza del mundo árabe; y finalmente, a Isabel Erreguerena, destacadísima colega y amiga, por su confianza y paciencia y ser un ejemplo vivo del feminismo. Como una de las pancartas de las protestas del 8 de marzo rezaba: “Ni sumisas ni calladas, simplemente, mujeres fuertes y empoderadas”.

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