Un melodrama social llamado TLCAN

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El Tratado de Libre Comercio de América del Norte, por sus siglas TLCAN, es actualmente uno de los acuerdos comerciales más rentables e importantes del mundo. Éste creó una de las zonas de intercambio comercial más grandes del orbe albergando alrededor de 482 millones de habitantes, equivalente al 7% de la población mundial, y generando transacciones que equivalen al 16% del comercio global.

Con la entrada de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América, el acuerdo trilateral existente entre esta nación, Canadá y México fue sometido a una renegociación bajo el argumento de que dicho tratado solo le era benéfico a los mexicanos y era desigual en términos de ganancias, acompañando su reclamo con ataques al gobierno mexicano a quien amenazó con su salida.

Ante el “catastrófico” escenario, la respuesta de México frente a las insensateces del vecino del norte ha sido vergonzosa. En la renegociación del TLCAN, nuestro país se ha visto por demás tibio, la diplomacia y los buenos oficios han brillado por su ausencia al confundirse con servilismo, y el miedo del gobierno en turno a distanciarse de la economía yanqui ha generado una sensación de incertidumbre general sobre el rumbo del tratado.

En el mundo existen alrededor de 420 tratados comerciales, siendo México el país con más acuerdos celebrados en la materia, teniendo acceso al 60% del PIB mundial. Es decir, si por alguna razón la relación comercial entre México y Estados Unidos llegara a debilitarse, aunque habría repercusiones económicas para nuestro país, este no sería el fin. México podría ampliar y fortalecer su actividad comercial en otras regiones del mundo, tales como Centroamérica y Europa en donde ya cuenta con acuerdos comerciales, o bien, incursionar en mercados emergentes como el de África o Asia.

Sin embargo, por más que los flamantes “Chicago Boys” se encuentren hoy al frente de la economía del país éstos, aunque no están faltos de preparación, si carecen de visión. Tienen por vez primera la posibilidad de ya no depender de los Estados Unidos fortaleciendo la actividad comercial de México en otras regiones del mundo y, aunque el tránsito seguramente no será sencillo, este no es imposible y, a mediano plazo, sería más benéfico para el país.

Por desgracia, nuevamente los funcionarios mexicanos dan muestra de su peor característica, y esa es la mediocridad. La historia nos ha demostrado que los grandes cambios requieren de decisiones temerarias pero firmes, que substituyan la comodidad por el esfuerzo y el espíritu de renovación, ¿o acaso creen que fue fácil para países como Turquía o Japón el reinventarse? Alguien entonces debería presentarles al “club de los tecnócratas” la historia de Atatürk y Mutsohito, ya que no todo en esta vida son números.

Sin embargo, si algo bueno ha traído el melodrama de la renegociación del TLCAN, es que ha puesto bajo escrutinio la situación salarial en México, y tanto Canadá como los Estados Unidos se han pronunciado al respecto.

Por su parte Trudeau, declaró la necesidad de incrementar y mejorar los salarios y condiciones de trabajo en México con el objeto de generar condiciones justas de competencia entre los tres países. De la misma manera, Donald Trump, abogó por un incremento del 400% en los salarios mexicanos, argumentando que las empresas estadounidenses preferían invertir en México debido a los bajos costos de producción (y tiene razón, en verdad se agradece su propuesta, ya que una medida así acabaría con su propia economía, pequeño despiste del güero).

Han sido los sindicatos mexicanos y norteamericanos quienes han puesto sobre la mesa la necesidad de incrementar los salarios desde hace ya varios años, interponiendo diversas quejas ante el Departamento del Trabajo de los Estados Unidos de América por considerar que México viola los estándares laborales del TLCAN. Si bien, igualarlos sin una mejora competitiva no es una medida viable, realizar una mejora salarial integrando mejor las cadenas productivas, si lo es.

Pero ¿cuál ha sido la postura de México al respecto? En resumen, puede decirse que ha esquivado pronunciarse al respecto. Hace tan solo algunos días, el coordinador del Consejo Consultivo Estratégico para las Negociaciones Internacionales del Consejo Coordinador Empresarial, Moisés Kalach, manifestó que el Capítulo Laboral del TLCAN contemplaba únicamente cuestiones relativas a estándares laborales y a los derechos de los trabajadores, pero nada en concreto sobre montos salariales.

Es decir, de nueva cuenta, asegurar una vida digna a la clase trabajadora mexicana no es prioridad para el gobierno. Y no es de sorprender, quizás y la renuencia del Estado Mexicano para ratificar el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas tenga relación al ser un mensaje claro de que no quiere ser cuestionado al respecto, ya que el Pacto Internacional prevé en su artículo séptimo el derecho a un salario equitativo que asegure condiciones de existencia dignas.

Es de celebrar que en los acuerdos comerciales comience a visibilizarse la necesidad de garantizar un salario mínimo digno. Mientras que en Estados Unidos y Canadá el salario mínimo mensual oscila entre $32,800.00 y $38,400.00 pesos, respectivamente, en México, apenas y llega a la ridícula cantidad de $2,650.00 pesos al mes. En verdad indignante.

Casos como el de los jornaleros de San Quintín en Baja California, son evidencia de que, en México, condiciones equiparables a la esclavitud se ven opacadas por el libre mercado. No se trata de satanizar a éste, ya que la libre competencia económica también tiene grandes virtudes, solo se trata de lograr un justo medio entre la competencia y la dignidad laboral.

Al final, la ecuación es fácil. Los trabajadores bien pagados, generan un empresariado próspero y competitivo. Si México quiere convertirse en potencia económica, necesita solo dos cosas: empoderar a la clase trabajadora y dignificar a sus profesionistas, porque lo hecho en México, está bien hecho.

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Adalberto Méndez López. Country Representative para México de la Organización Internacional Justice Travel, LLC., Director Ejecutivo del Centro Iberoamericano de Formación en Derecho Internacional y Derechos Humanos, A.C. (CIFODIDH) Y Consejero Académico del Instituto de Investigación y Estudios en Cultura de Derechos Humanos, A.C. (CULTURADH); Catedático de la Universidad Iberoamericana y del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM); Profesor visitante de la SUNY University at Buffalo (E.U.A) y del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (OEA); Twitter: @ADALSAMMA; E-Mail [email protected]