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Este lunes falleció en la Ciudad de Panamá el ex Mandatario Manuel Noriega, quien se hiciera famoso por gobernar de forma violenta y autoritaria la nación centroamericana, acusado de ser un ‘títere’ de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en la región, durante su gestión de 1983 a 1989.

Así lo anunció por la noche el propio presidente de esa nación, Juan Carlos Varela, quien a través de su Twitter publicó:

“Muerte de Manuel A. Noriega cierra un capítulo de nuestra historia; sus hijas y sus familiares merecen un sepelio en paz”.

El apodado Hombre Fuerte de Panamá dejó un legado macabro, tras haber sido acusado de hundir al país en una crisis económica, política y social como nunca antes se había visto.

Noriega fue un astuto militar que mantuvo una buena relación con la CIA desde la década de los 60 y se convirtió en todo un autócrata capaz, en un principio, de estar tanto del lado de los Estados Unidos, así como tener relación con la Cuba de Castro, la Nicaragua de Noriega o el mismo Cártel de Medellín de Pablo Escobar.

Al final del día, fue la relación con el capo colombiano lo que provocó la furia de los norteamericanos, quienes lo echaron del poder y encarcelaron.

El ex gobernante comenzó a escalar rangos en la milicia panameña hasta posicionarse en lo más alto, donde apoyó al general Omar Torrijos, quien falleció en un misterioso accidente de avión en 1981.

A partir de ahí Noriega, quien fungía como jefe de los servicios de seguridad e inteligencia pudo alcanzar el poder.

Panamá se convirtió en aquellos años en un lugar clave para los Estados Unidos dentro de Latinoamérica, y Noriega brindaba todo tipo de apoyo a la CIA, quien buscaba estar encima tanto de la Revolución Cubana como del nacimiento de guerrillas en Centro y Sudamérica.

Aunque el país se hundió cada vez más en los seis años que duró su autoridad, además de que quien protestara era asesinado por el propio gobierno, los Estados Unidos no intervinieron sino hasta que pudieron probar sus lazos con Pablo Escobar a través de la DEA.

Luego de acusarlo por tráfico de drogas en 1988 y después de que Noriega realizara elecciones fraudulentas al año siguiente, el gobierno del entonces Presidente George Bush, optó por enviar más de 27 mil tropas y bombardear Panamá para detenerlo, lo que provocó cientos de muertes en el ínter.

Tras ser atrapado, el ex militar fue enviado a Estados Unidos a cumplir una condena de 40 años, sin embargo ésta le sería reducida por “buena conducta” y en 2010 sería extraditado a Francia a purgar una sentencia por lavado de dinero proveniente del narcotráfico en aquel país.

En 2011, los Estados Unidos aprobaron que fuera extraditado a su nación de origen, donde había sido condenado previamente a pagar 20 años de cárcel por el asesinato de Hugo Spadafora, uno de sus opositores durante su mandato.

Desde marzo pasado, se reportó que el ex dictador se encontraba en “estado crítico”, tras haberse sometido a una doble operación por hemorragia cerebral.

A los pocos meses de ser extraditado, se reveló que Noriega tenía un tumor en el cerebro que fue creciendo poco a poco, hasta provocarle la hemorragia.

Hoy se confirma que de milagro no murió en la cárcel, ya que las autoridades le permitieron recuperarse de estas lesiones en el hospital, donde finalmente han puesto punto final a la vida del ex general, cerrando uno de los pasajes más negros en la historia de Panamá.

(Con información de Notimex)

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