Mercados repletos en Pakistán antes del fin del Ramadán pese al coronavirus

Las calles de Pakistán comienzan a saturarse en busca de productos para festejar el Eid al-Fitr. Foto: Asif HASSAN / AFP
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El desconfinamiento se produce en Pakistán en total desorden, en víspera de las festividades religiosas que celebran el Eid al Fitr, el fin del Ramadán, con mercados saturados de gente, pese a que el nuevo coronavirus se extiende en todo el país.

En Raja Bazar de Rawalpindi, la gran ciudad contigua a la capital Islamabad, una marea humana avanza dificultosamente, cuerpo a cuerpo, en estrechas callejuelas. Muchos de los clientes no llevan mascarilla.

“Solo podemos separarnos algunos centímetros en este mercado repleto. Y un metro, eso es algo imposible”, se lamenta Ijaz Ghani, mientras a su alrededor muchas mujeres, acompañadas por su hijos, compran ropa, productos cosméticos, bisutería.

El Eid al Fitr, que será el domingo o el lunes, según la aparición de la nueva luna, es una celebración de regalos. Este año, la fiesta más importante del calendario musulmán se produce en medio de la epidemia del nuevo  coronavirus, que ha causado 330.000 muertos en todo el mundo.

En Pakistán, país de más de 200 millones de habitantes, con una población muy joven, la letalidad de la covid-19 es débil, pero se constata una aceleración de la enfermedad.

– “Bajo control” –

La cifra de 1.000 muertos fue superada el miércoles. Y el jueves, la de 50 muertos por día, por primera vez. Los 50.000 casos positivos fueron alcanzados el viernes, aunque esta cifra solamente representa una fracción de la realidad, por falta de pruebas de detección.

Taimoor Salim Jhagra, ministro de Salud de Khyber-Pakhtunkhwa, considera que el número de casos reales “es diez veces superior a las cifras oficiales” en esta provincia del noroeste, que cuenta oficialmente con 7.000 enfermos.

Según él, la situación “está bajo control” en Pakistán, donde las primeras proyecciones auguraban que se llegaría a los 1.000 muertos “en la primera semana de abril”, debido a un devastado sistema de salud.

Comparativamente, Brasil, con una población equivalente, tiene más de 20.000 muertos, de los cuales unos 1.200 solamente en la jornada del miércoles al jueves.

Pero hay temores reales de que el coronavirus se dispare en Pakistán. Proyecciones oficiales prevén de 2.500 a 4.700 muertos el próximo 15 de junio.

Sin embargo, el primer ministro, Imran Khan, se ha opuesto desde el inicio de la pandemia a un confinamiento de las ciudades que, según él, permite “salvar a la gente del coronavirus, pero los mata de hambre”.

Ante las celebraciones del Eid, las autoridades llamaron a la población a festejarlo de forma “diferente”, respetando las recomendaciones de salud pública.

“Debemos cambiar nuestro comportamiento. La sociedad debe cooperar. Deambular por los mercados ya no es necesario”, coincide el ministro Taimoor Salim Jhagra.

Pero estas consignas aparentemente contradictorias, no son respetadas.

“Cuando teníamos 10 muertos en el país, todo estaba cerrado (…) Pero a 1.000 muertos todo está abierto”, critica Nauman Ul Haq, profesor de salud pública, para quien las autoridades tienen “la responsabilidad de hacer comprender a la población que esto es grave”, pero que “no hacen nada”.

(AFP)

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