Morena y su ADN perredista

Ecatepec, Estado de México 16 de mayo de 2011.- Alejandro Encinas Rodríguez, como candidato a la gubernatura del Estado de México por el PRD, recibe el apoyo de Andrés Manuel López Obrador, Cuauhtémoc Cárdenas, Jesús Zambrano y Marcelo Ebrard
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La maldición histórica de la izquierda mexicana ha sido su división, hace décadas existían varios partidos políticos que representaban distintas corrientes de pensamiento filosófico y de estrategia para llegar al poder; bien valdría la pena un poco de reseña histórica para los militantes de Morena, para que la recuerden aquellos que ya la vivieron y para que la conozcan los nuevos cuadros y aprendan de ella:

El Partido Comunista Mexicano (PCM), proscrito salvo en algunos cortos periodos, desde su fundación en 1919 hasta 1978, vivió, luego de la matanza de Tlatelolco, un clima de represión y hostigamiento permanente, muchos de sus líderes fueron torturados y encarcelados.

Esta etapa durante el gobierno de Luis Echeverría orilló al partido a entrar en un proceso de maduración y de moderación de sus posturas más radicales.

Bajo la dirigencia de Arnoldo Martínez Verdugo, desde 1963, y la participación de personajes como Pablo Gómez, Gerardo Unzueta, Arturo Martínez Nateras y Gilberto Rincón Gallardo, impulsaron en aras de la supervivencia del PCM, el acercamiento a la política electoral.

En las elecciones de 1976 el PCM postuló como candidato presidencial al líder ferrocarrilero Valentín Campa, quien recibió casi un millón de votos, sin embargo, debido a la falta de registro legal del partido y del mismo candidato, los votos no fueron válidos oficialmente.

La campaña de 1976, no había sido una lucha en vano, pues en consecuencia y como un paso necesario ante los conflictos políticos del país, el nuevo presidente López Portillo y su secretario de Gobernación Reyes Heroles, emprendieron negociaciones con organizaciones de izquierda.

Estas negociaciones desembocaron en la amplia Reforma Política de 1977 que le otorgó el 3 de mayo de 1978 el registro al PCM, lo que les permitió participar en las elecciones legislativas de 1979, en la cual obtuvieron 18 diputados federales por representación proporcional.

En 1981, el Comité Central del PCM, aún bajo la dirigencia de Arnoldo, decidió, en un esfuerzo para lograr la unificación de todas las fuerzas de izquierda, fusionarse con el Movimiento de Acción y Unidad Socialista, el Partido del Pueblo Mexicano y el Movimiento de Acción Popular.

Con el registro del PCM, se constituyó un nuevo partido, el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), dejando atrás algo del sectarismo y dogmatismo de parte de la izquierda, que no había permitido la formación de un frente unido para dar la batalla electoral por el poder.

Desgraciadamente, a pesar de la aparente apertura hacia la oposición del sistema político, la maquinaria electoral del PRI y del Estado, funcionaba a la perfección y la candidatura presidencial en 1982 de Arnoldo Martínez Verdugo, no fructificó.

Así transitaron hasta que el 29 de marzo de 1987 se funda el Partido Mexicano Socialista (PMS), que surge como la fusión de cinco organizaciones políticas, encabezadas por el PSUM, dirigido por Arnoldo Martínez Verdugo, que conservaba el registro del PCM y el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), dirigido por Heberto Castillo, quien dejaba de lado su registro por la fusión.

En 1988 el PMS postuló como su candidato a Heberto Castillo quien inició la campaña electoral a seis meses de la jornada electoral; mientras que el recién creado Frente Democrático Nacional (FDN), postulaba a Cuauhtémoc Cárdenas, recién salido de las filas del PRI y que junto con Porfirio Muñoz Ledo habían formado la Corriente Democrática dentro del tricolor.

La presencia de dos candidatos de izquierda fuertes en 1988, derivó en una serie de ataques políticos entre ellos. Mientras que la candidatura de Heberto Castillo mantenía el apoyo del voto “duro” de la izquierda tradicional, la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas iba en ascenso.

Conscientes de que la coyuntura política era propicia para un triunfo de la izquierda, Castillo decidió declinar su candidatura en favor de la de Cárdenas, el 6 de junio de 1988, apenas un mes antes de las elecciones, programadas para el 6 de julio.

Ante el gran fraude en las elecciones federales de México de 1988 y el éxito del FDN, el 5 de mayo de 1989 se funda el Partido de la Revolución Democrática (PRD); quien desde entonces ha usufructuado el registro del extinto Partido Comunista Mexicano.

Morena, aunque hoy sea un ejercicio desagradable, necesita reconocer que tiene genes perredistas, y uno de los motivos para que el PRD esté en peligro de extinción fue su fragmentación derivada de las pugnas internas por el poder; en un inicio le llamaban distintas corrientes de opinión, pluralidad que enriquecía; con el tiempo se convirtieron en tribus, capaces de ejercer actos violentos y cuyos líderes luchaban para repartirse las posiciones de poder y el botín, lo que los ha conducido al precipicio y hoy, solo les quedan deudas, algunas curules y escaños en ambas Cámaras, e incluso podrían perder su registro en 2021.

El 20 de agosto del año pasado, a raíz del conflicto por la elección de la presidencia de la Mesa Directiva del Senado de la República, protagonizado por Martí Batres, quien fungía como presidente del órgano legislativo, y buscaba su reelección, y Ricardo Monreal, coordinador de la bancada, López Obrador manifestó públicamente:

Ya acabó el tiempo de estar pensando solo en sacar provecho; de que la política es para intereses personales, por legítimos que sean. Ya no ayudan quienes solo piensan en sus intereses personales, tiene que haber mística y entrega total a la causa pública. No son los cargos lo que debe de importar sino la contribución a los cambios, en este caso a la transformación del país.

 “El político que solo está pensando en cómo colarse no tiene futuro porque el pueblo ya es otro; el pueblo sabe quién habla con la verdad, quién tiene buenos sentimientos y se preocupa por ayudarlos y quién es un trepador, un oportunista, un politiquero”, añadió.

Días después incluso amagó:

Si el partido que ayudé a fundar, Morena, se echara a perder, no sólo renunciaría a él, sino que me gustaría que le cambiaran de nombre porque ese nombre nos dio la oportunidad de llevar a cabo la Cuarta Transformación de la vida pública del país. Entonces no se debe de manchar ese nombre”, indicó.

Sin embargo, el conflicto siguió creciendo, la fractura se hizo más evidente y las diferencias entre los grupos antagónicos, más profundas.

La pugna por la dirigencia nacional de Morena es la pista central, donde tirios y troyanos se enfrentan por el poder sin importarles la imagen que dan a la sociedad y la responsabilidad que tienen sobre sus hombros de acompañar, apoyar y sostener el llamado a la Cuarta Transformación” que los llevó al poder.

¿Quién tiene la razón?

Quien ostente la mayoría, represente a las bases del movimiento y esté dispuesto a darlo todo por el proyecto de Nación que prometieron.

Es increíble que no puedan aprender de la historia y de los errores que se han cometido, tienen la gran oportunidad, que se buscó por décadas, como para actuar de manera tan irresponsable; el compromiso que tienen no es con Andrés Manuel, es con el país, compórtense a la altura de las circunstancias.

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