Me huele a mucha irresponsabilidad

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En honor a la verdad, al menos para mí, la renuncia de Raúl Cervantes a la Procuraduría General de la República, ni era esperada ni tiene una explicación política realmente clara.

Esta renuncia, al menos por dos cuestiones muy importantes, más bien parece un acto de enorme irresponsabilidad. Primero, por los casos penales de funcionarios públicos que están en curso y por los que supuestamente vienen en lo inmediato; y, segundo, por la situación que guardan en este momento el diseño y construcción de la Fiscalía General.

Por una parte, con la captura, orden de aprensión y sujeción de los ex Gobernadores no termina el trabajo de la Procuraduría, el Fiscal como tal es responsable de sostener su caso hasta la resolución definitiva de un juez.

Además, como el propio Cervantes dijo en el momento de su renuncia, están por presentarse las acusaciones a los responsables de Odebrecht, que se supone incluyen a Emilio Lozoya y, también han filtrado a los medios que ya también está elaborada la acusación al menos para uno de los implicados en “La Estafa Maestra”, Emilio Cebada, Oficial Mayor de SEDESOL con Rosario Robles por las transferencias ilegales entre esa Secretaría y las Universidades.

Dejar estas responsabilidades a medio camino, so pretexto de no “estorbar” las tareas de las Cámaras, con todo respeto, no hace sentido.

Pero, por otro lado, es sabido que al abogado Raúl Cervantes le gusta estudiar y que dedicó buena parte del tiempo que estuvo al frente de la Procuraduría a investigar la situación real y las líneas de reforma necesarias para reconstruir la institución que encabezó durante un año. De hecho, renunció ante la Junta de Coordinación Política del Senado en una reunión convocada falsamente con el pretexto de presentar resultados de estas investigaciones.

Ya en febrero de este año, había presentado también en el Senado, el documento intitulado “Hacia un nuevo modelo de procuración de justicia. Diagnóstico y Plan de trabajo”. Este diagnóstico es demoledor, demuestra fehacientemente que, por sus normas internas, por la organización establecida en sus procesos, por el capital humano con el que cuenta, por tecnología y la información de que dispone, hace tiempo que la “arquitectura” de la PGR “no es idónea” para la realidad del país.

Tras el diagnóstico, definió un plan de trabajo plausible que incluía lo que hay que hacer para construir una Fiscalía General que funcione con eficacia y un Ministerio Público realmente autónomo con respecto a la Presidencia de la República.

En este aspecto, desde mi punto de vista, dado que ya estaba políticamente quemado para ser Fiscal General, estaba en una posición ideal para aprovechar estas investigaciones y contribuir al diseño y construcción de esta nueva institución. Pero, prefirió irse.

Tanto por los casos en curso, como por el plan de trabajo a realizar, que él mismo se había trazado, la renuncia de Raúl Cervantes parece un acto de enorme irresponsabilidad y deja muchas incógnitas.

¿Su compromiso con el servicio público es tan falso que ya no quiere “que lo agarren de tapete” y prefiere manejar cómodamente su Ferrari, no pagar tenencia sin sufrir el escrutinio de la opinión pública?

¿Él y Peña ya no estuvieron de acuerdo en cómo desahogar los procesos penales de sus amigos o compañeros de ruta?

Por lo pronto, lo cierto es que Peña Nieto ya decidió patear el bote y posponer lo relativo al Fiscal y la Fiscalía General.

Total, si no se pueden mejorar las condiciones para “cumplir y hacer cumplir la Constitución y la ley” qué importa, al fin y al cabo, esto también “pasa en otras partes del Mundo” y ellos muy pronto ya se van.

Nacho Marván

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@Marvan51

 

 

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