De la misoginia al feminazismo y la intolerancia

Foto: Romy Arroyo Fernandez/NurPhoto
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El fenómeno del machismo ha sido sin duda un lastre para el desarrollo humano durante siglos. El maltrato y la discriminación hacia las mujeres constituye vergonzosamente una realidad presente también en la historia de casi todas las culturas y religiones del mundo, incluyendo algunas que abiertamente las han considerado sujetos de odio y de desprecio.

Hace menos de un siglo que comenzaron a reconocerse en occidente los derechos fundamentales del sector femenino y en México, no fue sino hasta 1953, apenas hace 63 años que se les reconoció el derecho a votar.

Las mujeres han venido abriéndose paso a contracorriente y en las últimas décadas y con toda razón han logrado -por lo menos en los textos legales-, el reconocimiento pleno a sus derechos.  Subsisten por desgracia todavía vestigios de discriminación en varios sectores sociales y no faltan quienes pretenden reducirlas todavía a los límites de las paredes del hogar, buscando negarles la posibilidad de estudiar, de trabajar y sobre todo de percibir iguales salarios y obtener las mismas prestaciones y reconocimiento que sus similares masculinos.

A partir del siglo XVII, durante la Ilustración en Europa, pero principalmente en el siglo XX, fue que los movimientos feministas, entendidos estos como aquellos que reivindican los derechos de igualdad entre mujeres y hombres desde los puntos de vista educativo, social, cultural y político principalmente, surgieron con mayor auge y fuerza y comenzaron a ser reconocidos. No obstante ello, no fue sino a partir de los años cincuenta, con el invento de los métodos anticonceptivos orales para la mujer, que ellas pudieron realmente comenzar a vivir plenamente el derecho a la igualdad, al obtener la posibilidad de ejercer prácticamente las mismas libertades sexuales que los varones. Más adelante los movimientos feministas más pertinaces, apoyados por múltiples cabilderos políticos, han venido logrando cada vez y en mayor número de países no solamente la descriminalización del aborto, sino el que se les reconozca como un privilegio de la mujer, desconociendo en absoluto el derecho fundamental a la vida del nasciturus.

Sin duda, el feminismo ha sido una corriente que en gran medida con absoluta justicia, ha buscado el equilibrio entre los dos sexos, absolutamente necesario en la sociedades modernas, pero como toda ideología ha caído con frecuencia en el peligro de los excesos y de los extremismos.

Al igual que con los derechos de las mujeres, algo similar ha venido sucediendo en décadas recientes en el ámbito de los derechos de las personas homosexuales. Primero buscando evitar ser inculpados injustamente por las leyes como si se tratase de delincuentes, más tarde luchando por no solamente no ser discriminados sino por que sus preferencias u orientación sexual fueran reconocidas como un derecho de todo individuo y más recientemente reivindicando la institución legal del matrimonio entre personas del mismo sexo, logro que han alcanzado y cuyo reconocimiento es algo cada vez más frecuente en las legislaciones de un mayor número de países.

En ambos ejemplos es una realidad que se ha avanzado de forma importante. No obstante ello, es también cierto que, como en cualquier movimiento ideológico, el peligro del radicalismo también está presente.

Ya hemos hablado en este espacio del movimiento #MeToo surgido en los Estados Unidos hace apenas un año, como un vehículo de denuncia para dar a conocer casos de abusos y acoso sexual por razones profesionales o sociales. Desde luego se trata de situaciones que hay que denunciar y reprobar, pero también es un hecho que pueden utilizarse de forma abusiva y como herramienta de venganza, sobre todo si se dan a conocer a destiempo y años después de ocurrido el suceso que se ventila. El tema del acoso ha sido también llevado a extremos antes impensables, de forma que los reglamentos de trabajo de grandes empresas indican con claridad que el contacto físico entre hombres y mujeres debe reducirse al mínimo, ya que en algunos ámbitos, tomar el brazo de una dama, pretender saludarla de beso o dar el clásico, mexicanísimo y coloquial abrazo puede ser visto como una señal de hostigamiento sexual.

En otro ámbito, en la moderna y civilizada Europa se han dado casos en los que se ha pretendido censurar exposiciones de pintura clásica de grandes maestros de los siglos XVII y XVIII, que muestran mujeres desnudas, argumentando que su exhibición es denigrante para el género femenino.

La semana pasada en España, un programa de búsqueda de talentos musicales llamado Operación Triunfo (OT18), fue motivo de polémica ya que una de las concursantes debía cantar una vieja canción del noventero grupo Mecano en cuya letra se incluye la palabra “mariconez”, a lo cual pretendía negarse argumentando que tal término en la actualidad es considerado como despectivo y homofóbico. El hecho generó una gran polémica en España, ya que el autor de la canción (José María Cano) desautorizó cualquier modificación a su obra, pues el contexto de la letra nada tiene que ver con aquello de lo que se le pretendía acusar y, si en décadas recientes ha habido en Hispanoamérica un grupo musical que fuera empático con los derechos de los gays, ese fue sin duda Mecano.

Vivimos una época en que el reconocimiento pleno de los derechos de grupos sociales que otrora fueron señalados, discriminados e incluso perseguidos, es una realidad digna de aplauso, pero ello no debe justificar el surgimiento de nuevos mecanismos de censura y limitantes a las libertades de expresión llegando a niveles de intolerancia que pueden ser incluso aún más extremos y negativos para la sociedad, que aquellos que durante siglos buscaron ser superados. La tolerancia, no hay que olvidarlo, es una carretera en ambos sentidos.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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JOSE EUGENIO CASTAÑEDA ESCOBEDO LICENCIADO EN DERECHO POR LA UNIVERSIDAD PANAMERICANA DE LA CDMX PROFESOR DE DERECHO CIVIL Y MERCANTIL DESDE HACE 25 AÑOS. NOTARIO PUBLICO 211 DEL DISTRITO FEDERAL DESDE 1994. COLABORADOR EDITORIAL DE EL MAÑANERO DEL 2004 AL 2010 COLABORADOR EDITORIAL DEL PERIODICO EL FINANCIERO DE 2006 AL 2014