Más allá del 9 de marzo

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La reivindicación de los derechos de las mujeres y el pleno reconocimiento a su igualdad jurídica con los varones, ha sido una lucha de siglos. La forma de organización patriarcal que por mucho tiempo pretendió poner a la mujer en un segundo plano ha sido superada por fortuna en la mayor parte de los cuerpos legislativos del concierto de las naciones, cuando menos en lo que denominamos el mundo occidental. Persisten sin embargo rezagos en este sentido principalmente en las regiones con predominio e influencia del Islam. Pero no solo allí, también en muchos otros lugares, México incluido, en donde muchos usos y costumbres, que debieran haber sido superados, siguen a un nivel de retraso que pareciera ajeno a la realidad del siglo XXI y a la justicia y equidad que a ello corresponde.

Es así que con independencia de lo que señalen los textos legales, incluso aquellos considerados de vanguardia, la realidad dista mucho de los mismos. Muchos vicios enquistados en nuestra sociedad, que siguen haciendo de las mujeres objeto de burla, acoso, sometimiento y violencia que con frecuencia termina en la muerte de las víctimas, siguen estando presentes. El sistema de procuración de justicia es lento e ineficaz e ineficiente, cuando no cómplice o encubridor de los victimarios.

En nuestro país, el machismo sigue teniendo carta de naturalización. En muchas regiones, pueblos y ciudades, el hombre, dada en primer lugar la fuerza física que comúnmente le da ventaja sobre las mujeres, pero en ulterior término, porque así es mal educado desde niño, cree que puede maltratar y vejar a las mujeres, comenzando por las de su propia familia, siguiendo por su pareja, sus compañeras de escuela o de trabajo, sus empleadas y cualesquier otras que se crucen en su camino.

La falta de respeto hacia ellas, pareciera en ocasiones que por ser común, podría verse también como algo normal y aceptable, subsistiendo muchas comunidades y familias donde esta situación es todavía vista como parte de una realidad monolítica y cultural.

Sin embargo y para bien todo tiene un límite, y en la actualidad vivimos tiempos en los que por fin las mujeres en lo personal o en colectivos organizados exigen con justicia que esta situación cambie radicalmente.

Las formas de expresar su inconformidad y de materializar sus protestas, son en realidad lo menos importante. Cualquier manifestación en tal sentido es plenamente entendible y por demás justificada. El “¡ya basta!”, es una exigencia cuya respuesta y resultados son inaplazables. Miles de mujeres mueren cada año víctimas de la violencia y muchas más son acosadas, vejadas, golpeadas y violadas en la enorme mayoría de los casos de forma impune. La seguridad y la vida de cualquiera de ellas son desde luego mucho más importantes que cualquier monumento, puerta o pared pintarrajeada.

La violencia hacia la mujer ya sea física o psicológica no distingue condición social o económica, tampoco grupo étnico, raza o edad. Se debe y se tiene que detener.

Un grupo de mujeres originarias de Veracruz llamado Brujas del Mar”, ha convocado a un paro nacional para el próximo lunes 9 de marzo bajo la consigna #undíasinmujeres. La idea es que ellas se mantengan alejadas de sus actividades cotidianas a fin de que se considere y se valore la importancia fundamental de su presencia y se reconozca la dignidad e inviolabilidad de su persona.

La propuesta se ha tornado viral y cada vez son más las personalidades, organizaciones, grupos e instituciones tanto del sector público como del privado que se suman a la misma a pesar de que se ha pretendido politizar el tema, cuando en realidad se trata de una iniciativa ciudadana sin distinción de ideologías o partidismos.

En lo personal me solidarizo con el movimiento aunque por desgracia y de antemano sepamos que después del paro las cosas no van a cambiar como por arte de magia. Sin embargo el hecho en sí mismo, de que miles de mujeres se ausenten de sus lugares de estudio o trabajo y tanto gobierno como sociedad palpen la importancia de su labor y de su presencia, pueda marcar un hito que ayude a la reflexión y al replanteamiento de las políticas públicas orientadas a la protección y seguridad de las mujeres, así como de las conductas privadas negativas que por desgracia aún surgen con frecuencia desde el seno familiar y se replican en las escuelas y centros de empleo así como en la calle y en los medios de transporte.

No es un tema que pueda resolverse únicamente endureciendo las penas y sanciones contra quienes abusan de las mujeres. Es una cuestión de principios éticos y de hacer valer y vivir los valores que nos enaltecen como sociedad. Los buenos hombres y mujeres, somos sin duda más y buscamos vivir en una sociedad segura para todos. El ejemplo debe partir de nosotros mismos y en este caso, en el ser intolerantes ante cualquier forma de abuso hacia el género femenino.

Más allá del 9 de marzo, es de esperarse, partiendo de nosotros mismos, un cambio de paradigma en nuestra conciencia y actitud hacia las mujeres.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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