Migrantes somos y en el camino andamos

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El fenómeno de la migración es inherente a la naturaleza del ser humano. Desde hace miles de años el hombre ha buscado ampliar sus horizontes en busca de lugares idóneos donde asentarse y poder vivir mejor.

Las migraciones han existido siempre, prácticamente en todas las culturas y civilizaciones. Las investigaciones en materia de paleontoantropología sostienen mayoritariamente por ejemplo que, los  primeros habitantes del continente americano llegaron a estas tierras hace aproximadamente quince mil años, cruzando el estrecho de Bering que separa el extremo oriental de Asia -actualmente perteneciente a la Federación Rusa-, con el extremo occidental de América, que a su vez corresponde hoy al estado norteamericano de Alaska.

En el Antiguo Testamento, la consolidación de las siete tribus de Israel como nación se da precisamente a raíz del Éxodo, que no fue otra cosa que la migración masiva de los israelitas desde Egipto hacia la llamada Tierra Prometida.

En el caso de México, la narraciones históricas más antiguas nos dan cuenta del camino recorrido por los integrantes de las denominadas siete tribus nahuatlacas desde la mítica Aztlán hasta lo que fue la antigua Tenochtitlán y que hoy constituye nuestra Ciudad de México.

El tránsito de personas ha obedecido a lo largo de la historia humana a muy distintas razones y a múltiples causas. Desde los fenómenos de expansión territorial, el descubrimiento y la conquista de regiones desconocidas para consolidar poder y riqueza, pasando por persecuciones religiosas o étnicas, hasta el hambre, la violencia y la falta de oportunidades.

En los siglos XVIII, XIX y XX el continente americano fue el más claro ejemplo de ello. Desde el llamado descubrimiento de América por Cristobal Colón en 1492 y las posteriores guerras de conquista que dieron lugar a la Nueva España y a Perú, hasta que en 1620 los primeros padres peregrinos o Pilgrims, llegaron a la costa este de lo que hoy son los Estados Unidos. Los posteriores torrentes humanos de ingleses, irlandeses, africanos, italianos, franceses, polacos y orientales que fueron llegando en los siglos posteriores fueron conformando el perfil de lo que hoy son los Estados Unidos de América.

A los anteriores se sumaron, principalmente en los últimos cien años, los millones de mexicanos y latinoamericanos en general que, por diversas razones pero principalmente por cuestiones económicas, optaron por hacer de ese país su patria adoptiva, dando lugar a que los llamados “hispanos” sean hoy una de las minorías poblacionales más importantes de nuestro vecino del norte.

El vertiginoso crecimiento económico de Estados Unidos, requirió de millones de brazos todavía hasta mediados del siglo XX en que prácticamente fue un país de puertas abiertas. Las sucesivas guerras mundiales en Europa provocaron también una nueva oleada de emigrantes europeos hacia Norteamérica. Algo similar pasó en México en donde recibimos a muchos extranjeros que venían huyendo del horror de la guerra.

En la Europa de la segunda mitad del siglo XX, ocurrieron movimientos semejantes; la reconstrucción, sobre todo después de la segunda gran guerra concluida en 1945, requirió el concurso de gente proveniente de diversas regiones aledañas a las naciones más afectadas por la conflagración. El plan de reconstrucción para Europa impulsado por los estadounidenses para ayudar a los países más dañados por la guerra, también conocido como Plan Marshall, inyectó recursos principalmente para reactivar las economías de el Reino Unido, Francia, Italia y Alemania. Inglaterra, Francia e Italia recibieron migrantes principalmente de sus antiguas colonias en Africa y la India, mientras que Alemania abrió sus puertas a trabajadores mayoritariamente de Turquía, España y Grecia, muchos de los cuales llegaron para quedarse.

El tema de la migración no es pues nada nuevo como podemos ver y queda evidenciado desde la historia más antigua hasta la más reciente.

Hace apenas un par de años la crisis humanitaria provocada por la guerra civil en Siria provocó una nueva avalancha de migrantes musulmanes hacia Europa Occidental, misma que fue contenida parcialmente, pero que llevó a los alemanes a aceptar en su territorio a más de un millón de refugiados sirios, teniendo que asumir costos millonarios como consecuencia.

Las recientes caravanas de migrantes centroamericanos principalmente hondureños, que han arribado a territorio mexicano, la mayoría de ellos con la intención de cruzar nuestra frontera norte hacia territorio estadounidense, es una muestra más de un fenómeno milenario, en este caso provocado por la violencia y la falta de oportunidades en países como Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Al igual que los millones de mexicanos que los han precedido en la misma ruta, la incapacidad y la corrupción de los gobiernos de nuestros países, han provocado este nuevo éxodo hacia el norte.

Verlos como bichos raros, como enemigos o invasores, no solo nos deshonra como país, sino que nos deshumaniza como semejantes. Hay que tener claro que no están aquí por gusto sino por necesidad y por tratar de proveer a sus familias de un mejor futuro. Reconozcamos también que todos somos migrantes en potencia.

Desde luego hay riesgos en su recepción y en el apoyo que se les pueda brindar. México no es un país rico y por eso la mayoría están aquí de paso, pero oponernos a que se les brinde auxilio o simplemente desentendernos del problema tampoco ayuda a mitigarlo. Estos ríos de gente solo se detendrán cuando mejoren las condiciones de vida en los países de origen y se consoliden además regímenes democráticos en los que se viva un auténtico Estado de derecho y para ello se requiere de políticas públicas creativas y de un esfuerzo multinacional.

Mientras tanto, las naciones ricas seguirán siendo un imán para quienes busquen saciar su hambre y conseguir mejores oportunidades de vida.

Los estadounidenses deben también reflexionar colectivamente sobre el tema y asimilar que, la enorme mayoría de los actuales habitantes de aquella nación, son a su vez descendientes de un emigrante que llegó en algún momento a su territorio para poder vivir mejor de lo que podían hacerlo en su lugar de origen.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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