Más allá del etiquetado en alimentos

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La obesidad y otros padecimientos que van de la mano con ésta, como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares se ubican sin duda entre los principales problemas de salud pública en México. Niños y adultos gordos pero mal alimentados se cuentan, por desgracia, cada vez en mayor número y en todos los estratos  socioeconómicos. El origen principal de este problema es fundamentalmente la pobreza que todavía padecen millones de mexicanos. Aunado a ello se suman el desconocimiento y la falta de una adecuada educación nutricional tanto en el hogar como en las escuelas así como la ausencia de campañas de información sobre una adecuada alimentación.

En este sentido está por aprobarse en el Congreso de la Unión una modificación a la Ley General de Salud que obligaría a quienes las producen y comercializan a incluir con caracteres claramente visibles en el etiquetado de cualquier producto alimenticio que se venda empacado, si éste contiene un alto nivel de azúcares, grasas, carbohidratos, sodio etc., así como el porcentaje de cada ingrediente en relación con la ingesta diaria recomendada. Se pretende, según se ha informado, seguir el modelo chileno de etiquetado el cual parece haber probado ser un mecanismo eficiente de información para los consumidores a fin de que puedan contar con datos que les permitan elegir de mejor manera lo que consumen y puedan orientar, sobre todo a los más jóvenes, sobre el contenido nutricional de cada producto.

En principio la idea es positiva. Muchos consumidores no sabemos con certeza cuál es el beneficio y cuál el daño potencial que puede representar para nuestro organismo y por ende para nuestra salud, el consumo de tal o cual producto, pero el problema de la mala nutrición y de los daños a la salud va mucho más allá del etiquetado en los alimentos que ya se venden empacados. Si a las autoridades y organizaciones civiles que se han ocupado del tema realmente les preocupa la salud de la población, el alcance de la información debe extenderse a otros ámbitos y a otros productos.

Las campañas de comunicación a través de medios impresos y electrónicos deberían hacer saber a la población cuantas calorías y azúcares contienen los refrescos embotellados que tanto consume nuestro pueblo como parte de su dieta diaria, pero también todo aquello que coloquialmente conocemos como vitamina t” (tacos, tortas, tostadas, tamales, tlayudas, etc.), el atole que acompaña a las cotidianas guajolotas, nuestros indispensables frijoles y el contenido de colesterol de una orden de quesadillas, de carnitas, de pancita, de suadero y de muchas otras de las grandes delicias de nuestra gastronomía, que por lo demás, es riquísima. Dicha información debería estar contenida también en los menús de todos los establecimientos que expenden alimentos, como ocurre en otros países, junto con datos sobre el potencial riesgo de alergias.

Habría quien diga, y con razón, que, en muchos casos, quizás la mayoría de la gente, no es una cuestión de elección sino de necesidad, de ahí que comenzara este texto hablando del problema de la pobreza, pero si nos acostumbramos a mantener informada a la población sobre los beneficios de una alimentación balanceada y de la práctica de actividades físicas, con el paso del tiempo las nuevas generaciones aprenderán a comer mejor, a moverse más y crecerán más sanas.

En el mismo contexto, sería muy recomendable que así como nos hemos acostumbrado a los mensajes y a las fotografías cada vez más explícitas y por demás desagradables e impresionantes que se imprimen en todos los productos del tabaco, lo mismo se hiciera con cualquier producto que contenga alcohol.

No se trata de buscar nuevos chivos expiatorios ni de satanizar a nadie, pero si realmente nos interesa la salud y la seguridad de la población, las etiquetas de toda clase de vinos y licores deberían contener información más allá del simple, discreto y casi invisible enunciado de que el abuso en su consumo es nocivo para la misma.

¿Estamos realmente conscientes de las miles de muertes que la ingesta de cerveza, vinos y licores produce cada año entre accidentes, intoxicaciones y enfermedades como el alcoholismo y la cirrosis hepática? El alcohol, si bien aceptado socialmente en la mayoría de las culturas, es potencialmente adictivo y dañino para la salud. Así de claro.

Desde luego la idea seguramente no le caerá bien a quienes producen y comercian con estos productos, pero tal como sucedió con el tabaco, la población tendría información objetiva a la mano y cada quien seguiría siendo responsable y libre de tomar sus propias decisiones en cuanto a su consumo.

El etiquetado de alimentos es un buen principio, pero hace falta mucho más contenido educativo en los planes de estudio escolares sobre estos temas y mucha más información y comunicación públicas sobre estas cuestiones en un espectro mucho más amplio. No estaría de más correr la voz e iniciar una campaña ciudadana en este sentido.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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