Más sociedad, menos gobierno

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El pasado 24 de mayo el director de cine mexicano Guillermo del Toro, volvió a convertirse en trending topic al publicar en su cuenta de Twitter, su disposición para apoyar al equipo mexicano de estudiantes de primaria y secundaria que busca acudir a la Olimpiada Internacional de Matemáticas a celebrarse próximamente en Sudáfrica, para representar a México.

Del Toro ofreció pagar los pasajes aéreos de doce miembros del equipo. Ello, ante la reducción del presupuesto destinado al proyecto por parte del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), organismo del gobierno federal.

La reacción en las redes sociales no se hizo esperar. Los internautas aplaudieron de inmediato el gesto del laureado director mexicano y pocas horas después, se conoció que el grupo cervecero Modelo ofreció pagar a su vez parte de los costos de hospedaje del mismo equipo de competidores.

Muchos particulares a su vez, ofrecieron aportar donativos a fin de que los estudiantes mexicanos puedan realizar el viaje y participar en la competencia, en la que, en ediciones anteriores los representantes  de México han conseguido muy buenos lugares.

El nuevo gobierno mexicano, bajo la bandera de la “austeridad republicana”, ha disminuido o de plano cancelado recursos presupuestarios en prácticamente todas las áreas. Han desaparecido organismos para la promoción turística y la inversión extranjera y para el emprendimiento empresarial. El presupuesto para becas en el extranjero también cayó drásticamente y se han cancelado muchas plazas y empleos en prácticamente todas las dependencias oficiales.

El nuevo régimen ha reorientado el gasto hacia lo que considera otras prioridades, especialmente para hacer frente a las promesas de campaña del presidente López Obrador en materia de apoyos económicos para grupos vulnerables y para la construcción de proyectos que considera emblemáticos como el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya.

Lo anterior ha generado descontento y descontrol en muchos sectores sociales que cuestionan las nuevas políticas, pero el gobierno argumenta que mucho de ese dinero era robado por los funcionarios de los anteriores sexenios y que la nuevas disposiciones obedecen a la implacable lucha que en el actual, se ha emprendido contra la corrupción.

Ningún ciudadano podría estar en contra de la intención de acabar con las prácticas corruptas que durante décadas asolaron a nuestra sociedad y que por desgracia se volvieron comunes en todos los órdenes y niveles de gobierno, sin embargo, muchos dudan que el cerrar tan abruptamente la llave de los flujos financieros a labores y organismos que demostraron su utilidad e importancia a lo largo del tiempo, sea la mejor solución contra el cochupo, el influyentismo, el peculado, la mordida y demás lindezas que conocemos.

Ante el viraje tan importante en el manejo de las políticas públicas antes mencionadas muchos han sentido una amenaza, sin embargo, considero que en ello podríamos más bien, ver  el surgimiento de nuevas oportunidades.

El denominado principio de subsidiariedad, en el que se basa, por poner un ejemplo la organización de la Unión Europea, señala que la labor del gobierno debe estar fundamentalmente ahí donde es más necesaria y en aquellas actividades en las que la sociedad civil libremente organizada no puede satisfacer sus propias necesidades.

Desde luego la doctrina sobre Teoría del Estado establece claramente como funciones inalienables e irrenunciables de todo Gobierno el vigilar el cumplimiento de las leyes, la procuración de justicia, el garantizar la seguridad de los habitantes de su territorio y la salvaguarda de sus fronteras, entre otras.

Sin embargo el Estado debe permitir que los ciudadanos actúen por su propia cuenta, resuelvan sus problemas y enfrenten sus retos apoyándolos en la medida en que los recursos de los particulares se vean limitados.

El Estado, empresario todopoderoso y omnipresente ha probado ser un modelo fracasado desde la caída de la Unión Soviética y, en la mayoría de los regímenes que aún conservan el viejo modelo comunista como es China, ha sido la apertura económica y el reconocimiento a la libertad empresarial lo que ha impulsado sus economías permitiéndoles salir del oscurantismo y el subdesarrollo.

De ahí que, ante la nueva realidad política y económica, en cada hueco que el gobierno deje abierto podamos ser los ciudadanos organizados  quienes cubramos esas necesidades, sin por ello dejar de exigir a la autoridad que cumpla con sus obligaciones fundamentales pues para ello recaudan nuestras contribuciones e impuestos.

Así pues, siguiendo el ejemplo de Guillermo del Toro y de tantos otros mexicanos comprometidos actuemos en consecuencia. Más sociedad y menos Estado, ese es el camino por el que deberemos transitar.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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